miércoles, diciembre 07, 2011

LA BERREA

En el mes de septiembre tiene lugar en la Sierra de Cádiz  la  berrea: la llamada de los ciervos en celo. Ésta dura aproximadamente un mes.
Un domingo, hace una docena de años, fuimos un  grupo de cuatro  amigos de El Puerto a la sierra  a presenciarla. Aparcamos el coche en el arcén de la carretera que conducía al pantano de Los Hurones y nos apeamos. Yo saqué mi cámara de fotos, dispuesto a llevarme un buen recuerdo. 

Una densa masa forestal  compuesta  de robles, castaños, quejigos y arbustos  aparecía ante nosotros, y de ella provenían los balidos de los ciervos que escuchábamos. La finca es un parque natural protegido, conocido como Montes de Propio, propiedad del Estado, y estaba delimitada por una cerca de alambres y algunos letreros indicaban la prohibición de traspasarla. 


Esperamos al menos veinte minutos antes de que apareciera un hermoso ejemplar de venado con  largas astas. El animal se puso a olisquear el aire y de pronto emitió un bramido que resonó en la montaña, repetido por el eco en unos enormes peñascos.
En esa época, los  machos intentan conseguir  el máximo número posible de hembras y las conducen  a zonas donde el alimento es abundante. Un solo macho puede proteger a varias hembras, pero encontrará  otros  venados que  intentarán disputárselas, de modo que las  peleas  entre ellos se sucederán continuamente, y  conllevarán roturas de cuernas.  

Durante la berrea el macho apenas come y pierde varios kilos de peso, defendiendo su harén y su territorio en los enfrentamientos con sus oponentes.

El venado no tardó nada en descubrirnos, y desapareció en la maleza. Nosotros regresamos hacia El Puerto, pero antes,  tras recorrer poco más de veinte kilómetros, nos detuvimos en la Venta del Tempul  para tomamos unas cervezas con chicharrones. Entonces entró en el local Felipe, un amigo mío de Algar, al que  no veía desde la fiesta local de la Virgen de Guadalupe,  en el mes de mayo,  y me invitó a quedarme en su casa. No pude negarme porque insistió mucho, incluso ofreciéndose a llevarme en su coche a mi casa al día siguiente. 


Cuando se fueron mis vecinos portuenses, Felipe me dijo que esa misma noche, después de cenar,  me llevaría a ver los ciervos. Y así fue.

Serían las once de la noche cuando ambos fuimos a una  casa situada en la ladera del monte para reunirnos con tres hombres que  estaban esperando a mi amigo. Al verme se mostraron recelosos, pero Felipe  les dijo que yo era de confianza y que  sólo venía a mirar. Después de advertirme de que guardara silencio durante todo el tiempo para evitar a los guardas del bosque, nos  fuimos por una vereda hacia la cima de la montaña. Había luna llena y se podía caminar sin peligro. Yo sentía temor al ver que todos iban armados con escopetas, pero mi amigo me advirtió que no pasaría nada, que todo estaba controlado. Al cabo de una hora de marcha llegamos a una meseta desarbolada y nos apostamos en el borde tras unos lentiscos. Todos guardábamos silencio con la mirada fija en el claro del bosque que había enfrente.



 Llevaríamos media hora agachados y ya me dolían las piernas de mantener esa postura,  cuando un hermoso gamo irrumpió en el claro. Los hombres cargaron despacio sus escopetas; yo saqué mi cámara de fotos, y en el momento en que el animal notó nuestra presencia y alzó su cabeza, presioné el botón, se disparó el flash y el gamo salió huyendo.
De pronto vi  dos escopetas encañonándome y a sus dueños, furiosos, maldiciéndome, insultándome  y amenazándome con pegarme un tiro. Mi amigo, aunque enfadado conmigo, salió en mi defensa y se puso delante. Ellos bajaron las  armas,   asombrados y confusos por lo que acababan de hacer. Por lo visto, el plan era matar un venado, descuartizarlo en el monte y bajar los cuartos a hombros entre todos.
Todos regresamos al punto de encuentro  guardando el rencor y sin pronunciar palabra por miedo a ser descubiertos por los guardias del SEPRONA, en cuyo caso acabaríamos en la cárcel. Yo me fui con Felipe a su casa  y fue entonces que alcancé a comprender el peligro que había vivido: si un cazador ofuscado me hubiera pegado un tiro en plena sierra,  nadie me  hubiera encontrado y hubiera  servido de alimento a los  buitres.
Nunca más he vuelto a reunirme con cazadores; los detesto. Si por ellos fuera, no quedarían ni gorriones. La caza era el  único modo de sobrevivir de los hombres primitivos;  pero ahora se caza por vicio, no por necesidad, y poco a poco se acaba con la fauna. ¿Qué dejaremos para nuestros descendientes? ¿Tendrán que ir a un zoológico para saber lo que es un conejo o una tórtola?
 Pero claro, si hasta el Rey, a quien nada le falta,  se fue a cazar osos pardos a Hungría y Rusia, ¿qué ejemplo podemos darle  a los que carecen de trabajo?

http://javarm.blogalia.com/historias/22288
http://www.20minutos.es/noticia/164094/rey/caceria/rusia/

10 comentarios:

  1. Malditos sean mil veces.
    Cobardes asesinos.
    Deberían pudrirse en la cárcel.

    Saludos.

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  2. Pues sí Juan. Tenías que haber sentido el miedo nada más verlos, por que los peligrosos eran ellos, los de las escopetas.
    Servidora no hubiera ido de noche con ellos a ningún sitio. Fuiste un valiente.
    Miedo me dan todos los de las escopetas.

    Saludos

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  3. Que peligro!!! De lo que te libraste. Te pasaría a ti como lo que pasa a los pobres perros, que cuando ya no les sirven los matan o los dejan en el bosque.

    Te invito a que leas y pinches en los links de lo que publiqué en Octobre:
    http://conversasdecafe-flor.blogspot.com/2011/10/los-latidos-del-bosque.html

    Besos
    Flor

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  4. Es una lastima que se siga cazando solo por diversión, no entienden que estamos acabando con la naturaleza.
    es una verdadera lastima.

    hasta pronto Mario

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  5. Dicen, ellos dicen que es un deporte...Yo digo que también es deporte es caminar con un bastón, si se quiere, al hombro y no se daña nada ni a nadie.

    Que digo yo que, con amigos cómo ese, quién quiere enemigos?

    Saludos

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  6. Sí, Toro, ¡Malditos sean todos ellos!
    Me duele el corazón cuando veo que con mis impuestos se pagan programas de televisión como el "Jara y sedal" donde inician a los espectadores a las diversas formas de caza y pesca, sabiendo que ya no queda nada en nuestros ríos y que por tal motivo se construyen piscifastorías. O ese otro programa de una emisora de radio de los fines de semana, que justifica la caza porque dice que equilibra la fauna. Al parecer en las monterías sólo le disparan a los ciervos y jabalíes enfermos. Es decir: los animales corren con su historial médico a la vista y si están graves entonces lo matan para que no sufran.¡Hijos de puta!
    Saludos.

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  7. María,no fui valeiente, no.Un valiente hubiera dado media vuelta y los hubiera denunciado a la Guardia Civil; pero ya sabes: por no quedar mal con el amigo y su familia...
    Aunque dede entonces no he vuelto a salir con él ni a tomar copas cuando voy al pueblo.Un beso

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  8. Sí, Flor. Aquí en mi barrio hay dos hermanos cazadores que me criticaron en el bar cuando se enteraron de que yo había llamabado al veterinario para que sacrificara a mi perro. Ellos decían que si fuera suyo e hubieran colgado en el bosque. Es lo que hacen siempre.
    ¡Salvajes!
    Un beso

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  9. Hola, Mario. La caza es un gran negocio también para el Estado: Cobran muchos impuestos por tenencia de armas y certificados médicos, y por autorizar las monterías.
    Todo es una mentira: ponen guardias para proteger la fauna y al mismo tiempo venden armas y autorizan a los hombres que pagan para cazarlas.
    Es como el tabaco,prohiben fumar, pero venden el tabaco. ¿No sería mejor no vender ni tabaco ni escopetas? Un abrazo.

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  10. Hola, Trini: es complicado defender los ideales y el amor a los animales en un mundo en que se ensalzan ciertas actividades como inherentes al hombre. Desde pequeño se crece en una sociedad en que el tener un arma es signo de riqueza, y el enfrentarse a un jabalí es valentía, lo mismo que enfrentarse a un toro en la plaza. Mi amigo es de familia adinerada y ha crecido en ese ambiente. Es de los pocos que tenían armas y cotos de caza. No dudaba en viajar hasta Madrid para ver una corrida importante, y adora las escopetas.Su padre, como empresario era bueno y noble, y ayudó a mucha gente del pueblo en los años del hambre repartiendo teleras de pan. Es la cultura española la que los ha convertido en animales depredadores que quieren acabar con todos los animales.
    Yo no comparto esas ideas, estuve asociado dos años a PETA y Animanaturalis en sus campañas contra las corridas de toros y los abrigos de pieles. Ahora ya no colaboro con ellos, pero les sigo y alabo en sus manifestaciones.

    De todas formas,dices bien: si estos amigos son los buenos, ¡que serán los malos! Un beso, guapa.

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