domingo, enero 28, 2007

LA ENTREVISTA COMPLETA


Mi entrevista en Radio Ib3.es y el video que la acompaña se puede ver completa en esta página web:

http://rinconliterario3denit.blogspot.com/

http://www.youtube.com/watch?v=hxQFRPNw4dU

Y desde hoy, soy miembro del Grupo CIÑE y tengo mi propia página de escritor en: http://www.circuloindependiente.net/Juan_Pan_Garcia.htm

miércoles, enero 24, 2007

¡HOY CUMPLE UN AÑITO!





Ha pasado el tiempo desde que puse el artículo sobre el embarazo no esperado de mi hija Rebeca de mi nietecita en este blog, el 17 de octubre de 2005, y también del otro posterior, que hablaba de las dificultades por las que estaba atravesando para encontrar trabajo, el 11 de febrero de 2006.
Aquella manchita oscura que se adivinaba más que se veía en la ecografía y que luego se transformó en una preciosa criatura, a quien pusieron por nombre Carolina, cumple hoy un año y es la alegría de sus padres, tíos y abuelos. ¡Felicidades, Carolina!

domingo, enero 21, 2007

ANUNCIO



Hoy sólo deseo deciros, por si algún interés tenéis en escucharla, que el día 24 de enero por la noche me entrevistaron en una emisora de radio, donde también dieron lectura a un fragmento de uno de mis relatos,"Inolvidable primavera".
Este programa se emite todos los miércoles.
Copiando este enlace y pegándolo en el buscador, podréis escuchar la entrevista
http://www.sirlebert.com/xalfdm/pol38.mp3
Para conectar con la emisora, debéis pinchar sobre la siguiente dirección:
http://ib3.es.
Y si deseáis participar con algún comentario o pregunta debéis de marcar el teléfono 971139900.
El programa se emitió a la media noche ,a las 12´15 de la noche.
Saludos a todos

viernes, enero 19, 2007

HISTORIAS DE NAVIDAD



COLEGIO DEL PALACIO DE LA SAGRA. CHAPINERÍA (MADRID)

El día de Nochebuena del año en que hice mi primera comunión fue algo especial en el colegio. Por la tarde no hubo clases y asistimos a un partido de fútbol entre el equipo del pueblo y el del colegio. Al terminar el partido se entregó el trofeo por el señor alcalde; después, las niñas completaron la tarde con una demostración de coros y danzas populares: jotas, sevillanas, malagueñas, etc.
La cena fue algo excepcional, un menú especial que culminaba con unos postres buenísimos confeccionados por las monjas del centro.
Después de cenar, la madre superiora me llamó y me dijo que esa noche la Misa del Gallo se iba a celebrar en la capilla del colegio y no en la iglesia del pueblo, como era costumbre, y que  mi compañero Anselmo y yo oficiaríamos una vez más de monaguillos en aquella ceremonia cristiana. Nos llevó hasta la sacristía y nos dio las instrucciones de todo lo que debíamos realizar: tocar la campana de la iglesia del pueblo, mantener la bandeja en el sitio apropiado en el besapiés del Niño Jesús y ayudar a las personas mayores que no pudiesen levantarse del reclinatorio al arrodillarse para dar el beso.
Nos pusimos un traje de monaguillo de terciopelo, todo blanco, y preparamos las jarritas del vino y del agua para la misa (qué bueno estaba el vino del cura, una mezcla de moscatel y Cream). Luego nos fuimos a reunirnos con el resto de escolares al salón de actos para esperar la hora de la misa cantando villancicos y acompañando con panderetas y zambombas. Los demás golpeábamos cucharas entre sí, lo que producía en sonido que armonizaba con las panderetas.
A las once y media de la noche, los dos monaguillos salimos del colegio y entramos en la iglesia, situada al otro lado de la plaza. Braulio, el sacristán, nos estaba esperando. Una vez dentro, fuimos hasta la escalera que subía hasta la torre, miramos hacia arriba por el hueco libre y cogimos cada uno una de las sogas que bajaban desde el campanario y comenzamos a tirar con fuerza de ellas. Las cuerdas nos levantaban del suelo a cada vuelta de las campanas. No hacíamos ningún esfuerzo, la inercia del movimiento nos hacía subir y bajar durante los tres minutos que tardaba cada toque: el primero a las once y media; el segundo a las doce menos cuarto y el tercero a las doce en punto. Casi todo el pueblo acudió a la misa del colegio. Como no cabían todos, abrieron las puertas de la capilla, que comunicaba con el salón de actos, y se habilitaron bancos y sillas para los asistentes.
La misa comenzó y continuó su curso en latín hasta el “Ite misa est” final. En ese momento, el cura bajó hasta el reclinatorio central con el Niño Jesús en las manos y el Coro del colegio comenzó a cantar los villancicos.
 El alcalde, don Juan, fue el primero que se arrodilló para besar los pies del Niño; luego se levantó, dejó un billete de 25 pesetas en la bandeja dorada que yo mantenía a su derecha y se fue a su asiento. Al instante se formó una fila y todos los asistentes imitaron a su alcalde. Unos ponían un billete de cinco pesetas, otros solamente dos pesetas, una peseta, veinte… Nadie superaba al alcalde. Mi compañero y yo llevábamos la cuenta de quiénes eran los que más habían dado: el boticario, el zapatero, el de los ultramarinos Casa Duque, los maestros del colegio público, los guardias, etc.
Una ancianita dejó un billete en la bandeja y se le cayó otro al suelo: ella no se dio cuenta y cuando se fue me agaché y lo recogí. Me lo guardé en la mano y con disimulo lo metí en el bolsillo de mi sotanita. Miré si alguien me había visto, pero todos estaban pendientes del avance de la fila. Además, donde yo estaba la luz era escasa, sólo estaba iluminado el altar mayor con una docena de cirios. Estaba seguro de que nadie me había visto, pero los ojos del Niño Jesús parecían decirme lo contrario. Me miraba fijamente, con las manos extendidas y una sonrisa en la boca. Me avergoncé de lo que había hecho y saqué el billete del bolsillo y lo puse en la bandeja. Entonces vi con horror que la superiora me estaba observando y me había visto devolver el dinero. Pensé que ya estaba listo, que al día siguiente sería expulsado del centro. Me puse muy nervioso, tanto que la bandeja temblaba en mis manos. Respiré con alivio cuando la fila llegó a su fin y me pude volver de espaldas a todo el mundo. No podía sostener la mirada de la superiora.
La misa terminó y el sacerdote cogió el cáliz y salimos los tres hacia la sacristía. Una vez dentro, fuimos separando los billetes según su valor, y contando las monedas. Acabado el recuento, el cura le dio un duro a mi compañero y otro a mí, y nos quitamos el traje. Luego nos fuimos a nuestros dormitorios. En el reloj del pasillo pasaban algunos minutos de las dos y todos los compañeros estaban ya acostados cuando llegamos.
Al día siguiente, cuando estábamos desayunando en el comedor, llegó la madre superiora y nos pidió un momento de atención. Todos callamos. Ella me ordenó que me levantase y fuese a su lado; yo obedecí, muerto de miedo. Entonces dijo:
"Quiero que miréis a Juan un momento. Anoche sacó de su bolsillo el poco dinero que tenía y se lo entregó al Niño Jesús. Ese dinero se lo había dado su familia para otras cosas, sin duda, y él prefirió donarlo. Nos dio un gran ejemplo de solidaridad. Démosle un aplauso a nuestro compañero"
Y todos aplaudieron.
¡Yo no salía de mi asombro! Me puse muy colorado mientras todos me miraban y aplaudían. Entonces recordé la sonrisa del Niño Santo. Parecía un milagro: ¡Apenas había nacido y ya me había perdonado!
¡Cosas de la Navidad!

FIN

Este cuento ha ganado el concurso del año 2006 de "Cuentos navideños" en la página web de El café de Artistas, seguido de otro de mis cuentos,"Navidad, dulce Navidad", y en el tercer puesto "Un cuento de Navidad". Los tres forman parte del libro "Los cuentos del abuelo", registrado por mí en el Registro de la Propiedad Intelectual de Cádiz el 10 de enero de 2006 con la clave CA 9/o6

miércoles, enero 10, 2007

El vino de la Comarca del Jerez



EL VINO DE JEREZ

Está demostrado que beber un poco de vino en las comidas mejora la circulación de la sangre y ayuda a protegerse contra los infartos. Por sus cualidades sanitarias, ya se lo aconsejaba a su discípulo Tito el apóstol San Pablo:
“Ya no bebas agua, sino usa un poco de vino a causa de tu estómago y de tus frecuentes enfermedades” (1Tito,5:23)

Publico a continuación las notas que tomé durante la conferencia de D. José Caballero Bonald sobre el vino fino, celebrada en el Hotel Monasterio de San Miguel de El Puerto de Santa María a finales de 1997:

El vino de Jerez ya se conocía desde Estrabón (63 AC - 24 DC), uno de los primeros en mencionarlo. La gran fama que tenía este vino atrajo hacia la comarca a nombres ilustres de familias extranjeras, especializadas en el arte de la crianza de vinos: Domecq, Osborne, Willians Garvey, Sir james Durff, Terry, Sandeman, González Byass y otros.
Existen dos tipos de crianza: la que se usa para la obtención de vinos “finos y manzanillas”, criados bajo el “velo” o “flor”, que es una capa viva orgánica que impide el contacto del vino con el aire y su oxidación; y por otra parte la de los “Olorosos”, que se crían en contacto con el aire tras añadirles alcohol para que no se forme el velo. Las cuatro levaduras que producen este velo producen complicados procesos químicos sobre el vino. Cuando acaba su ciclo de vida, este velo o capa se deposita en el fondo de la bota. Se le llama “la Madre del vino”.
Datos curiosos del vino de Jerez son que sus bodegas fueron atacadas y desvalijadas varias veces por el pirata Barba Roja.
Que una de sus bodegas insignes fue construida por Eiffel, el mismo que hizo la torre parisina.
Que sus cepas fueron destruidas, como todas las cepas en Europa, por la filoxera, y que las variedades existentes fueron importadas de California, pues las cepas de aquel país resistieron con éxito el ataque de ese insecto destructor.
El vino de Jerez es único en el mundo, porque tiene la particularidad que se puede conservar dentro de las botas durante años, adquiriendo mejor calidad con el paso del tiempo y aumentando de precio.
Por ejemplo:
Un vino joven, de la cosecha del año, si se mantiene 2 años en la bota pasa a denominarse “Solera”; si se mantiene más tiempo, “Reserva”; “Gran reserva”; “Excelencia”, a los diez años de permanencia.
No ocurre lo mismo con los restantes vinos españoles o extranjeros, ni con el cava.
Estos son embotellados todo lo más a los dos años de su permanencia en bodega y no adquieren nuevos valores, arriesgándose a perder su calidad.
El cava, por ejemplo, debe ser del año: no vemos cava donde se diga en la etiqueta “cosecha de 1980”, por ejemplo.
El vino de Jerez y su entorno es pues único, y debe de valorarse como tal. Un cuadro pintado a mano, una escultura se apreciarán según su originalidad, dificultad de realización, ect. Lo mismo debe hacerse con el Fino. Al ser algo único, debe dársele el valor de algo único, en vez de desprestigiarlo, regalándolo y vendiéndolo a bajo precio.
Las cosas se aprecian más cuando cuestan el dinero. No duele lo mismo que se nos rompa algo que nos han regalado que algo que hemos comprado y que nos ha costado caro.
A primeros del siglo pasado, se decía que el jerez tenía que ser “para los ricos o para los enfermos”.
Al ser un producto de difícil acceso para la mayoría, por su alto precio, la gente adinerada presumía de poder permitirse el lujo de tener en su casa un completo surtido de vinos de Jerez. Se pedía en los restaurantes y hoteles de lujo y se ofrecían botellas o cajas de regalo a las amistades. Esto hacía florecer el negocio y daba trabajo a mucha gente.
Hoy día se escuchan las quejas de los hoteleros, pues dicen que aunque los hoteles se llenan en verano, los turistas son de baja clase social, de bajos ingresos: gastan poco y se limitan a pagar el alojamiento con derecho a pensión completa a precios en oferta.
Por lo tanto, prefieren tener un turismo de alta calidad: menos turistas, pero que gasten mucho más. Un hotel puede llenar rápidamente 100 habitaciones a 60 euros todo incluido. Esto supondría 6000 euros diarios. Pero también los gastos serían excesivos y quedaría poco margen para las ganancias.
Si tuviese sólo 50 habitaciones a un precio de 300 euros/día, vendría una clase de turismo que dejaría 15 000 euros. (Cifras actualizadas en euros, pues el día de la conferencia aún hablábamos en pesetas)
Vemos que vendiendo menos habitaciones se ha ganado mucho más aumentando la calidad del producto y eligiendo una selecta clientela.
Lo mismo sucede con el vino.
¿Qué hay que hacer para solucionar la crisis actual? Dos claves:
A)
1º Dejar de regalar, como si fuera un producto sin valor.
Actualmente, a los bares, asociaciones de vecinos, casetas de ferias, comuniones, ect… siempre se le regalan por parte de las bodegas cajas de vino para colaborar y promocionar la marca. A veces se regalan farolillos, vasos, cubiertos… con el nombre de la bodega estampado que son productos que aumentan el coste del vino y que se pierden sin beneficio.
2º Concienciar por medio de programas educativos, ya desde la escuela, a los niños de que es un producto bueno, de “su tierra”, y que hay que darle el valor de ser una cosa única en el mundo; convencerles de que es un buen regalo de calidad en un cumpleaños o fiesta.
Concienciar a consumir productos propios de buena calidad antes que productos extranjeros o de otras regiones: dará trabajo al pueblo y a las familias.
3º Dar información en la etiqueta sobre el producto que se vende (actualmente sólo dice: vino Pavón, 15´5º. Bodegas Caballero. El Puerto).
Hay que poner también cómo se ha producido, qué clase de uva se ha utilizado, los años de la cosecha… Esto es lo que hacen los franceses con todos sus vinos, siendo corrientes y no únicos, como el jerez.
4º En lugar de anunciar con tópicos (por ejemplo: una gitana bailando al anunciar una determinada marca), explicar cómo se ha hecho ese vino, todas las fases que ha recorrido hasta llegar a la botella, sus cualidades ect.

B)
Cambiar el sistema del Consejo Denominador de Origen.
Tener abierta una mesa permanente donde estén representados todos los profesionales del sector: viticultores, almacenistas y exportadores.
Actualmente, el Consejo está compuesto por una serie de personas que tienen voto y un presidente nombrado por la Junta de Andalucía, que tal vez no tenga ni idea de lo que se trata y sólo se ocupa de que se cumplan las normas procedentes de Bruselas.
No se puede permitir que en esa mesa tenga el mismo valor el voto de un señor que arriesga 300 000 euros que otro que arriesga 1500 millones, como ocurre actualmente, sino que el valor del voto debe ser proporcional al riesgo.
Hay que nombrar presidente del Consejo Denominador de Origen a un profesional que esté arriesgando su capital en el negocio y sea, por tanto, conocedor de sus problemas y de lo que se esté hablando, y no aceptar a un político nombrado a dedo por la Junta de Andalucía que no arriesga nada.
Hay que negarse a cumplir con las cuotas impuestas desde Bruselas. Cada uno que venda lo que pueda. Si uno tiene cien botas de vino de buena calidad,¿por qué va a vender sólo ochenta? Esas veinte restantes también se pueden vender sin denominación de origen.
¿Por qué no vender el exceso de cosecha del año como mosto?, ¿no venden otros mostos en las tiendas que no sabemos de qué están hechos(Mosto Greip, por ejemplo).
¿Por qué no lanzar al mercado una marca de mosto de Jerez?
Hay que vender la producción en vez de arrancar las cepas, como se está haciendo. ¿Por qué se tiene que arrancar una cepa que está produciendo una uva de buena calidad?
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J,M. Caballero Bonald ha escrito varios libros de ensayo de diversos temas como Breviario del vino (1980), Narrativa cubana de la revolución (1968), Luces y sombras del flamenco (1975) o Sevilla en tiempos de Cervantes (1991), y recibido el Premio de la Crítica en dos ocasiones. En 2004 recibió el Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana.

miércoles, enero 03, 2007

LA TORMENTA


FOTO DEL DIARIO EL PAÍS


LA TORMENTA

De nuevo grandes nubes negras
de sangre y de truenos,
que vienen del Norte
amenazan a la gran ciudad

Descargan toda su furia sobre la verde hierba
y pisadas de barro, de sangre y de odio
la paz de las calles vienen a turbar.

Cuando el viento empuje a esas nubes,
alejándolas o destruyéndolas...
y el Sol vuelva a brillar,
y la gente pueda salir a la calle,
viajar en tren, en metro o volar
y los niños vuelvan a jugar...

Entonces brillarán aún más bonitas
las rosas y amapolas
que florecen en los parques
y jardines de La Villa

Y yo... yo miraré hacia arriba
y sonreiré a la blanca paloma,
que por fin vuela alto en libertad.
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