viernes, junio 26, 2009

TODO ES PARA SIEMPRE


Pasear por las calles de Arcos de la Frontera al finalizar una tarde veraniega es un privilegio que sólo lo valora en su justa dimensión aquél que lo disfruta.

Las fachadas blancas de sus casas y la piedra ostionera de sus edificios monumentales reflejan la luz amarilla de un sol que huye tras acosar a los habitantes de la ciudad, obligándolos durante las largas horas del día a buscar la sombra de sus hermosos patios o a sentarse para prehidratarse bajo el toldo de alguno de sus bares.



























Y esa tregua merecida la aproveché para asomarme al balcón de la Casa del Corregidor sobre el precipicio y robar con mi cámara algunas imágenes del maravilloso paisaje que se extiende ante mí:

Abajo, entre el verdor de los árboles que jalonan su curso, discurre tranquilo y plateado el río Guadalete tan solo interrumpido por el puente de hierro de la carretera de Algar, mi pueblo natal, que forma una línea blanca que se dirige hacia el Este y va difuminándose poco a poco hasta perderse en la bruma de los montes.


El motivo de mi visita a Arcos es la presentación del nuevo libro de poemas Todo es para siempre, del poeta local Pedro Sevilla, icono actual de la poesía española. Arcos es cuna de poetas, y en mi camino hacia el lugar de la presentación me encuentro con un monumento dedicado a su poeta más representativo: Julio Mariscal Montes




La fiesta tenía lugar en una capilla barroca ubicada en lo más alto de la ciudad, en el casco antiguo monumental, pegada a la iglesia de San Pedro, desde cuya torre los visitantes admiran y graban imágenes panorámicas del entorno.

La coqueta capilla se llenó con el medio centenar de personas que asistió al acontecimiento

.


































Pedro Sevilla fue acompañado en el estrado por la Alcaldesa de Arcos, Pepa Caro, y el poeta portuense Enrique García Máiquez, autor del prólogo, que presentó el poemario.

Fue un acto entrañable, donde el poeta, emocionado por los recuerdos, nos habló de su trayectoria en la poesía, que inició desde pequeño cuando era alumno de tercero en el colegio de la Salle, y que lo ha aupado hasta ser uno de los más reconocidos poetas de nuestro tiempo.




Cuenta que en ese colegio era el más torpe de la clase, que los religiosos lo pusieron en el coro, pero no tenía voz; lo pusieron en el equipo de fútbol, pero no valía nada, era un “bon a rien”. Así lo dice en un poema dedicado a sus profesores:


Primero me probaron de portero,

en mayo me ingresaron en el coro

por si había en mi voz algún tesoro,

e incluso me tentaron para el clero.


Mas pronto se hizo público el certero

informe del Hermano Isidoro:

“Ni clero, ni balón, ni voz de oro,

¡Es el niño más tonto de Tercero!


Sin embargo fijaos cómo le brilla la mirada

si copia en su carpeta unas rimas que enlaza y agavilla.

Con impropia nostalgia, con inquieta y letal persistencia…

Este Sevilla, salió, ¡Vaya por Dios!, salió poeta”







Pedro nos leyó varios poemas del libro y luego, tras firmar los ejemplares que le presentábamos, los organizadores del acto invitaron a los asistentes a una copa de vino en el salón de una casa señorial cercana.

































En el acto tuve el placer de reencontrarme con amigos del Colectivo La Aldaba, los poetas Cristóbal Barrero y Paco Pozo.

Fue un placer escuchar a Pedro Sevilla. Desde aquí le deseo mucho éxito y que siga alimentándonos con sus versos.

miércoles, junio 24, 2009

MI BARBERO


Foto publicada en internet por www.larazon.com


Mi barbero dice que nota mucho la crisis, que la gente se deja crecer el cabello más que antes, que algunos incluso se hacen trenzas siguiendo no sé qué moda.
Hace 27 años que me corta el pelo. Ahora trabaja solo, el año pasado trabajaba su hijo con él.

Cuando he entrado en el local le he dicho ¡Hola, Pepe!, ¿cómo va la cosa, detrás de quién voy?, y él me ha echado una mirada torva y ha contestado: “Estoy harto de trabajar para que la gente como tú viva de puta madre. Entras en un bar y lo ves siempre lleno de vividores que cobran de mis impuestos”, me dice. Le digo que yo también he trabajado y cotizado durante muchos años. “Pero menos que yo”, responde.

Pienso que he llegado en mal momento, que mi amigo puede que sufra de continencia sexual obligatoria y eso le pone nervioso y le impide dormir.
Y lo paga con los clientes. ¡Con lo fácil y barato que sería para su parienta dejarle echar el polvete de los sábados al menos! Todos saldríamos ganando.
Pero no, parece ser que no: el pobre está amargado y compra mucha crema para las manos.

Y por ello se queja de todo y contra todos: los clientes, Hacienda, la Seguridad Social, Zapatero, los Sindicatos, la juventud, la madurez, y, sobre todo, los parados, los lisiados y los pensionistas. “¿Sabes lo que pago cada mes a la Seguridad Social?: 443 euros. ¿Cuántos cortes de pelo debo hacer cada mes para pagar mi cuota y que otros vivan a costa mía?”, me espeta mirándome a los ojos con la cara roja y la boca desfigurada por una mueca.

Yo dejo pasar mi turno dos veces -no sea que el artista me corte con la tijera sin querer mientras gesticula con las manos cagándose en todo-, y me dedico a leer el periódico y mirar las páginas de la revista Interviú que muestran esa clase de bombones que no engordan ni suben el azúcar en la sangre.

Sentados frente a mí, dos ancianos charlan animadamente. A juzgar por lo que dicen, no se han enterado de nada:

–Ayer te vi en calzonas caminando hacia Valdelagrana, ¿Fuiste a bañarte en la playa?
– No, fui a la playa a darme un baño.
–Ah, pues yo, al verte así vestido me dije: éste va a bañarse a Valdelagrana.
–Pues no, que fui a darme un baño…

Me pregunto adónde van a parar las cotizaciones del barbero, que no llegan, ni en tiempos de bonanza, a solucionar los problemas auditivos de los ancianos que lo necesitan.

Al terminar con el segundo cliente que he dejado pasar mi barbero ya parece estar más calmado. Me invita a sentarme en el sillón, y para cortar el hielo que se respira en el ambiente (todos nos habíamos quedado mudos), le digo que para estar todo el día en pie debería usar
un calzado de seguridad, una clase de zapatos diferente de la que lleva. Le digo que esos mismos náuticos que lleva puesto los usaba yo antes, y me salieron espolones en los pies que me obligan a usar plantillas ortopédicas. Y me responde:

– ¿Malos unos zapatos italianos hechos a mano en pura piel que me han costado 180 euros? ¡Si tú los hubieras usado no te habrían salidos los espolones!
–Pues más valía que te los comprases más baratos en Carrefour y mantuvieras a tu hijo en su puesto de trabajo –respondí, algo molesto.
– ¿Mi hijo? Mi hijo vive mejor que tú y que yo: se ha montado una barbería en una barriada nueva que tiene mil viviendas y se ha llevado la clientela joven que venía aquí; tiene un chalet con piscina junto al mío, y se ha comprado un coche de tres kilos…
–Y de qué te quejas entonces, so cabrón –le dije yo–. Yo me he llevado toda la vida con la casa a cuestas como los caracoles, buscando trabajo donde lo hubiera, y no he conseguido comprarme un chalet ni comprarle una vivienda a mis hijos, ni salir de mi piso.
– ¡Qué sabes tú lo que es trabajar! Estar aquí como un esclavo de lunes a sábado 12 horas, aguantando la gente, asentir en sus conversaciones, respirar sus olores…

Yo me callo y observo el elegante salón: está climatizado y adornado de lienzos pintados al óleo, que un amigo pintor expone allí para venderlos. Hay un par de jardineras conteniendo bonitas plantas verdes, naturales, colocadas ante un gran espejo que crea la sensación de doblar el tamaño del local... Y de pronto pienso en mis antiguos compañeros de trabajo, que permanecen aún activos en los astilleros y en la planta OFFSHORE de Dragados construyendo plataformas petrolíferas, realizando trabajos de soldadura a pleno sol con treinta y cinco a cuarenta grados en el ambiente, vestidos con chaquetas de cuero y guantes de protección y obligados a permanecer tumbados o sentados sobre cartones o planchas de madera sobre las piezas a soldar que previamente han sido calentadas a temperaturas de 300º Cº; obligados a trabajar en turnos de doce horas bajo la mirada sádica de varios encargados que, apostados a unos metros, los azuzan para que no tengan un segundo de descanso..., y siento un calor violento removerse en mis entrañas que me obliga a decirle al barbero:
Amigo, tú estás en el mundo para que haya de todo.

lunes, junio 22, 2009

CABALLOS EN LIBERTAD

DEDICADO A MIS AMIG@S MARGARITA,TURKESA, MERTXI Y MARIO, QUIENES ME ACOMPAÑAN DESDE HACE AÑOS POR ESTE MUNDO VIRTUAL, COMPARTIENDO LA ADMIRACIÓN Y CARIÑO HACIA ESTOS NOBLES Y BELLOS ANIMALES

A PESAR DE TODO

Mi amiga Mertxy, que vive en la hermosa ciudad de San Sebastián, me presenta su última creación poética. Mi conciencia me dice que no sea egoísta y la comparta con ustedes. Hay que ver, ¡no me deja decidir por mí mismo ni vivir un momento tranquilo!
Vale pues, ¡disfrútenla!


A PESAR DE TODO


A pesar de todo, me renace la vida.
La loca esperanza, la absurda alegría
de verte de nuevo...

Me brota la vida, a pesar de todo...
Perturbada esperanza, incoherente alegría
me llueven estrellas entre mis cabellos…
El sueño me acuna y me canta un te quiero,
el firmamento es mi cama, y mi almohada la luna.
Alumbrando mí ensueño todos los luceros,
a pesar de todas las cosas, me brotan las rosas...

A pesar de todo en la vida tan dura,
también hay milagros y mil aventuras.
A pesar de todo, si la dejo abierta
se colará el sol… veloz por la puerta,
dejando templanza, dejando mesuras...

A pesar de todo, mágica tibieza
oír tus pasos llegando a la mesa…
el cálido abrazo y el feliz asombro.
Y dos blancas alas
creciendo en los hombros...

A pesar de todo, vestida de fiesta,
me besa tu risa, los genios y hasta la brisa,
tejiendo sueños de amor y poesía…
sorteando fangos pura fantasía.

Ceguera en los ojos…
ventanas del cosmos
¡pero luz en la esencia!
Albor ante tu adorada presencia
A pesar de todo...
El pan y la casa, el pueblo y familia.
Mi cielo, mi mar, tú y mi hijo...
¡Mi Dios que bella es la vida!

Mercedes
Mertxy

http://mertxy.blogspot.com/2009/06/pesar-de-todo.html



sábado, junio 20, 2009

MILLENNIUM 1, LA PELÍCULA


En la tertulia de Tresantié celebrada el Día del Libro me recomendaron la lectura de esta novela.
Pensaba comprarla cuando acabase de leer el libro que tengo entre manos, El mapa del Tiempo, pero tras leer algunas opiniones de personas amigas que han leído la novela y la encuentran excesivamente larga, que se hace pesada por momentos, por lo que no pasaría nada si se eliminasen unas doscientas páginas, y acojonado ante el excesivo peso y volumen del libro, me decidí a ver la película.

La película al principio me tenía desorientado, porque parecía contar dos historias paralelas, inconexas entre sí; pero luego se integra todo, formando una trama perfecta que atrapa al espectador hasta el final.
Me ha gustado mucho. La banda sonora, también.

El tema no es nuevo: la búsqueda de personas desaparecidas y el descubrimiento de terribles secretos entre los componentes de la familia de la desaparecida ya lo hemos visto en múltiples ocasiones en la pantalla.
Pero cada historia tiene su duende, que la convierte en especial
.
¿Y qué tiene de especial esta película para que sea llevada de boca en boca y se convierta en un éxito de taquilla?
Quizás sea el morbo que despierta la historia y el trágico final de su creador, Langson.
Él sabía del éxito que le esperaba. Estaba convencido de que su trilogía, inédita aún, sería un betsellers, y así se lo decía a Eva, su compañera.
Aquel nefasto día,
Langson se sintió mal en el despacho de la revista que dirigía. Dijo que, al llegar a su casa, se encontró averiado el ascensor y subió a pie los siete pisos que separaban su casa de la acera. Sus compañeros llamaron a una ambulancia y lo condujeron al hospital, pero los servicios de Urgencia nada pudieron hacer por él.
Según su pareja, la arquitecta Eva Gabrielsson, estaba estresado: "en su último año, pasó a dormir solamente cuatro o cinco horas diarias, pero si el ascensor hubiera funcionado bien, yo creo que no habría muerto."

La fortuna que ha producido la edición de más de diez millones de ejemplares en treinta idiomas irá a parar a su padre, pues la ley sueca no contempla la posibilidad de heredar de las parejas de hecho.
El periódico La Vanguardia ha publicado una interesante entrevista que pueden ustedes leer en este enlace:

http://www.lavanguardia.es/lv24h/20080528/53468629317.html

SINOPSIS
La historia, gira en torno a la desaparición de la joven Harriet Vanger en la isla sueca de Hedeby, propiedad del poderoso clan industrial de los Vanger. Cuarenta años después el caso sigue sin resolverse y ha sido olvidado. Henrik Vanger, tío de Harriet, sostiene que la muchacha fue asesinada por un miembro de la familia y confiesa que vive obsesionado por resolver el misterio antes de su muerte.
Para ello contrata a Mikael Blomkvist, un famoso y honesto periodista que ha sido condenado a ir a la cárcel por publicar informaciones falsas sobre un poderoso personaje. Sabe que ha caído en una trampa, sus confidentes desaparecieron ante el juicio y no pudo probar nada.

Pero Lisbeth Salander, una joven y extraña chica, maltratada por la sociedad y el sistema judicial, acude en su ayuda. Ella es una experta informática, más que eso: un hacker capaz de introducirse en los discos duros de los ordenadores más sofisticados, que le proporcionará los secretos mejor guardados en los archivos policiales, perodísticos, bancos y paraísos fiscales.

La investigación no será fácil. A medida que avanzan en sus investigaciones encuentran datos terribles relacionados con la familia Vanger y ambos investigadores comienzan a ser víctimas de atentados por personas que no desean que se descubra la verdad.

La chica, una mujer a quien la vida a obligado a odiar a los hombres, acaba por sentir amor hacia su compañero.

Pero si al salir del cine pensamos en lo que hemos visto, descubrimos que, además de la trama criminal que desarrolla, la película es una feroz crítica social sobre un país, Suecia, líder en políticas sociales, ejemplo europeo ante el resto del mundo de lo que significa el bienestar, que bajo el manto de la propaganda oficial muestra una intolerancia y desprecio para todos aquellos seres marginados a los que presume de proteger: policías que cierran precipitadamente los casos de investigación que implican a los poderosos; tutores de menores que abusan sexualmente de sus tutelados a cambio de hacerles la vida fácil. La corrupción de los medios audiovisuales, capaces de todo por publicar una primicia.

En resumen, una crítica despiadada contra los abusos del poder, contra la hipocresía moral, contra la violencia que sufren los marginados, las mujeres, y contra todos aquellos que intentan impedir que se descubra esa realidad.


Es buena, la recomendó en su blog mi amiga Lola Mariné, y yo os la recomiendo ahora.

lunes, junio 15, 2009

LA ILUSIÓN de los niños de El Gastor


Los dos últimos años, coincidiendo con la fiesta de El Corpus, he puesto aquí sendas crónicas de actos culturales celebrados en un pueblo: El Gastor.
Este año no he subido a ese pueblo, pero al leer en el periódico el artículo sobre la celebración del Corpus en la Sierra de Cádiz, me han entrado ganas de escribir algo relacionado con El Gastor este año también, aunque esta vez dejaré de mirarme el ombligo y hablaré sólo de los verdaderos protagonistas: los niños.

Hace poco una joven pintora, refiriéndose a su pueblo,
me decía lo siguiente:
“Si hay algo que me joroba de mi vida es el hecho de vivir en un pueblo. Sí, es bonito y pintoresco, queda bien en las postales, pero nada más…”

Y es verdad que en los pueblos suelen carecer de muchas actividades que en las ciudades están a disposición de los ciudadanos: teatros, cines, academias de arte y/o estudios especializadas, tiendas de moda o grandes superficies…
No he mencionado en mi lista la escasez de trabajo porque en eso están todos los pueblos bien servidos.

Por eso muchos de mis paisanos, cuando ven que algunos de entre ellos se dejan arropar por la fama con el chal de los contratos para viajar y disfrutar por todas partes haciendo lo que les gusta y dejándose abrazar por el dinero
-como mi paisana Laura, la algareña que triunfó en el concurso televisivo Se llama Copla-, sueñan también con que sus hijos puedan alcanzar el éxito, esa cosa que les permitirá algún día disfrutar de las excelencias de su pueblo.

Y esa ilusión ha sido la que movió a algunos padres de El Gastor a alquilar
el pasado mes de marzo un autobús y desplazarse hasta Barcelona con sus hijos para participar con el club Kyudokai en el VI Campeonato de Kárate, en San Andréu de la Barque

Imaginen por un momento lo que significa para las 35 personas que fueron levantarse por la mañana tempranito, recorrer mil kilómetros en un autobús, y al día siguiente desplazarse a primeras horas de la mañana hasta el pabellón municipal Once Setembre para asistir a las demostraciones de Defensa Personal de los mejores karatekas, y a presenciar un combate de Kata kuminaza (combate real entre tres kobudokas graduados con
cinturones negros), antes de que estos les cedieran el tatami para que participasen en el campeonato infantil que los había llevado hasta allí con la ilusión de lograr algún día hacer lo mismo que aquellos campeones.
Foto de una competición similar celebrada en Chiclana el día 13 de mayo, publicada por del diario La voz digital.

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Fueron dos días de competición en los que presenciaron algo que jamás habían visto y que quedó, sin duda, grabado para siempre en sus despiertas mentes.
Nada más finalizar el evento tuvieron que subirse al autocar para regresar a casa, llevando orgullosos y felices los certificados obtenidos enrollados en las manos.

Sé por experiencia lo que son las despedidas en esas citas: todos prometen volver, se multiplican los abrazos y toman buena nota de teléfonos y direcciones para estar en contacto con los nuevos amiguitos, aunque algunos luego se olviden de cumplir lo prometido.


De mis tiempos de karateca (no pasé del cinturón naranja, y me retiré porque en un combate en que hacía de sparring de otro compañero de mayor grado, éste me paró con la mano una patada que le lancé y puso el dedo gordo de mi pie mirando hacia atrás. Me llevaron al hospital y me gané dos semanas de baja laboral), recuerdo dos modalidades:
Las katas, que son ejercicios que se hacen solos simulando un combate con un enemigo imaginario.
Y el komité, que es un verdadero combates entre dos personas que ponen en práctica todas las enseñanzas recibidas

http://www.csdijaczkumasawa.com/karate2.jpg


De las niñas y niños de El Gastor que participaron en este campeonato varios compitieron en las dos modalidades: Katas y komité:
Ana Torreño, Ana Zambrano, Laura Guerrero, David Jimeno, Laura Berenguero…

Otros hubo que participaron en una sola modalidad: Germán García, María González, Manuel González, Ana Menacho, Cristina Roldán, Lucas Roldán, Luis Miguel Guerrero.

Datos para recordar:


103 karatekas en modalidad de kata , 26 en kumité , 11 árbitros, unos 20 colaboradores y más de 500 expectadores ocuparon el pabellón deportivo



CATEGORÍA 2 Benjamín medio (blanco amarillo 7,8 y 9 /Amarillo 8)

Clas NOMBRE Edad CINTURÓN CLUB
8º Germán GARCÍA 7 años B-Amarillo KYUDOKAI
11º María GONZALEZ 7 años B-Amarillo KYUDOKAI




CATEGORÍA 4 Alevin continuación (blanco amarillo 10)

Clas NOMBRE Edad CINTURÓN CLUB
5º Jose Manuel GONZALEZ 10 años B-Amarillo KYUDOKAI
6º Ana TORREÑO 10 años B-Amarillo KYUDOKAI
7º Ana MENACHO 10 años B-Amarillo KYUDOKAI

9º Cristina ROLDAN 10 años B-Amarillo KYUDOKAI



CATEGORIA 5: Alevín medio (amarillo 9 y 10 / amarillo-naranja 9 y 10):

Clas NOMBRE Edad CINTURÓN CLUB
1º Mª Ángeles GARCÌA 10 años Amarillo KYUDOKAI
2º David JIMÉNEZ 10 años Amarillo KYUDOKAI




CATEGORÍA 8 Pre-juvenil Inicial (Blanco 13/ blanco-amarillo 13 y 14 / amarillo 14)

Clas NOMBRE Edad CINTURÓN CLUB
3º Lucas ROLDÁN 13 años B-Amarillo KYUDOKAI
4º Ana Mª ZAMBRANA 13 años B-Amarillo KYUDOKAI
5º Laura GUERRERO 13 años B-Amarillo KYUDOKAI
6º Laura BERENGENO 14 años B-Amarillo KYUDOKAI
7º Luis Miguel GUERRERO 13 años B-Amarillo KYUDOKA

CATEGORÍA 10 Senior Inicial (A partir de 15: Blanco, Amarillo Y Naranja)

Clas NOMBRE Edad CINTURÓN CLUB
5º Lorenzo LOBATO Senior Amarillo KYUDOKAI

KUMITÉ

INFANTIL MIXTO (10-12 años)
Clas NOMBRE Edad CINTURÓN CLUB

3º David JIMENEZ 10 años Amarillo KYUDOKAI
4º Ana TORREÑO 10 años B/A KYUDOKAI
5º Jose Manuel GONZALEZ 10 años B/A KYUDOKAI

PREJUVENIL MIXTO (13-15 años)

Clas NOMBRE Edad CINTURÓN CLUB

2º Lucas ROLDAN 13 años B/A KYUDOKAI
3º Luis Miguel GUERRERO 13 años B/A KYUDOKAI

8º Ana Mª ZAMBRANA 13 años B/A KYUDOKAI
9º Laura GUERRERO 13 años B/A KYUDOKAI
10º Laura BERENGENO 14 años B/A KYUDOKAI


SENIOR MASCULINO

Clas NOMBRE Edad CINTURÓN CLUB

2º Lorenzo LOBATO Senior (15)Amarillo KYUDOKAI



A todos ellos les expreso mi admiración por la odisea de realizar tan largo viaje y les felicito por sus logros en el campeonato, deseándoles mucho éxito en el futuro.




sábado, junio 13, 2009

AHORA ME TOCA A MÍ


Mi amiga Lady Luna ha escrito este entrañable cuento:

Ahora me toca a mí.

Érase una vez un payaso que, tras divertir con su presencia a los niños en un parque sin pedir nada a cambio, tomó asiento en un banco, suspiró y una lágrima manó de sus ojos tristes descendiendo hasta sus labios pintados.


Ella estaba allí, observándole con atención y curiosidad desde lejos. Dudó antes de acercarse a él, sentarse a su lado sin mediar palabra, y pensar... Los payasos también son humanos, se caen y necesitan lo que ofrecen, pero ¿quién hace reír a la sonrisa que llora cuando nadie la ve?

Él se giró para mirar a la joven que le acompañaba, que alzó una mano, le quitó la nariz roja postiza para colocarla en la suya, y dijo: "ahora me toca a mí."




Y es que las personas somos seres débiles, todos necesitamos un payaso en nuestras vidas que nos haga olvidar los problemas que atormentan nuestra calma y bienestar. Pero ellos también. Ellos también son humanos, también tienen problemas, se caen, se levantan y, por supuesto, también necesitan un rostro sonriente que les anime a seguir.

Son nuestros amigos. Aparecen cuando menos te lo esperas para quitarte la nariz roja y hacerte reír, porque ellos son así, porque nosotros somos así.

El agradecimiento es una virtud que el hombre no debería guardar en el cajón del olvido; la humildad, la sencillez, la compasión y el cariño tienen que ser nuestro mejor vestido; y la buena voluntad, nuestro guía.


Autora: MARÍA BELTRÁN

Conózcanla visitando http://sf-silence.blogspot.com/

jueves, junio 11, 2009

EL ATOMIUM

Foto tomada de http://www.euroferia.net/galeria/pages/CIMG2066.html
En estos días se viene celebrando la Feria de Cádiz en Bruselas. Tiene lugar en la alameda ubicada a los pies del Atomium.
El Atomium es un monumento de 103 metros de altura construido en acero y aluminio que se inauguró en la Expo de 1958. Estaba previsto su desmontaje a los seis meses, cuando finalizara el acontecimiento, pero a la vista del enorme éxito de público, ha permanecido orgullosamente en pie, observando el verde paisaje hasta nuestros días.
En 2004 lo cerraron para reformarlo, y dos años más tarde fue abierto de nuevo. Ahora cuenta con un ascensor central que sube a 5 metros por segundo.
El Atomium es la representación aumentada 16 mil millones de veces de un átomo de cristal de hierro. Son nueve esferas de dieciocho metros de diámetro cada una, comunicadas entre sí por gruesos y largos tubos, cuyos interiores esconden escaleras mecánicas o normales.
Al ver la preciosa foto que aparece en la prensa, ha surgido de algún recoveco de mi memoria el recuerdo del viaje que hicimos a Bruselas mi esposa y yo en un autobús fletado por la asociación de vecinos de nuestro antiguo barrio, Parque Alcosa, en Valencia. Un viaje que quiero compartir con ustedes.
Salimos de Valencia sobre las diez de la mañana, y dos horas más tarde comenzábamos a marearnos haciendo oídos sordos a los lastimosos quejidos que emitía el acelerado motor del vehículo
al subir lentamente el Puerto del Ragut, un estrecho trazado en zigzag al borde de un barranco situado en las cercanías de Segorbe, en cuyo fondo divisábamos con cierto temor tres o cuatro camiones y autocares destrozados en anteriores accidentes.

Foto: El autor de este articulo aligerado del peso de treinta años

Paramos en Zaragoza para comer y luego nos alcanzó la noche en Pamplona, invitándonos gentilmente a detenernos para pernoctar y visitar un poco la ciudad.
La siguiente etapa fue París, ciudad que todos sabían que yo conocía y por ello me invitaron a hacer de guía: los llevé a subir a la torre Eiffel, a ver el Trocadero, Notre Dame, el Arco de Triunfo y los campos Elíseos, el Sacre Coeur, Pigalle… Entramos en las Galeríes la Fayette, y ya anocheciendo cogimos la autopista del Norte para recorrer los trescientos Km. que nos quedaban hasta Bruselas.
A esas alturas, la mayoría de nosotros estábamos hasta los mismos c…. del viaje en autocar, más aún habiendo soportado estoicamente durante casi todo el trayecto español los anuncios de RENFE: “Papá, ven en tren”. Ahora, hartos de saltar en los asientos a cada bache, oliendo a tigre en celo, sin ducharnos desde que salimos de Pamplona, sin aire acondicionado ni nada, el dichoso anuncio nos parecía una burla.


En Bruselas visitamos el centro histórico y al segundo día fuimos al Atomium. Nos quedamos maravillados ante la originalidad del monumento. Unos peldaños conducen a la primera esfera, donde unas azafatas reciben al visitante y se adquiere el billete para subir a las esferas superiores. Los tubos enormes que unen las esferas son las escaleras mecánicas que conducen hasta ellas. Cada esfera era un museo o exposición de algo, la que más me gustó fue la dedicada a la electricidad y las transmisiones: allí estaban expuestos todos los medios que el Hombre había inventado para comunicarse: la primera pila eléctrica, la bombilla, la dinamo, el primer teléfono, la primera radio, la gramola, el telégrafo, hasta la televisión en color…
Un restaurante-cafetería en la esfera central, que nadie usó debido al precio abusivo, y el descenso por escaleras normales, tipo salida de urgencias, hasta la planta baja.
Por la tarde fuimos a visitar la ciudad cada cual por su lado. Mi esposa y yo entramos en una tienda tipo Corte Ingles, de varias plantas. Estuvimos mirando los libros, la ropa y los “souvenirs” para comprar algo para la familia y amigos. En el ático había un self service-restaurante y allí cenamos muy bien con una vista preciosa de la Grande Place
A la hora de pagar la cuenta entregué billetes de mil pesetas y no me lo aceptaron: querían francos. Miré en mis billetes por si aparecía la foto de Franco, pero no tuve suerte: el billete lo presidía la imagen de un obispo. Les dije que en la entrada exhibían el famoso cartel Cambio, Change, Exchange, y que yo entendía que cambiaban cualquier clase de moneda. No hubo manera. Alegaban que ese cartel era válido exclusivamente en el centro comercial, donde se encontraba la sucursal bancaria, pero no en el restaurante. Mi esposa se quedó de rehén junto a la caja mientras yo corrí a la planta baja a cambiar la moneda antes de que cerraran la tienda. Llegué por los pelos
.
Por un momento pasó veloz ante mí, sin detenerse, la idea de aprovechar la ocasión y dejar allí a mi esposa: comida no le faltaría, y ya le buscarían alojamiento. Una ocasión única de desaparecer y recuperar la soltería, la libertad; pero luego me dije que dónde iba a estar yo mejor que con mi querida Carmen, mi niña, la madre de mi hijo, mi compañera de fatigas y alegrías.
En ninguna parte. Por eso hoy, viendo las fotos del Atomium, recordamos aquella anécdota lejana y nos reímos juntos.
El viaje de retorno fue rápido: Bruselas- Andorra, donde nos detuvimos para pasar la noche y comprar aparatos a bajo precio y pasarlas a España de contrabando: cámaras de fotos, aparatos de música, magnetófonos, tabaco y licores. Al día siguiente por la noche, y reventados de tanto autobús, llegamos a Valencia.

lunes, junio 08, 2009

EL PODER DE LA MENTE



Vergel (Alicante). Año 1962.
Me habían invitado a comer paella en casa de mi novia: “Mi madre me ha dicho que el domingo vengas a comer a casa. Dice que es mejor que hablemos donde ella pueda vernos que en los portales y esquinas de la calle”, me dijo la chica.
Yo me sorprendí, pues sabía que sus padres me detestaban, que deseaban algo mucho mejor para su hija que un pobre andaluz que no tenía donde caerse muerto. Había un chico valenciano, futuro heredero de una finca de diez hectáreas de naranjos en plena producción, amigo de la familia de mi novia, que estaba prendado de ella y entraba y salía de su casa como si fuera la propia, cosa que a mí me estaba vedada aún.
Nada más llegar intuí que pasaba algo, pues mi novia se hallaba al fondo del pasillo muy seria y con los ojos rojos, como de haber llorado. Alguien, apostado detrás de la puerta, la cerró cuando entré. Era su tío Francisco: un hombre fornido, de treinta y tres años, mucho más alto que yo, de ojos azules y pelo ensortijado impregnado de brillantina, quien, sin mediar palabra, me arreó un puñetazo que me tiró al suelo. Patadas y golpes indiscriminados me llegaban de todos lados. Mi novia chillaba al fondo del pasillo, presa de un ataque de nervios. “Esto es para que sepas que no debes acercarte más a mi hija, que no queremos verte más junto a ella ni que le escribas”, gritaba la madre enfurecida.
Finalmente, el padre, tan buen hombre como calzonazos, apartó a su cuñado y me ayudó a levantarme.
Yo me fui a casa caminando tres kilómetros, pues no me encontraba bien para conducir mi motocicleta, una GAC, negra, de 70 c.c.

Cuando llegué a mi casa con el rostro ensangrentado y deforme, la camisa rota y sucia, mi madre dio un grito y se quedó mirándome cubriéndose la boca con las dos manos. Mi padre me llevó al cuartel de carabineros de la cercana playa y puso una denuncia. Al regresar a casa, mi madre no estaba: había ido ella sola a enfrentarse a la familia de mi novia. Días más tarde, ésta me contaba que mi madre se había plantado delante de la casa y llamó a gritos a su madre y a su tío. Cuando ambos salieron, les dijo:

“¿No les da vergüenza tender una trampa para pegarle así a un chiquillo? ¡Yo os juro que el que le ha puesto la cara así a mi hijo nunca más podrá pegar a nadie con esas manos!”

No sé si sería casualidad, pero no habían pasado tres semanas cuando la polea del motor de la empresa en que trabajaba el tío de mi novia le atrapó los brazos y se los cortó. Esta historia es comprobable:
Este hombre lleva desde entonces vendiendo cupones de la ONCE en Denia (Alicante), Se llama Francisco G. Es natural de Villarrobledo, y vivía desde hacía varios años en Vergel. Hace cinco años estuve en ese pueblo en casa de mi hermano, y me dijo que Francisco aún vivía.


Desde aquél día me interesé por los poderes paranormales, (la brujería, como decía mi madre): telepatía, sugestión, hipnotismo, videncia… Me compraba libros especializados en esos temas, y ponía en práctica los ejercicios que sugerían sus páginas. Sin resultado.

Años más tarde, en París, asistí a un curso en una escuela de Ciencias Paranormales, con la intención de aprender a hipnotizar y conseguir por ese medio doblegar al más pintado; pero el profesor me dijo que eso no era ético y, además, imposible: para hipnotizar a una persona se requiere el consentimiento y predisposición de ésta; no se puede hipnotizar a alguien contra su voluntad.
Y dejé de interesarme en esa asignatura.

Pero me inicié en otros poderes de la mente que no requieren la aprobación de nadie: telepatía, visualización, autosugestión, videncia… y magia negra.
¿No sucede a veces que alguien esté pensando en una canción y la persona que está al lado la cante?, o qué vaya a decir algo y otro se le adelante, o que tenga ganas de bostezar y a otros se les abra la boca… Eso es simpatía telepática involuntaria, lo que popularmente se conoce como transmisión de pensamiento.
Lo ideal es saber provocar esa transmisión cuando se precise. En aquella escuela enseñaban a hacerlo.

En Sudáfrica asistí a una sesión de vudú y comprobé que seguía las mismas pautas que había aprendido en aquella escuela, sólo que no ya no hace falta sacrificar animales en rituales crueles: todo se realiza con la mente. Lo que se requiere es la concentración, el deseo y la frase adecuada en el momento preciso.

Pero lo que más me llamó al atención en aquella ocasión fue un dibujo hecho con piedras en el suelo de la cabaña: era el escudo protector del hechicero.
Yo tengo un escudo protector que actúa automáticamente: si alguien me hace mucho daño, éste se vuelve contra él.

Ejemplos:
Hubo en Jerez un empresario que logró que Dragados y sus empresas subcontratistas me pusieran en una lista negra para que no encontrase trabajo. Y todo eso porque él me debía trescientas mil pesetas, de las de 1983, y lo llevé a Magistratura.
Gracias a sus gestiones, estuve trece años sin poder trabajar en el sector naval en la Bahía de Cádiz, y me tuve que marchar otra vez a recorrer el mundo con la maleta a cuestas: Madrid, Huesca, Salamanca, Cáceres, Málaga, Pontevedra, Almería…
Seis meses después de inscribirme en la lista negra, el empresario sufrió un infarto mientras conducía su coche para ir a trabajar.

En el año 2000, hubo un encargado en Astilleros que no me dejaba entrar en ninguna empresa de la factoría, pues cuando se enteraba de que me habían contratado les contaba mi aventura en Dragados y las empresas me despedían enseguida.
Él, a pesar de ser un recomendado, también fue sucesivamente despedido de todos sus puestos, algunos muy buenos en la Junta de Andalucía, hasta que finalmente falleció de un infarto.

Un compañero que fue pagado por la dirección de la empresa Bahía Industrial para provocarme cuando yo ejercía de Presidente del Comité de Empresa, que me agredió físicamente y declaró en mi contra para que revocasen mi mandato y pudieran echarme, fue despedido tras seis meses de baja por sufrir un infarto. Vivía con una válvula. hace tiempo que no le veo.

Puras coincidencias, dirán ustedes. Y seguro que aciertan.

Conocer los fenómenos paranormales me ha procurado algunas cosas buenas también a lo largo de mi vida.

Todo el que ha estudiado estas prácticas misteriosas sabe que no debe usarlas malévolamente ni como venganza, que es Dios, o El Poder, quien pone a cada uno en su lugar. 
Debe mostrarse amable y atento con el prójimo, perdonar sus ofensas y desearle siempre lo mejor. Sabe que tampoco puede pedir dinero ni riquezas para sí mismo. Es inútil, pues, intentar acertar una quiniela o la lotería Primitiva, por ejemplo. Pero sí se puede acertar un resultado de partido de fútbol si se dan las condiciones de silencio y relax que requiere el ejercicio. El Real Madrid—Barcelona yo había apuntado 0- 4. No es el resultado exacto de goles lo que se debe valorar, sino el hecho de ganar por goleada en campo contrario.
El poder de la Mente, esa desconocida, es prodigioso.


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viernes, junio 05, 2009

MEMORIAS DE ÁFRICA, 1


Secunda, Transvaal, una tarde cualquiera de verano del año 1981.

El Sol está recostándose en el lecho del horizonte, hacia el noroeste, observando desde un cielo de plata la figura del enorme complejo petroquímico de Sasol, con sus altas chimeneas vomitando humo y vapores sin descanso.
Curiosamente, el Sol en Sudáfrica lo vemos a nuestra espalda, casi encima nuestra o más bien tirando hacia el Norte, según las estaciones, y no como en España, donde lo vemos al medio día situado al Sur.

Secunda está edificada a 150 kms de Johannesbourg, en medio de una extensa planicie ocupada por granjas diseminadas aquí a allá, dedicadas a la crianza de avestruces o de ganado vacuno las unas; a la siembra de ananás y otros frutos tropicales, las otras. Mientras la vida transcurre apaciblemente en la superficie, a miles de metros de profundidad rugen las máquinas extractoras del abundante carbón que se esconde en sus entrañas.


Voy caminando por la carretera que va desde la refinería de Sasol a Secunda, acompañado de mi amigo Pascasio, natural de Zamora. Vamos a la taberna de estilo inglés del Centro Comercial Holliday, como cada tarde después del trabajo, para bebernos unas copas lejos del complejo industrial.
A mitad de camino aparece un poblado formado por medio centenar de chabolas construidas con ramas, uralitas o tableros desvencijados. Son las viviendas de los obreros negros que, tratados como esclavos, realizan las pesadas labores de las haciendas. No se les permite beber alcohol, viven rodeados de basuras, y las latas aplastadas de Coca Cola se amontonan por todas partes. Las zanjas laterales del camino
que conduce al poblado se han convertido en arroyuelos de orinas y excrementos. Los domingos, los vecinos se visten con sus mejores ropas, se reunen en grupos y se sientan en la hierba junto a la carretera, donde permanecen durante horas bebiendo refrescos y fumando marihuana.

El domingo anterior, al medio día, Pascasio y yo nos atrevimos a adentrarnos en el poblado. Al llegar a las primeras chabolas sus habitantes salieron a nuestro encuentro, nos escupieron y nos injuriaron en una de sus docenas de lenguas tribales. Asustados, llamamos a gritos a Ngbaka, uno de nuestros peones, que nos había invitado a ir allí para presentarnos a su familia y a la última de sus hijas, una niña recién nacida. Cuando él apareció, abriéndose paso entre sus vecinos, les dijo algo en un lenguaje desconocido por nosotros, que sólo entendíamos algo de inglés, francés o español. Todos se alejaron de pronto, inclinando sus cabezas en señal de respeto.

Entramos en su casa, una habitación de no más de nueve metros cuadrados, cuyos muros eran de cartones, planchas de madera y techos de Uralita resquebrajada, que vertía en el suelo gota a gota el rocío acumulado de la noche. Su esposa, una mujer bantú, gruesa y de mirada triste, cubría su rapada cabeza con un pañuelo a modo de turbante. Según él, la mujer tenía menos de treinta años, pero aparentaba pasar de los cincuenta. En ese momento se hallaba dando de mamar a su pequeña.
Tenían tres hijas más, pero no estaban con ellos: habían ido a visitar a la abuela a otro asentamiento. Mi compañero llegó a entenderse con ellos en inglés, y el hombre le entregó una caja de detergente llena de hierba seca y apretada a cambio de un par de cervezas que habíamos comprado para el camino.


Pascasio y yo hemos recorrido a pie cinco kilómetros y por fin nos hallamos en la Taberna de Secunda, rodeados por nuestro jefe, Michael, y tres o cuatro sudafricanos empleados de la refinería, que se habían bebido ya media docena de cervezas cada uno mientras escuchaban a un grupo musical que interpretaba en ese momento la canción The Boxer, de Simon and Gardfunkel
. Y cuando, tras varios minutos de conversación sobre nuestras actividades y proyectos, les contamos nuestra anterior experiencia en el poblado bantú, vimos cómo se les cambiaba el rostro, enrojeciendo por la ira, y todos se abalanzaron contra nosotros, insultándonos, nos zarandearon y nos echaron a la calle como a perros, pues según ellos, los que ayudan a los perros deben irse a vivir con ellos. Y ya que estaban animados la emprendieron a patadas y puñetazos con un negro que estaba tranquilamente tomando el aire sentado en un banco ubicado enfrente de la taberna.

Al día siguiente Michael, un escocés al que
la empresa Texas Petroleum Company había puesto de Jefe de Obra, nos llamó a su oficina y nos advirtió de que estaba prohibido toda clase de confraternización con los nativos, y que de seguir así, hablando con ellos y ofreciéndoles alcohol, acabaríamos en la cárcel.

Una pregunta me asaltaba cada uno de los días que viví en aquel lugar: Si las relaciones personales estaban prohibidas entre blancos y negros, ¿por qué existían tantos mulatos en Sudáfrica?


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