miércoles, mayo 24, 2017

SECUNDA, (TRANSVAAL)



Transvaal, una tarde cualquiera de verano del año 1981.

 El Sol está recostándose en el lecho del horizonte, hacia el noroeste, observando desde un cielo de plata la figura del enorme complejo petroquímico de Sasol, con sus altas chimeneas vomitando humo y vapores sin descanso.

Curiosamente, a las doce del día en Sudáfrica el Sol lo vemos a nuestra espalda, casi encima de nosotros tirando hacia el Norte, según las estaciones, y no como en España, donde lo vemos a esa hora situado al Sur.
  
Secunda está situada a 150 kms de Johannesbourg, en medio de una extensa planicie ocupada por granjas diseminadas aquí y allá, dedicadas a la crianza de avestruces y de ganado vacuno, o a la siembra de ananás y otros frutos tropicales. Mientras la vida transcurre apaciblemente en la superficie, a miles de metros de profundidad rugen las máquinas extractoras del abundante carbón que esconden sus entrañas.

Esa tarde, como muchas otras, yo  iba caminando por la carretera que va desde la refinería de Sasol a Secunda, acompañado de mi amigo Pascasio, natural de Zamora. Nos dirigíamos a la Taberna, de estilo inglés, ubicada en el Centro Comercial Holliday, para bebernos unas copas lejos del complejo industrial.

A mitad de camino aparece un poblado formado por medio centenar de chabolas construidas con ramas, uralitas o tableros desvencijados. Son las viviendas de los obreros negros que, tratados como esclavos, realizan las pesadas labores de las haciendas. No se les permite beber alcohol, viven rodeados de basuras, y las latas aplastadas de Coca Cola se amontonan por todas partes. Las zanjas laterales del camino que conduce al poblado se han convertido en arroyuelos de orinas y excrementos. Los domingos, los vecinos se visten con sus mejores ropas, se reúnen en grupos y se sientan en la hierba junto a la carretera, donde permanecen durante horas bebiendo refrescos y fumando marihuana.

El domingo anterior, al medio día, Pascasio y yo entramos en el poblado. Al llegar a las primeras chabolas sus habitantes salieron a nuestro encuentro, nos escupieron y nos injuriaron en una de sus docenas de lenguas tribales. Asustados, llamamos a gritos a Ngbaka, uno de nuestros peones, que nos había invitado a ir allí para presentarnos a su familia y a la última de sus hijas, una niña recién nacida.
 Cuando él apareció les dijo algo a sus vecinos en un lenguaje desconocido por nosotros, que sólo entendíamos algo de Inglés y Francés, además del Castellano. Todos se alejaron de pronto, inclinando sus cabezas en señal de respeto.

Entramos en su casa, una construcción de apenas quince metros cuadrados, cuyos muros eran de cartones, planchas de madera y techos de Uralita resquebrajada, que vertía en el suelo gota a gota el rocío acumulado de la noche. Su esposa, una mujer bantú, gruesa y de mirada triste, cubría su rapada cabeza con un pañuelo a modo de turbante. Según él, la mujer tenía menos de treinta años, pero aparentaba pasar de los cincuenta. En ese momento se hallaba dando de mamar a su pequeña. Tenían tres hijas más, pero no estaban con ellos: habían ido a visitar a la abuela a otro asentamiento.

 Mi compañero llegó a entenderse con ellos en inglés, y el hombre le entregó una caja de detergente llena de hierba seca y apretada a cambio de un par de cervezas que habíamos comprado para el camino.

Eso sucedió el domingo anterior;  ahora Pascasio y yo recorríamos a pie cinco kilómetros que separaban nuestra vivienda de la Taberna de Secunda. Cuando llegamos, nos encontramos sentados a una mesa en el interior de la sala a nuestro jefe, Michael, y tres o cuatro sudafricanos empleados de la refinería, que se habían bebido ya media docena de cervezas cada uno mientras escuchaban a un grupo musical que interpretaba en ese momento la canción The Boxer, de Simon and Gardfunkel. Y cuando, tras varios minutos de conversación sobre temas generales y nuestros futuros proyectos en España, les contamos nuestra anterior experiencia en el poblado bantú, vimos cómo se les cambiaba el rostro, enrojeciendo por la ira, y todos se abalanzaron contra nosotros, insultándonos, y nos zarandearon y nos echaron a la calle como a perros, pues, según ellos, "quienes ayudan a los perros, deben irse a vivir con ellos."
 Y ya que estaban animados la emprendieron a patadas y puñetazos con un negro que estaba tranquilamente  sentado en un banco ubicado enfrente de la taberna.

Al día siguiente, Michael, un escocés al que la empresa Texas Petroleum Company había contratado como Jefe de Obra, nos llamó a su oficina y nos advirtió de que estaba prohibido confraternizar con los nativos, y que de seguir así, hablando con ellos y ofreciéndoles alcohol, acabaríamos en  la cárcel.

Una pregunta me asaltaba cada uno de los días que viví en aquel lugar: Si las relaciones íntimas entre blancos y negros estaban prohibidas y castigadas con la cárcel, ¿por qué existían tantos mulatos en Sudáfrica?
Así vivían entonces, y ansiaban la independencia y la llegada de la Democracia, que los haría libres.





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martes, mayo 23, 2017

EL ENCUENTRO




El viento de Levante soplaba con fuerza azotando las palmeras, que movían sus ramas agitadas como brazos pidiendo auxilio. Los chopos y jacarandas de la plaza se doblaban ante el ímpetu del viento y  algunas de sus ramas caían sobre los coches aparcados junto a la acera.
No apetecía salir a la calle por nada del mundo.  Cuando saqué a Tomy a las once no podía avanzar, el viento me frenaba y el polvo se me introducía en los ojos a pesar de las gafas.
 Estaba comiendo cuando recibí un wassap de una amiga  de Málaga avisándome de que estaba en Chipiona. Había venido en excursión con una asociación de mayores de su barrio. Me dijo que luego vendrían a El Puerto para comer.
Era la oportunidad de conocernos en persona tras casi dos años de comunicarnos virtualmente por Facebok. La llamé por teléfono:
— ¿Y dónde vais a comer?
— En un sitio llamado Romerijo
—  Hay dos Romerijos, uno en el centro histórico y otro en la carretera. ¿En cual de los dos?
 Al cabo de un minuto de silencio:
— Dice el chófer que en la carretera, donde aparcan los autobuses.
 Y allá me fui con mi coche, esquivando plásticos y ramas  secas que se empeñaba en arrancar el viento de las  palmeras que jalonaban la autovía.

La cosa empezó mal: dando marcha atrás para aparcar sin tener que dar la vuelta a la manzana no advertí un mojón de esos de hierro que ponen ahora en las aceras para que no se suban los coches, y al besarlo me paró el coche en seco.
Me bajé: nada roto ni abollado, solo vi un rodal negro de unos cinco centímetros de diámetro, causado por la pintura que había saltado del parachoques. Pero maldije a todos los santos del calendario. Una vocecita encima de las cejas me decía: "Tranquilo Juan, no es nada, todo acabará bien".
Y entré en el restaurante guardándome mi odio a los mojones de todas clases.
 Di una vuelta para  ver si reconocía a mi amiga entre el numeroso grupo de comensales que ocupaba la terraza cubierta. No estaba.
 Me acomodé en la barra y pedí una caña de cerveza. Cuando me la sirve el camarero le  pregunto:
— Perdone, había quedado aquí con una persona que viene en una excursión de Málaga...
— Sí, todavía no han llegado. Tienen reservado el comedor de la derecha.
— Vale, muchas gracias.

Y me bebí tranquilamente la cerveza sin dejar de mirar a la puerta de entrada. De vez en cuando un ramalazo de viento levantaba arena y polvo del parking de los Cines Bahía Mar, situados justo al lado, y aparecía una densa niebla color tierra por donde comenzaron a aparecer siluetas amorfas  intentado atravesar la calle para refugiarse en el restaurante. Una tras otra, las fantasmagóricas figuras, tras sacudirse en el porche la arena del cabello, el rostro y los hombros, fueron atravesando la puerta de apertura automática. El comedor estaba ya casi lleno y mi amiga no aparecía.
Al cabo de cinco minutos, cuando yo  dudaba si quedarme un rato más o regresar a casa, creí ver algo en medio de  la nube de  polvo que pasaba en ese momento ante la puerta. Era una silueta alta y otra bajita. Me fijé bien achinando los ojos, que es como dicen que se ve mejor, y el camarero me miró raro. Intuyo que se preguntaba si yo estaba intentado retener gases o me dolía el estómago.

Al fin apareció la pareja ante la puerta. Caminaban muy lentamente. Parecían dos sardinas harinadas prestas para freír.
No podía verles la cara. Me acordé de Lot convertida en estatua de sal. Pensé en darles un golpe con una escoba para quitarles la arena, pero me retuve:  Si se trataba de mi amiga,  no le iba causar muy  buena impresión que la recibiera a escobazos, así que me acerqué a ellas y las zarandeé, cayendo de golpe un montón de arena  en el suelo.
Era mi amiga.
La señora mayor venía aferrada a su brazo cual figura de porcelana de Lladó, motivo por el cual intuyo que habían llegado las últimas.
Mi amiga lloraba, yo me emocioné también.
— ¡Qué alegría verte, chiquilla!
— Tengo cuarto y mitad de arena en cada ojo— me dijo.

¡Qué chasco! Yo creí que lloraba  por la alegría de verme en persona tras largos y numerosos meses de estudiarme en fotos en mi muro de Facebok; pero no era por eso, ¡me caguentóloquesemenea!

 Nos saludamos e intercambiamos un par de besos. El viento se había llevado su perfume, si es que se lo había puesto. Olía a ella, a lo que huelen todas las mujeres bonitas sin perfume y sutilmente maquilladas con arena.

 Ella ocupó su sitio en el comedor, yo  le pedí permiso  al  maître y me senté a su lado para hablar un rato de todo: la familia, el tiempo, los amigos, la comida...
 Mientras ella comía yo pedí una cerveza fresquita.
Por cierto, había gente descontenta porque  el menú contratado incluía  una mariscada y lo que tenían delante no lo era: Un entrante de ensaladilla rusa, un plato de gambas frescas de Pontevedra, otro plato de pescado frito compuesto por  boquerones, merluza y calamares.
Al parecer, en Chipiona  la habían llevado a visitar la Virgen de Regla, la tumba de Rocío Jurado y poco más: el día no acompañaba.
Después de comer tenían prevista una visita guiada al Castillo de San Marcos. Yo me despedí de ella en la puerta y regresé a mi casa.
Fue un rato muy agradable, y sobre todo un enorme  placer el conocerla en persona, sentir su piel suave y natural, escuchar su voz, sus risas, y admirar sus ojos rebosantes de vida. Obviamente no  hice ninguna foto, no quiero perder su amistad.


SI NO LO DIGO, LO GRITARÍAN LAS PIEDRAS

El sangriento y abominable atentado de Manchester, con 19 muertos, la mayoría niños, y más de cincuenta heridos ha eclipsado la publicidad que buscaban internacionalmente el presidente de la Generalitat y sus adláteres en Madrid, de la que se hacen eco hoy los periódicos y las emisoras españolas.
Los atentados terroristas, por la imprevisible fecha y lugar en que se van a cometer, son lo mas temido y difícil de evitar para las fuerzas de seguridad de los estados libres. Provocan numerosas muertes y mucho sufrimiento y, seguramente muy pronto, una respuesta desproporcionada del país atacado en el país de origen de los terroristas.
La otra noticia es esta:
Los separatistas llegan a Madrid echando cojones. Piden diálogo, pero avisan de que el referéndum se celebrará sí o sí, y que si el Gobierno se lo impide, la cámara de la Generalitat declarará unilateralmente la independencia.

Dicen que el Hombre es el único ser que tropieza dos o más veces con la misma piedra, y esta gente no se ha leído la Historia del primer tercio del siglo pasado. Aquí, a apenas quinientos metros, se expone al público la celda en que estuvieron presos los cabecillas separatistas de los años treinta. Lo peor es la sangre inocente que se derrama en estos casos, pues ellos seguramente abandonarán a sus seguidores ante el Ejército, cogerán el dinero y cruzarán la frontera como hizo Tarradellas y compañía, que vivieron lujosamente en el exilio durante cuarenta años. Y después, al cabo de los años, regresarán triunfalmente diciendo "Ja estic aquí", y les darán una paga vitalicia a ellos y a sus esposas.
No me lo invento yo, es la puta Historia que queda escrita para prevenir a los incautos.
Por mí se pueden ir ya, hace años que no los quiero como españoles. Concretamente desde que Guardiola y Piqué comenzaron a dar sus conferencias de prensa en catalán, mostrando una total falta de respeto a los cientos de miles de seguidores de todos los pueblos de España.
Desde entonces celebro la Navidad con cava extremeño y valenciano.
Los embutidos de Casademón y Tarradellas han sido reemplazados por productos andaluces, extremeños y salmantinos. Hoy he comprado unos salchichones y fuets deliciosos, marca Rolongo, procedentes del matadero de la Estación de Cártama, Málaga. El coche que tengo ahora ya no es un SEAT como los dos anteriores, sino un FIAT. Ahora me cuido mucho de mirar el origen de los productos antes de comprarlo. ¡Que se vayan! Lo único que hacen es pedir. Pedir y pedir dinero e inversiones al Gobierno, e insultar al pueblo andaluz, que es el que los ha enriquecido, y donde ahora ha nacido otra organización separatista andaluza, ANA, mil quinientos gilipollas que dicen representar a los ocho millones de andaluces. A mí desde luego no. Yo soy español, andaluz, y algareño, por ese orden
La Asamblea Nacional Andaluza, la plataforma soberanista que defende la creación de una República Andaluza, anduvo de tour por Catalunya la semana pasada.Su presidente, Pedro Ignacio Altamirano...
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domingo, mayo 21, 2017

ELEGIR ENTRE DOS IGUALES

"En el poder las puñaladas nunca

llegan de frente, siempre por la espalda y con un abrazo."
Carlos Ruiz Zafón

Se supone que cuando los ciudadanos elegimos a los políticos para que nos gobiernen esperamos que se dediquen a resolver nuestros problemas; para eso les pagamos.

Pero desde hace dos años asistimos a una lucha por el poder en el PSOE entre candidatos a la presidencia del Gobierno, un asunto particular y de partidos, que nosotros no deberíamos costear sino ellos.

Por otra parte, el Gobierno lleva muchos más años intentando anular la acción de la Justicia para limpiar su partido de la mierda que lo ahoga, utilizando como propias instituciones públicas y supuestamente independientes como son la Fiscalía del Estado y el Consejo del Poder Judicial, para conseguir sentencias escandalosas, y descalificar o trasladar a los jueces estrellas que llevan desde hace años las investigaciones.

Y eso ocurre en España porque los españoles somos todo lo contrario de lo que presumimos: mucho orgullo, mucha hombría, pero nos la meten doblada por el culo. Aquí cabe todo, incluso que sigamos votando a los más corruptos.
Mientras tanto la lucha sigue. Ayer, según dice la prensa, Susana Díaz y Pedro Sánchez cada uno en su mitin, y separados por una distancia de dos kilómetros, predicaban la unidad del partido. Siempre que el que pierda se someta al otro, por supuesto.
Ayer Susana afirmaba en Sevilla :"De Alfonso Guerra aprendí que primero está el país y después el partido", y frente al ex vicepresidente ha dicho que él ha sido quien creó el PSOE moderno.
Y es cierto: él consintió, desde la llegada del Partido Socialista al poder, que su hermano disfrutara de un despacho en la Junta de Andalucía para enriquecerse con el tráfico de influencias, inaugurando la era de la corrupción.

Y digo yo: ¿Qué diferencia de sabor existe entre un flan de vainilla de Mercadona y otro de Carrefour?

Ninguna. Solo difieren en la marca y quizá en el precio que nos cuesta.
¿Qué diferencia existe entre los yogures y los barones políticos?
En que los yogures caducan y los políticos esos siguen a la venta en el escaparate a pesar de que huelan a podrido.
Hace falta una limpieza y renovación a fondo

Los dos máximos aspirantes a liderar el PSOE miden sus fuerzas en sendos mítines casi a la misma hora y separados por apenas 2.000 metros a orillas del Guadalquivir
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miércoles, mayo 17, 2017

¡AYNSSS, QUÉ DOLOR DE ESPAÑOLANDIA!


Es tal la presión de los medios ante la  ineficacia de la Justicia en los casos de corrupción que el ministro de Interior ha ordenado a sus agentes buscar exhaustivamente a los delincuentes y obligarles a pagar los daños causados y a devolver en su caso  hasta el último euro de sus actos delictivos.

 A la salida de Madrid para disfrutar del puente del 1º de Mayo, un motorista ebrio toma una curva a gran velocidad, choca contra las vallas de protección de la autopista y pasa por debajo de ella, dejando la cabeza en el asfalto.
La Guardia Civil redacta el siniestro:
" Joven varón, de unos treinta años,  entra a gran velocidad en la curva, a juzgar por las marcas de frenado en el asfalto, y se estrella contra la barrera de protección. Realizado  un análisis de sangre da positivo tanto en el test de alcohol como en el de  droga. El cadáver ha sido denunciado, detenido y trasladado bajo custodia al hospital más cercano  para  la oportuna atención médica".

Dos días después, el ministro reúne a la élite de consejeros que le señala cada día donde tiene  que  firmar como es debido los documentos que le presentan, y ante el atestado del susodicho accidente ordena:
— Este señor ha infringido las normas de circulación, y por tanto debe pagar todos los daños ocasionados en las vallas de protección y los costes de su traslado y servicios prestados por nuestros agentes.
— Señor ministro, parece ser que un muerto ya ha pagado todas sus deudas, pues los herederos no tienen porqué aceptar la herencia. Cosa distinta sería si no hubiera fallecido en el accidente.
—  ¿Y qué dice el forense? ¿ Está realmente muerto?
El más antiguo de los consejeros respondió:
— En el parte dice que hallaron la cabeza en el asfalto y el cuerpo en la cuneta. No sé, creo que murió.
— ¿Están ustedes todos de acuerdo en eso?
Los demás consejeros mueven la cabeza, dubitativos, y luego asienten uno detrás de otro. El ministro se enfada:
— Aquí no vale creer si está o no está. Presenten la denuncia en el Juzgado y que el juez tome declaración al forense y a quien sea. Estos gastos no lo vamos a pagar nosotros.
Semanas más tarde, el médico forense del hospital que recibió al accidentado es citado en los juzgados. El juez le pregunta:
— ¿Realizó usted la autopsia al sujeto que menciona el informe?
 — Sí señor.
— ¿Estaba muerto cuando la llevó a cabo?
— Sí señor.
— ¿Comprobó usted si respiraba?
— ¡Señoría, no era necesario, estaba muerto! 
— ¿Puede usted demostrarlo?
— Señoría, me trajeron la cabeza en una nevera portátil y el cuerpo en una camilla. Tenía un brazo aparte liado en una sábana...
— Responda solo a la pregunta.
— Sí señor. Podré demostrarlo si usted ordena la exhumación del cadáver.
— Sí, claro, jajajaja. Ahora, después de tres semanas enterrado seguro que está muerto, pero... ¿Lo estaba cuando usted le abrió el tórax para examinar y extraer sus vísceras? Piense detenidamente en su respuesta porque puede ser usted acusado de cohecho y denegación de auxilio.
— ¡ JOERRRR!

— Ni joerrrr ni nada. Aquí el que la hace la paga. Órdenes de Rajoy.

Y así están las cosas. Los delincuentes de cuello blanco se libran de la cárcel bajo fianzas mínimas comparadas con el dinero robado, y además no devuelven el dinero pudiendo disfrutarlo al cumplir la condena;  a los demás, nos aplican la Ley a rajatabla



sábado, mayo 13, 2017

REFLEXIÓN






Como la marea baja que descubre las inmundicias y el pestilente fango que oculta el orgulloso río en el estuario, así también ciertas amistades  que sonríen a nuestro paso.

Vivimos en un mundo muy falso donde el lema es sumar, no restar. Y la gente busca la sombra de quien al menos es igual en títulos o bienes, pero mejor si tiene más que aportar. Nadie sienta a un pobre a su mesa. Todos buscan salir en la foto del triunfador agasajado, y, si es posible, cogido de su brazo. Tal vez esperan que  les contagie algún don, o beneficiarse de su prestigio y proximidad para otros fines.

 Lo cierto es que he caminado mucho por este mundo: comencé a dar mis primeros pasos con año y medio y tengo más de setenta: ya debo estar lejos. He visto mucho y variado paisaje: bosques, desiertos, tierra fértil y árida, ríos caudalosos y secos, ciudades y pueblos, urbes y aldeas. De todo he aprendido. Sobre todo de las personas. Algunas, apenas sin conocerme, lo dieron todo por ayudarme; otras, que me llamaban "Su mejor amigo", me utilizaron descaradamente para  sus fines y luego me abandonaron.

Lo que más apesta de los residuos que descubre la marea baja es la hipocresía generalizada y la falsa amistad de quien consideraba amig@, quien de frente te presenta una cara diferente a la que muestra cuando le das la espalda. O de quienes se aprovechan de tu amistad y admiración para usarte en el desarrollo de  sus proyectos,  cual peón de ajedrez en su tablero.


 Cada día que pasa me gusta menos el río. Lo contemplo apoyado en la barandilla mientras intento descubrir  peces nadando bajo la superficie. Ya no me enamoran sus verdosas aguas ni la estela de espuma con que acompaña al catamarán; ni la belleza del cielo, las casas, los barcos amarrados  y las palmeras que reflejan sus aguas... Son sólo eso: reflejos, apariencia; la realidad está en el fondo. 

martes, mayo 02, 2017

PIEL DE LOBO, DE MANUEL PÉREZ RECIO.



He leído la novela " Piel de lobo", de Manuel Pérez Recio.

Ha sido como el que va buscando setas y se encuentra un collar de perlas auténticas entre la hierba.

Comienza con la trillada escena del matrimonio separado que discute sobre el turno de visitas de la hijita, pero unas páginas más adelante recibe una carta que alborota cada célula de su cuerpo:

Se trata del testamento escrito de puño y letra unos días antes por su padre, dado por muerto en la posguerra, 40 años antes.

A partir de ahí, la historia mantiene en vilo al lector, de sorpresa en sorpresa, atrapado en la increíble proeza de un guerrillero de la República, que regresa a España desde su exilio para acabar una misión iniciada y fallida en 1942: asesinar al espía alemán Johannes Bernhard, responsable del bombardeo de Guernica y Valencia así como del abastecimiento de aviones y tanques alemanes al ejército de Franco durante la Guerra Civil.
Me ha gratamente sorprendido Manuel Pérez Recio, de quien leí anteriormente un libro de aventuras en la selva de un país sudamericano que alcanzaría ahora un aprobado justo si lo comparo con esta joya literaria.

Puedo afirmar que es uno de los mejores novelas que he leído en los últimos tres o cuatro años.
La he comprado en formato electrónico y a pesar de haberla ya leído se la compraría para mi biblioteca si la tuviese en papel.

NOTAS DEL AUTOR

Piel de Lobo es una novela de ficción histórica, dado que los actores principales son imaginados y su misión fruto de la inspiración del autor. Pero la mayoría de anécdotas y sucesos que se describen durante la trama están basados o inspirados en hechos reales, tan reales como el contexto histórico y las circunstancias y personajes que justifican el hilo conductor o promueven la acción.

Buena parte de la novela está ambientada en el Madrid de 1978 y una pequeña aldea de Pirineos que pertenece al municipio de Fiscal, en Huesca, a la que cambié el nombre, introduciendo también modificaciones sustanciales en la descripción del paisaje para evitar relaciones inconvenientes o asociaciones indebidas.

Con la esperanza de desentrañar la verdad, o al menos hallar una razón que dignifique los casi cuarenta años de ausencia premeditada de su padre, Daniel se embarcará, en compañía de su hija Ángela, Soledad —una joven maestra de provincias, idealista y soñadora— y Pablo —un viejo maqui, resentido y orgulloso— en un singular viaje en el tiempo que abrirá nuevos y extraños caminos ante ellos, caminos que nunca antes se hubieran atrevido a recorrer... Pero, tras el telón de fondo, se desarrolla una compleja trama de realidades que superan las expectativas de los personajes: relaciones personales, encuentros y desencuentros, amor, amistad, traición, sacrificio... Ingredientes que conforman una historia donde se cruzan los caminos, caminos que conducen hacia corazones muy distintos, pero a la vez muy cercanos entre sí.


sábado, abril 29, 2017

PRESENTACIÓN DE MI NOVELA EN ALGECIRAS


Dicen que a la vejez la persona regresa a la infancia: pierde el cabello, camina torpemente, balbucea en vez de hablar y... se hace sus necesidades encima.

Bueno, yo todavía no soy tan viejo: sé lo que hago, controlo mis esfínteres y, aunque escasea mi cabello, aún no estoy calvo.
Pero sí les puedo decir hoy que el próximo sábado, día 6 de mayo voy a regresar a una ciudad entrañable de la que guardo buenos recuerdos de mi adolescencia y de los últimos años de mi vida laboral: ALGECIRAS


Cuando yo estudiaba en Málaga, al finalizar el curso pasábamos un mes en un campamento situado en la sierra de Cortes de la Frontera. Y una de las actividades del campamento era las "marchas volantes", lo que ahora se llama senderismo, que consistía en dirigirse en fila a algún lugar digno de ver caminando campo a través cargado de mochilas.
Desde el campamento veíamos el mar y el Estrecho.
Una de estas marchas fue a la playa de Algeciras llamada "El Rinconcillo", donde por cierto me picaron la medusas, llamadas aquí "Aguas vivas", y el médico del campamento hubo de pedir ayuda a la Cruz Roja.
Tardamos tres días en hacer los de 80 kilómetros que separaban el campamento de la playa siguiendo el río Guadiaro. El viaje de vuelta lo hicimos en tren.
También recuerdo que cerca de la Estación de Renfe, íbamos en grupo andando por la calle y alguna mujer se acercaba a nosotros, abría el escote y nos enseñaba un manojo de cadenas de oro alemán con medallas o crucifijos. Las vendía a 25 pesetas, el salario de un día de mi padre . Yo compré una y la tuve durante casi veinte años. 
Luego, a principios de los 80 he trabajado en Palmones en la construcción de la central térmica, y venía a veces con compañeros de trabajo a cenar a Algeciras.
Pero desde que construyeron la autovía de Jerez — Los Barrios, cada vez que he viajado a la Costa del Sol, Algeciras se quedaba a un lado y no he pasado por ella.
Los conocimientos geográficos adquiridos en esas largas caminatas por la sierra los usé al escribir mi relato Castillo Viejo y un par de capítulos de "La pista del lobo".
Y es por razones literarias que vuelvo a la capital del Campo de Gibraltar.
El sábado día 6, a las 19,30, Dios mediante, presentaré mi novela "El amargo sabor de la miel" en el Casino de Algeciras.

Estáis tod@s invitad@s.