viernes, febrero 17, 2006

BETHLEHEN


“Enterradme en vuestros corazones y estaré siempre con vosotros”

Hoy observo que todos están preocupados, me miran sujetando las lágrimas: mi salud debe de haber empeorado. Mi hermana Alice se encuentra a mi lado acariciando mis manos; algún que otro sollozo se le ha escapado. Para animarla yo le sonrío y le digo:
─ Tienes que enviar por email ese texto que he escrito sobre la violencia de género. Envíaselo a todos mis amigos; yo no tengo ya fuerzas para hacerlo.
Y mientras lo hace, yo miro a través de los cristales del ventanal y me llama la atención un jinete totalmente vestido de negro que se acerca en un precioso corcel también negro; trae una guadaña en su mano derecha y mira hacia mi ventana. Comprendo enseguida la preocupación que he notado en las personas que me rodean y cierro los ojos para ocultar mi pena. Estoy asustada por lo desconocido; deseo que todo acabe pronto y sin dolor.
Siento sueño, mucho sueño, y me dejo llevar. De pronto aparece una carroza en el cielo, un carruaje de fuego resplandeciente arrastrado por cuatro caballos blancos, que se mueve a gran velocidad y viene a mi encuentro. Un ser alado, vestido con una túnica toda blanca y con cara de hombre, bellísimo, me ofrece su mano y me invita a subir en el carro. Acepto con gusto. Antes de subir miro a mi alrededor: las personas queridas que me acompañan están sobre mí en el lecho, dando gritos y llantos. Veo en la cama a una joven de apenas treinta años, de cabellos largos y rizados de color plata, como los tenía mi abuela; tiene pecas en la cara y sonríe mientras duerme. No quiero molestarles y silenciosamente me subo al coche. Los cuatro caballos blancos de luz intensa vuelan a través de los cielos a una velocidad vertiginosa; desde lo alto admiro las blancas cordilleras, las azules aguas de los océanos y el verde color de las praderas y montañas, ¡todo es maravilloso! Entro en un mundo de estrellas lejanas y al fin llego hasta un lugar desde donde parecen irradiarse todas las luces del universo.
Dos seres alados idénticos a mi conductor custodian la puerta de aquel lugar y se apartan para dejar pasar el carruaje. Llegamos a una explanada donde al parecer tiene lugar una asamblea. Miríadas de criaturas aladas se sitúan detrás de un trono, donde se hallan sentados el Señor de todos ellos y el Príncipe. A ambos lados se hallan millones de seres con rostros humanos que han llegado allí antes que yo. Todos me sonríen. El conductor de la carroza desciende de ella y me ofrece su mano para ayudarme a bajar; me conduce hasta el centro de la asamblea y se arrodilla ante el trono. Luego se levanta y me presenta:
─ Esta mujer se llama Bethlehen, tenía solamente 28 años cuando la rescaté de las garras del cáncer, una dolencia que le hizo sufrir durante largos años…
─ ¡Es una agnóstica!- gritó alguien desde la puerta, y todos se volvieron a mirar hacia allí. Luzbel, el ángel caído, apareció solemnemente en medio de la explanada. Miró altaneramente a los asistentes y continuó:
─Esta joven no debe de estar aquí, no creía en vosotros; me pertenece. Deseaba vivir alegremente, disfrutar del amor y del sexo sin mesura, incluso alardeaba de ello en sus escritos ante sus amigos… En los foros están las pruebas. Con esos ojos verdes moteados de pintitas naranjas y su eterna sonrisa adornando esa preciosa carita pecosa volvía loco a cualquiera que se le acercara. No pensaba en otra cosa que no fuese disfrutar, sentir el viento en su cara, aspirar el perfume de las flores silvestres y publicar sus sueños y deseos en foros románticos. ¿Es eso suficiente mérito para estar aquí? Si eso es así, todo el mundo vale.
Me sentía observada por todas las criaturas allí presentes, todas guardaban silencio. Yo no sentía miedo ni alegría, no sentía nada, sólo curiosidad por saber qué era todo aquello. Parecían estar todos felices y el lugar era maravilloso. Entonces mi acompañante tomó la palabra:
─ Yo fui encargado durante toda su vida de su custodia. Bethlehen murió hoy de un cáncer de huesos, contra el que llevaba luchando desde hacía ya tiempo. El lunes próximo, 20 de febrero, habría cumplido 28 preciosos años. Murió exactamente igual que vivió, luchando por todo aquello en lo que creía. Fue siempre una gran guerrillera, una firme defensora de los derechos civiles, y trabajaba activamente en ello. Tenía una gran conciencia social y se dedicó a la defensa de los valores humanos, de los deberes sociales y de la Justicia…
De pronto mi ángel de la guarda y defensor ante aquel tribunal se calló, asombrado al ver levantarse del trono al Príncipe, un ser con rostro humano. Éste se acercó a mí y me tomó de la mano, diciendo:
─ Ven, querida amiga. Yo sé bien lo que significa el dolor y el sufrimiento. Nadie te comprenderá mejor que yo.
Y llevándome de la mano me condujo hasta delante del Presidente del Glorioso Tribunal y dijo:
─ Padre, he aquí a tu hija.

FIN

sábado, febrero 11, 2006

Lucena del Cid




























Cádiz es la provincia de la controversia, del absurdo, de lo increíble… La única capaz de vivir durante seis meses seguidos de fiestas: al puente de la Constitución le siguen la Navidades, los Reyes, los Carnavales, la Semana Santa, las Ferias de Primavera, la Velada… , mientras que al mismo tiempo es la que tiene el porcentaje de su población desempleada más alto de Europa. Dudoso honor ése de ser la primera en esa lacra. Sus jóvenes se ven obligados a hacer las maletas y marcharse lejos para buscar trabajo, intentando independizarse de sus padres y aliviar el yugo que supone para estos el tener que proveer a las necesidades, no sólo de ellos, sino también de sus hijos y nietos.
Y se van… Se marchan a buscar en provincias extrañas el puesto de trabajo que en su tierra natal no encuentran porque sus “empresarios” sólo crean trabajo mientras reciben subvenciones del Gobierno o de Europa. No desean arriesgar; si no hay ayudas, no hay trabajo. Prefieren dedicarse a cazar en sus cotos privados y a vivir de las ayudas que la UE da a los agricultores: cuando no llueve,ayudas por la sequía; cuando llueve o hace frío, ayuda por las pérdidas de las cosechas..., incluso reciben ayudas por no sembrar, para que no bajen los precios por saturación del mercado: remolacha,viñedos,cereales,tabaco.
Los primeros se fueron hace cuatro años y cuando encontraron trabajo fueron llamando a familiares y amigos, produciéndose el “efecto llamada”. Hoy son más de cinco mil los gaditanos que trabajan en Castellón de la Plana. Entre ellos está Rebeca, mi hija.

Rebeca se cansó de enviar currículums, de hacer cursos programados y trabajos en prácticas… Y cogió su recién estrenado título de Licenciada en Químicas y se fue a Castellón, donde ya estaban sus amigas trabajando en un restaurante.
A las dificultades que tenía en Cádiz para trabajar como Licenciada en Química, se le añade allí el que no puede acceder a la administración pública porque no conoce el idioma valenciano. Lo mismo le sucede en la empresa privada, donde esas plazas son reservadas para los que manejan perfectamente esa lengua. Al final, se quedó con sus amigas en el restaurante, pero como los horarios no tenían límite, se cambió a una de las miles de fábricas de azulejos que existen en esa ciudad.
Ya hace tres años que se fue. Vive en un pueblo perdido en la montaña, cercano a la fábrica: Lucena del Cid. Un pueblo de 1500 habitantes, que fue cruce de civilizaciones desde la edad del bronce; campo de batallas entre iberos y romanos, entre moros y cristianos, entre gabachos y españoles, entre éstos mismos... Tanto lo fue, que fue distinguida con el título de Muy Noble Villa por la reina Isabel II por su heroica defensa durante las guerras carlistas. El pueblo está edificado al borde de un barranco; sus casas parecen que se van a resbalar por la ladera y desde sus ventanas y terrazas se contempla un paisaje maravilloso y relajante, propio para escritores, poetas y pintores. Vive junto con su novio, Daniel, y de tal unión nos ha llegado, el día 24 de enero de 2006, Carolina, mi nietecita.
Esta niña nos llena de alegría, tanto a sus padres como a nosotros, sus abuelos. Sólo le pido a Dios que se críe bien, que herede nuestros principios y valores humanos y que sea tan feliz que su alegría y amor alcance y contagie a las personas que la rodean.