jueves, septiembre 29, 2016





Anoche fui a ver  "EL HOMBRE DE LAS MIL CARAS"
Una película genial, me ha encantado. La historia del espía Francisco Paesa y el caso Roldán, una película interesantísima interpretada por actores buenísimos, como no había visto nunca en una película española. Y sin necesidad de poner ni un desnudo ni ración de sexo cada cuarto de hora como acostumbran los directores españoles para interesar al espectador.
Os la recomiendo. Engancha desde el principio, y te mantiene atrapado durante las dos horas que dura la sesión. 
Del 1 al diez le pongo un 9



SINOPSIS:
Francisco Paesa (Eduard Fernández), responsable de la operación contra ETA más importante de la historia, se ve envuelto en un caso de extorsión en plena crisis de los GAL y tiene que huir del país. Cuando regresa al cabo de los años, arruinado y en su peor momento, recibe la visita del ex Director General de la Guardia Civil, Luis Roldán (Carlos Santos) y de su mujer, Nieves Fernández (Marta Etura), quienes le ofrecen un millón de dólares por ayudarles a salvar 1.500 millones de pesetas sustraídos al erario público, por lo que tiene en sus manos la oportunidad perfecta para vengarse del gobierno español de la mano de su amigo íntimo Jesús Camoes (José Coronado). Alberto Rodríguez director de 'La isla mínima' y 'Grupo 7' es el encargado de ponerse detrás de las cámaras.

lunes, septiembre 26, 2016

EL CONTRATO DEL SIGLO

Comienza en serio el Curso de Creación Literaria con el ejercicio de hoy: Contar una historia, algo que se nos haya quedado marcado en la memoria.
Durante las dos horas que dura la clase, hemos salido al estrado catorce víctimas del profesor Juan Rincón, quienes con toda naturalidad,  y sin leer nada, hemos contado nuestra experiencia. Algunas historias salen a la luz por primera vez, en primicia para la clase.
Mi relato ha sido " EL CONTRATO DEL SIGLO"





















 Y al llegar a mi casa me esperaba esta deliciosa comida: Salmorejo y tortilla de patatas. Tengo una esposa que vale lo que pesa en oro. ¡Pero no está en venta!


EL CONTRATO DEL SIGLO

 Sucedió en 1980
Yo trabajaba en la CN de Cofrentes, en Valencia, y el contrato estaba a punto de finalizar. La situación laboral en España empeoraba a diario. Con medio millón de parados saltaban las alarmas y se escuchaban ruidos de sables. Fue por aquellos días que llegó un ingeniero gallego al hostal en que nos hospedábamos en Cofrentes y nos ofreció ir a trabajar a Sudáfrica con unas condiciones inmejorables en aquellos años: 350, 000 pesetas ingresadas en nuestra cuenta cada mes, manutención y alojamiento gratis, un mes de vacaciones pagado en España cada seis meses y 17 dólares diarios en mano para tabaco u otros gastos.
No menos de 200  trabajadores de la central nos apuntamos para ir.
                                                                                                                          
Pero...
Siempre hay un pero.
Había que demostrar nuestra capacidad profesional y conseguir el certificado  de homologación de la aseguradora Lloyds Register, sin el cual nadie podía trabajar en aquella gigantesca obra. Era el  mismo certificado que teníamos para trabajar en Cofrentes, pero no valía para Sudáfrica.
Comenzaron los listillos de siempre a vanagloriarse y hundir a los demás:
"La prueba es dificilísima, están rechazando a los mejores profesionales de España. Solo tres o cuatro de nosotros saldremos aprobados por haber trabajado antes en Holanda y EE.UU realizando esos mismos trabajos."
"Hay que hablar ingles o Afrikaans, pues de otro modo no aguantarás  allí y querrás regresar a España. Y tendrás que pagarte el viaje, pues  la empresa te descuenta los viajes ida y vuelta si no cumples el contrato".

Dos meses más tarde, ya en el paro,  dos compañeros valencianos fueron citados a Madrid a hacer la prueba y me ofrecieron de acompañarles en el coche para compartir gastos:
" Como no tienes nada que hacer, vienes y así tu ves qué es lo que exigen y luego decides". Era a principios de diciembre.

 Salimos a las cinco de la  madrugada de Valencia para estar a las diez en el lugar del examen, el Instituto Politécnico Virgen de la Paloma.
El Inspector tenía una lista de las personas citadas y mis compañeros entraron Yo me quedé en la puerta del taller.
Cual no sería mi sorpresa cuando el inspector inglés que examinaba a los soldadores al verme allí esperando me preguntó si quería examinarme. Le dije que sí.
Nos pusieron tres tubos a cada uno en habitaciones separadas para soldarlos siguiendo la normativa que exigían. Mis compañeros se asomaban a ver como yo lo hacía riéndose, completamente seguros de que solo ellos aprobarían.
A  las cuatro de la tarde regresábamos por la N III a Valencia. El resultado no lo sabríamos hasta la semana siguiente, pues habían de radiografiar, y comprobar la dureza, elasticidad y resiliencia de las soldadura que habíamos realizado.
Se nos hizo de noche a mitad de camino. Al pasar por algunos pueblos de ciudad Real, veíamos montones de quesos apilados delante de las fábricas. Decidimos para y coger rápidamente un queso cada uno y salir corriendo. Lo hicimos.
"Estaban muy fríos, normal: están fuera en la calle", pensé.
Cuando habíamos recorrido unos cuantos kms paramos a tomar café en un bar y entonces nos dimos cuenta:
Eran de hormigón, pintados del mismo color que los quesos originales y llevaban su etiqueta y todo.
Nos quedamos pasmados. Luego nos hartamos de reír.
Normal: ¿quien iba a dejar de noche una montaña de queso abandonada en la calle?
A la semana siguiente regresé yo solo en mi SIMCA 1000 a Madrid a recoger el certificado y firmar el contrato. Los otros dos habían fallado el examen.

El día 9 de enero de 1981, subí con 300 trabajadores  más  al avión que nos llevaba a Johannesburgo.


domingo, septiembre 25, 2016

EL CANÓDROMO



No sé si ustedes van al canódromo. Yo iba los sábados y domingos con mi cuñado a uno que había en Massanasa, un pueblecito del extrarradio de Valencia. 

Los galgos permanecen en unas dependencias con sus criadores y educadores hasta que les llega la hora de competir y los sacan, les ponen un chaleco con un número y los colocan en una cabina con rejas  que dan acceso a la pista.  Frente a ellos, las gradas están abarrotadas por un público para el que el galgo no cuenta nada, sólo el número que lleva al costado y por el que han apostado alguna cantidad de dinero.

La pista es elíptica y tiene una longitud aproximada de un campo de fútbol. En el lado interior hay una valla en la que han sujetado un raíl por el cual circula a gran velocidad un artilugio eléctrico forrado con una piel de liebre.

Cuando llega la hora, el Director del canódromo da la señal y se abre la reja. En ese instante los galgos salen a toda velocidad detrás de la falsa liebre, a la que jamás alcanzarán. Cuando dan la vuelta completa al circuito, pasan bajo la línea de llegada, donde una cámara automática va fotografiando  a los galgos a medida que pasan para determinar quienes son los tres primeros y conceder los premios a los apostantes. Cuando todos han pasado bajo la meta, la liebre se detiene y los galgos la alcanzan. Es entonces cuando se percatan del engaño y se miran unos otros con la lengua fuera y jadeantes, pasmados o desencantados, vaya usted a saber, al darse cuenta de que han sido utilizados. Es en ese momento cuando los empleados del canódromo aprovechan para cogerlos y llevarlos a sus respectivas  jaulas. El público ni los mira siquiera, una vez acaba la carrera acuden a las ventanillas a recibir los premios de sus apuestas o a jugar de nuevo en la siguiente  carrera.

Aunque no nos percatemos de ello, nos sucede lo mismo que a los galgos: alguien, en algún punto remoto del Universo, nos asigna al nacer un número, y apuesta por nosotros. Nos coloca con unos cuidadores encargados de educarnos y entrenarnos más o menos bien para competir en la vida. Cuando somos adultos nos situamos en la pista para esforzarnos en alcanzar un determinado objetivo: un negocio propio, una carrera, un puesto de trabajo, una familia, una buena posición económica... Ése será el señuelo que nos incitará a luchar para alcanzar la meta propuesta. 

Al abrirse la puerta de las oportunidades salimos  a toda velocidad detrás de ellas, esperando el premio de la felicidad. Es solamente al acabarse la carrera y analizar el objeto por el cual hemos luchado tanto, que nos quedamos pensando si realmente ha valido la pena.

Los galgos vencedores reciben mejor comida y mejor trato ese día. Se les deja descansar y se les concede alguna chuchería en premio a su esfuerzo, pero los animales saben que al día siguiente tendrán que volver a competir y si no ganan el trato será diferente. En todo momento tendrá la sensación de que  han sido utilizados. ¡Y pobre del que se lastime y no pueda volver a correr! Los cazadores, por ejemplo, los ahorcan para no gastar un cartucho matándolos de un tiro.

Así mismo, en esta sociedad se premia a los humanos que procuran grandes beneficios concediéndoles algún premio, beneficios que conservarán mientras sigan compitiendo con éxito en este despiadado sistema. Cosa muy distinta sucede cuando por alguna causa ajena a sus voluntades dejan de producir riqueza.

martes, septiembre 20, 2016

LA BOTELLA DE CAVA




Desde el día de la Virgen del Carmen tenía en la nevera una botella de cava valenciano de buena relación precio- calidad. Cuesta en torno a los seis euros, igual que el Freixenet que venden por millares en Carrefour en las navidades, y es incluso mejor que aquél. Yo no compro cava catalán ni otros productos: si no quieren ser españoles que se lo coman y  beban ellos.
http://noalindependentismo.blogspot.com.es/p/blog-page.html

Aquél día la puse esperando que viniesen mi hijo y nuera a comer y celebrar el santo de Carmen; pero nadie acudió a casa.
Y desde entonces cada día al abrir el frigorífico veía la botella.
Hoy me vino a la mente la parábola del Gran Maestro en la que cuenta que un rey invito a muchos nobles a un banquete de bodas y todos se excusaron. Entonces mandó a sus siervos a recoger a todo indigente que encontrase y los sentara a la mesa. Y así dieron cuenta del banquete. (Evangelio S.Mateo  22: 1 - 14)

Yo no he llamado a nadie, simplemente he abierto la botella y me la estoy bebiendo con mucha alegría en la comida y después en la sobremesa.
                                                                                                             No se extrañen, que yo he viajado mucho y eso también es Cultura.
En Cava la gente bebe cava en las comidas y en los bares. Saben que con solo las exportaciones navideñas de botellas no es suficiente para progresar y, como aman a su pueblo y los beneficios del pueblo revierten en ellos, consumen su cava a todas horas.

Los catalanes son muy diferentes a otras comunidades. Los andaluces, por ejemplo, somos los más grandes productores de vino y brandy. Y en vez de consumir para que florezcan las bodegas y haya más trabajo  pedimos cubatas de ron con cola  o whisky con sevenap, enriqueciendo a americanos, ingleses, escoceses y cubanos en vez de a nuestros bodegueros, que son los que nos  dan trabajo.  
Si uno se da una vuelta por el pueblo ve una gran cantidad de edificios en ruina y abandonados, son bodegas que siempre han sido pioneras en la exportación y consumo de vinos.

La elaboración del vino conlleva mucho trabajo desde que se planta la cepa: la poda, el labrado de la tierra, la vendimia y el llenado de los barriles. Luego están las plantas embotelladoras, las imprentas que hacen las etiquetas, las fábricas de tapones, os transportistas y distribuidores, y, finalmente, el camarero que sirve el vino en el bar o en el hotel.

 Todo eso se hacía en El Puerto hasta finales de los años 70. Luego comenzó a notarse el cambio en las costumbres sociales de  la gente, que en vez de un vino fino de jerez  pedían un cubata o una copa de wiski con hielo.
Ya no se apunta gente para la vendimia ni contratan luego a más gente en las bodegas. Todo lo hacen las plantillas fijas que les quedan y algún inmigrante no muy exigente.

Desde hace treinta años vivo en esta ciudad, y sé que existe una bolsa permanente de parados que fluctúa de 11 a 13 mil personas. Lo peor es que muchos parados cuando van al bar piden un cubata o un cortito en vez de apoyar el producto de su tierra.
Así nos va.

 Catalunya ha sido siempre diferente a nosotros. En todo.
 Es una referencia mundial en las diferentes ramas de la Cultura: Editoriales, premios literarios, venta de libros, música, teatros, cine, deportes... Su gastronomía, sus viticultura, su folklore, sus fiestas, su afán ahorrador e inversor, su amor por "la Pela"... Pero dejando aparte a una minoría de exaltados independentistas — que acabarán arruinando  a su país, y que ya está provocando el malestar y el boicot de cientos de miles de  españoles—, el resto es gente amable, trabajadora y emprendedora que ama a su tierra. 

Yo he trabajado varios meses con catalanes y son personas extraordinarias. Lástima que no se manifiesten en contra de lo que el millón de independentistas exaltados exigen en las calles. Un millón de ocho millones de habitantes no son mayoría. Si los otros siete millones salieran a la calle, otro gallo cantaría.

jueves, septiembre 15, 2016

JUGAR A LAS ARMAS, LA PELÍCULA


Anoche vimos la película "Jugar a las armas", una comedia basada en hechos reales muy entretenida, que trata del verdadero patriotismo de los que dirigen los países, en este caso el patriotismo del Gobierno de los Estados Unidos, que no es otro que el del dinero y el enriquecimiento con la venta y tráfico de armas. Hablamos de la hipocresía de un poderoso país que veta a otros por su ideología o el desprecio a los Derechos Humanos, pero que contrata a intermediarios para hacer negocios millonarios vendiéndoles o comprándoles armamento para mantener sus conflictos bélicos, necesarios para que el país funcionen y progrese.


El protagonista, un joven casado con una bellísima mujer, realiza su profesión de terapeuta en Miami Beach y debe soportar los caprichos sexuales de sus client@s para no perderlos. Harto de eso, abandona su trabajo. La cosa va mal.

 Un día se encuentra con un amigo del colegio que triunfa en los negocios de compra y venta.
Al enterarse de su situación económica, el amigo le ofrece trabajar para él.
Lo vemos tratando con el Ejército y los contrabandistas en Jordania, Iraq y Albania, en situaciones jocosas y también tristes, disfrutando al máximo y sufriendo secuestro y tortura. 

El final, inesperado, llega 110 minutos después del comienzo, los cuales pasaron sin felizmente darme cuenta.
No había muchas películas de mis preferencias donde elegir, mucho dibujo animado y de ciencia ficción. Por ello entramos a ver ésta. No me arrepiento.

martes, septiembre 13, 2016

" EL LARGO INVIERNO DEL CORAZÓN"



Acabo de leer la novela "El largo invierno del corazón", de Manuel Pérez Recio.
Es una novela policiaca escrita en primera persona, que desde que la comencé hace tres días no he podido abandonarla : Cada vez que tenía un rato libre tomaba mi teléfono móvil y leía un capítulo.

Debo confesar que hace varios años no he sentido esa necesidad perentoria de continuar leyendo un libro. Me sentía atrapado por la historia en sí y por el estilo de Manuel.

El detective Daniel, un policia expulsado del Cuerpo, narra sus peripecias mostrando unas veces su fina ironía y otras su ternura y su capacidad de asombrarse a sí mismo realizando cosas que jamás hubiera hecho para desentrañar un misterio: el del suicidio de la joven y bellísima modelo Angie.

Todo comienza cuando Daniel recibe la llamada de una chica que desea contratarle para recuperar el osito de peluche de Angie, que había quedado en el interior de su vivienda, precintada por la policía.

Repito que estoy impresionado por la calidad y belleza de la narrativa, por la manera desenfadada y amena con que Manuel conduce al lector por los lujosos lugares donde se cuecen los más turbios negocios de la trata de blancas y de la droga, de los entresijos del mundo de la Moda y sus modelos, y de la complicidad y corrupción de funcionarios de alto nivel en la escala jerárquica. Y también, cómo no, por los momentos de ternura hacia la protagonista, que han logrado que me brillen y piquen los ojos.

El final es sorprendente, como debe ser en cualquier relato que se precie.

Os la recomiendo encarecidamente, es una obra mejor que muchas de las que presentan como best sellers en los primeros lugares de las estanterías en librerías y grandes superficies. Repito que hace varios años no me había sentido tan atraído por la lectura.



Manuel Pérez Recio, Valencia (España) 1970, es autor de más de ciento cincuenta relatos y tres novelas, Piel de Lobo, Cuyabeno yEl largo invierno del corazón, así como un libro de relatos, Hasta que la muerte nos separe. Es coautor de un cómic biográfico e ilustrador de un libro de contenido didáctico. Entre otras, colabora con la revista cultural Prosofagia como responsable del apartado Humor Gráfico. Ha sido premiado en numerosos certámenes literarios, como el Villa de Alfambra, Instituto Internacional, Tono Escobedo…

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