jueves, septiembre 29, 2011

¿QUÉ LIBRO ESTÁ LEYENDO EL DONCEL DE SIGÜENZA?

¿Por qué lleva el Doncel un libro? ¿Qué está leyendo el Doncel?

He aquí las preguntas que durante siglos se han hecho todos los que se han detenido ante su tumba. Y para mí ha sido suficiente pasar tres días en Sigüenza para hallar la respuesta. ¡Ay, Dios, qué sería el mundo sin mí!

Entiendo vuestra frustración al no poseer una mente privilegiada como la mía; consuélense sabiendo que tampoco comparten mi delicada situación económica.

Para llegar a conocer la verdad hube de descartar opciones, tal como hace mi médico de cabecera. Precisamente, unos días antes del viaje, fui a la consulta y le dije: Doctor, me duele la garganta y estoy afónico. Y tengo que ir a un recital de poesía este fin de semana... ¡cúreme usted, por favor!

Y el galeno me mira muy serio por encima de sus gafas y pregunta:

—¿Está usted estreñido? ¿Hace usted regularmente sus necesidades?

—¡Pero doctor...! Qué tiene que ver...

—Hombre, no es lo mismo coger el Diario ABC o el semanario Hola y sentarse a leer tranquilamente en la taza del vater mientras su organismo trabaja de oficio, que pasar un rato con la boca cerrada y apretando... Eso hace que se le inflame la garganta...

— Pues no, doctor, yo voy bien.

Descartado pues.

¿Fuma?

—No.

—Descartado. ¿Vive con su suegra?

— No.

Descartado. ¿Está en el paro?

— ¡NOOOOO!

Y sigue descartando opciones hasta que da con la buena:

—¿Sale usted de noche?

—Sí, a veces.

—¿Suele beber cubatas?

— Sí, doctor. Me suelo tomar tres o cuatro al día con los amiguetes.

— ¡Pues quítele el hielo, coño!

Pues ése es el método que he seguido para esclarecer el enigma del Doncel. Vayamos por partes:

En aquella época, la costumbre de los escultores y pintores era mostrar a los reyes y personajes importantes de la Historia tal como habían muerto: A Jesucristo, crucificado y con el cuerpo y la cabeza cubierto de heridas; a San Sebastián, atado a un poste con su cuerpo adornado de flechitas; Juana de Arco, ardiendo en la barbacoa; a los Amantes de Teruel, ambos acostados y cogiditos de la mano; a los Reyes Católicos, en camas separadas, vestidos y bien arropados porque la reina se lavaba el tete cada seis meses y aquello olía que....

Siguiendo esa costumbre, lo lógico sería que el Doncel apareciera tumbado en la piedra con la espada en una mano y la cabeza bajo el brazo. Como San Dionisio. Porque el Doncel fue decapitado.

Y sin embargo lo vemos recostado y relajado, leyendo un libro.

Y yo, en la soledad de la noche seguntina, mientras escuchaba el cri cri de los grillos y los ronquidos de mi mujer, me preguntaba: ¿por qué, por qué, por qué...?

Vamos a ir descartando opciones:

¿Estaba estudiando?

El Doncel no fue enviado a Granada a estudiar en la Universidad, sino a luchar por el Rey y hacer méritos para recibir en premio algún castillo, señorío o marquesado. Y eso sólo se conseguía estando de guardia las 24 horas del día matando moros, no buscando una sombra para tumbarse y estudiar. Descartado.

¿Está posando para un anuncio de ropa interior, como el Beckan o C. Ronaldo?

¡Obviamente no: no se le ven las tabletas de chocolate! Descartado.

¿Estaba posando para un anuncio pagado por las editoriales? ¿Promocionando algún libro quizás?

La imprenta hacía poco que se había inventado y las editoriales estaban desbordadas de trabajo editando biblias y recopilando cientos de miles de códices antiguos traducidos por los monjes cristianos, judíos y árabes. Sólo imprimían por encargo y había listas de espera más largas que en la Seguridad Social. No; no necesitaban de ninguna promoción. Descartado pues.

¿Estaba, pues, leyendo su ejemplar de la Biblia?

No; no era conveniente que un guerrero llevase una Biblia en su mochila: ello podía confundirlo a la hora de tomar una decisión: En algunas páginas de la Biblia, Dios ordena apropiarse de la Tierra Prometida matando no sólo al enemigo sino a sus mujeres ancianos y niños, para borrar la mala semilla de la faz de la Tierra. Hasta ahí not problem, era para hacer eso precisamente que había ido el Doncel; pero de pronto aparece Moisés paseándose por el desierto con las tablas de los diez mandamientos a cuestas que dicen: No matarás, no robarás, no desearás la mujer de tu prójimo. Ama al prójimo como a ti mismo... ¡Joder! ¿Entonces, qué hacemos?

Me imagino lo que pasó en la colina en la que luchaba el Doncel: estaba el moro derrotado en el suelo esperando que el Doncel lo matara, y éste de pronto recuerda lo que ha leído la noche antes en la Biblia y duda sobre lo que debe hacer, y duda, y duda, y duda... En esto que el moro levanta la pierna y le da una patada en el sonajero y el Doncel que cae al suelo y el otro le quita la espada y...¡zasssss!: Cabeza rodando cuesta abajo. ¡Y menos mal que llevaba el casco puesto, que si no... le ponen encima una multa!

No, no podía ser. Descartada la Biblia.

¿Entonces qué clase de libro era? ¿Una novela? En aquel tiempo no existía el Corte Inglés, ni el Carrefur, ni la Casa del Libro, ni Amazon ni librería donde comprarse un libro de bolsillo para leer en el campo o en la playa. No existían libros de caballería, ni del Quijote, ni Cuéntame lo que pasó ni nada de eso... Descartados.

¿Entonces...?

Fue leyendo el libro que compré en el anterior encuentro de poetas en Granada, “Crónicas moriscas”, de Irving, que una antorcha como la de la estatua de la Libertad se encendió en mi mente. En efecto, Irving afirma que en la Edad Media la Virgen y los ángeles solían aparecerse de improviso a los reyes y a los nobles cristianos para aconsejarles en las batallas contra los moros y anunciarles el futuro. Se han dado casos en que ángeles montados a caballo han ganado batallas en beneficio del Rey Sancho.

¡Es lógico!: en el Cielo entonces no tenían Canal Plus, ni el programa del Sálvame, ni a la Belén Esteban, ni al Arguiñano, ni la Play Steison..., y la gente se aburría como ostras mirando a Dios y cantando todo el tiempo “Aleluya, aleluya”, pues no tenían otra cosa que hacer ni podían practicar sexo para entretenerse. Por eso, los que podían escaquearse, bajaban a curiosear a la Tierra y le sugerían ideas a los cristianos para tocarle los huevos a los moros.

Y un día se hallaba el escultor dándole vueltas al bloque de granito con el cincel y el martillo en la mano, y se presenta el ángel y le dice:

— ¿Qué haces?

— Pues ya ves, aquí. No sé si ponerle al Doncel la cabeza en su sitio pegada con loctite o esparadrapo, por si acaso no gusta, o colocarla al lado bajo el brazo.

—¡Pero hombre...! Olvídate del arte obsoleto y macabro que practican los escultores vulgares! ¡Crea algo distinto, hombre, algo original! Hazme caso: piensa en futuro, no en pasado. Dentro de unos años no habrá guerras en España y la gente sólo admirará las esculturas que transmitan alegría y paz. ¿Tú crees que los turistas que visiten la catedral se detendrán a ver tanta barbarie? ¡Venga ya! Presenta a tu Doncel recostado y sonriendo apaciblemente.

Y el escultor le agradeció el consejo con una sonrisa de oreja a oreja y comenzó febrilmente a picar la piedra con una mirada de loco, disfrutando desde ese momento el éxito de su trabajo.

Y el ángel, viendo que el artista estaba absorto en su trabajo y ya no le hacía ni puto caso, le dijo:

—Y ten en cuenta que el día 24 de septiembre de 2011 se celebrará, aquí en Sigüenza, el V Encuentro de Poetas en la Red. ¡No olvides ponerle en la mano un poemario!

¡Et voilá la reponse: ¡EL DONCEL ESTÁ LEYENDO UN POEMARIO!Safe Creative #1109160074537

martes, septiembre 27, 2011

V ENCUENTRO DE POETAS EN LA RED

¡Ya estamos en casa! Nos hemos traido ejemplares del libro que contiene todos los poemas que se han leído, y algún otro pequeño recuerdo de Sigüenza.

El V Encuentro de Poetas en la Red ha sido un éxito y todos los que hemos asistido hemos disfrutado muchísimo no sólo por haber leído nuestros poemas en público sino porque nos hemos podido reencontrar algunos conocidos de otros encuentros y a la vez hemos conocido a otros nuevos.

El Ayuntamiento de Sigüenza nos ha ofrecido un salón de actos y se ha encargado de darle publicidad al evento colocando carteles en las calles, así como la presencia de una cámara de televisión. La noticia ha salido en algunos medios digitales y en un diario de Guadalajara. Las fotos las he subido a Picasa en dos partes, espero que podáis verlas.

Sigüenza es una ciudad de calles medievales, que gira en torno a su catedral y a su enorme castillo, hoy convertido en el Hotel Parador. Toda la ciudad vive volcada al turismo, como dan fe los numerosos establecimientos de hostelería, sus hoteles y tiendas de souvenirs.

Mi esposa y yo nos hospedamos en el Hostal Puerta Medina, una casona restaurada del siglo XVIII, de dos plantas, que ofrece 9 habitaciones. La mía tenía un balcón que daba a un patio interior de exuberante naturaleza.

Los muebles son muy antiguos, pero confortables. Dan un toque romántico que te sumerge en otras épocas. las habitaciones tienen cuarto de baño completo, televisión y wifi. En la calle, frente a la puerta, abunda el aparcamiento a pesar de que el hostal se halla a cien metros de la catedral.

El trato de Concha, la propietaria, ha sido exquisito, muy familiar. En los restaurantes se come muy bien, son especialistas en asados de cordero y cochinillo en hornos de leña, regados con buenos vinos manchegos. La gente es amable y servicial en general, aunque como en todas partes siempre hay una excepción que destaca sobre la blancura inmaculada del buen hacer de todos los demás y logra amargar la tarta más dulce.

Pero eso os lo contaré mañana en mi blog de viajes, que podéis encontrar pinchando en el enlace lateral llamado ELSA

La prensa alcarreña se ha hecho eco del Encuentro de poetas y lo publicaba de esta manera: En diarios digitales:

www.guadaque.com

En periódicos locales:

Redacción Lunes, 26 de Septiembre de 2011 18:38




Sigüenza se llenó de poetas en red

Noticias - Provincia

A partir de la tarde del viernes pasado las calles de Sigüenza comenzaron a acoger a literatos y aficionados a la poesía que al día siguiente iban a participar en el V Encuentro de Poesía en la Red. Tuvo lugar al día siguiente, 24 de septiembre, en el Centro Cultural “Los Arcos”, cedido por el Ayuntamiento para la ocasión.


En la mañana del sábado un grupo de poetas realizaron la visita guiada a la catedral de Sigüenza y todos quedaron encantados con su monumentalidad inspiradora y también con la erudición que mostró el sacerdote guía, el canónigo archivero de la Catedral, Felipe Gil Peces-Rata. A este V Encuentro acudieron medio centenar de poetas venidos de toda España para intercambiar sus versos de viva voz. “Fue una jornada en la que reinó la cordialidad y el amor por las letras. Se leyeron poemas de todos los estilos unidos en un alto nivel literario”, describe Ana Montojo, organizadora del evento.

Asimismo el V Encuentro sirvió también para hacer entrega a sus asistentes de la Antología Poética conmemorativa del evento, cuya portada ha ilustrado el magnífico dibujante catalán Isidre Monés, con una versión moderna del Doncel. El Encuentro quedó dividido en dos partes, con un descanso para estirar las piernas. En ambas sesiones intervinieron todos los poetas participantes más algunos que no estuvieron presentes a los que pusieron voz otros compañeros de letras.

La tarde terminó con un emotivo homenaje al extraordinario poeta y cantautor, fallecido el pasado 3 de abril, José Luis Zúñiga (Zuñi). Los poetas escucharon emocionados algunas de sus canciones. La organizadora Ana Montojo se encargó de poner fin a este V Encuentro que acogió la ciudad de Sigüenza leyendo dos poemas de este autor desaparecido. Representando al Ayuntamiento de Sigüenza estuvo presente el concejal de Turismo, José Luis Alguacil.

Historia del Encuentro de Poesía en Red:

Esta quedada poética tiene su origen en los blogs que publican en Internet sus participantes. A través de ellos y leyéndose unos a otros fue extendiéndose una tela de araña poética que en septiembre de 2009 y a iniciativa del poeta canario José Alberto Socorro, se materializó en el primer Encuentro de Poetas en la Red. Tuvo lugar en el Café Gijón de Madrid y tanto el éxito alcanzado como la satisfacción de conocerse personalmente entre sí poetas de toda España, escucharse en directo e intercambiar experiencias y sensibilidades poéticas, alentó la idea de fijar un nuevo encuentro cada seis meses, extendiendo geográficamente su celebración por toda España.

En marzo de 2010 el Encuentro se trasladó a Zaragoza. Nuevamente, y a pesar de cambiar de comunidad autónoma, el número de asistentes creció, entusiasmando a los poetas, que prepararon nada más terminar el segundo el que iba a ser tercer encuentro en la ciudad de Alcalá de Henares en septiembre de 2010. La ciudad de Cervantes, siempre simbólica e inspiradora, se llenó de poesía y camaradería.

Aupados por el entusiasmo de los asistentes, el Encuentro, ya transformado en una movida poética, se trasladó a la ciudad de Granada en la primavera de 2011. Sigüenza ha acogido este fin de semana el V Encuentro.

domingo, septiembre 18, 2011

¡ HA PARIDO LA NIÑA !

El próximo viernes tendré en mis manos el libro que reúne los poemas que leeremos los 46 autores que asistiremos al V Encuentro de Poesía en la Red, que se celebrará, si nada lo impide, en Sigüenza el día 24.

Según dice nuestra amiga Ana Montojo, poeta organizadora del evento, los participantes se han reservado 222 ejemplares; pero la caja que veis contiene 300 libros, en previsión de que alguna persona de las que no pueden asistir desee adquirir un ejemplar.

Los ejemplares salen a 3 euros; a los que tenéis que añadir los gastos de envío, o sea: menos de 10 euros todo incluido.

Si queréis algún ejemplar pedídselo a Ana, que ella os informará. El correo de contacto que aparece en su blog es: lasolateras@gmail.com:

Como todos mis compañeros, quiero mostrar públicamente mi agradecimiento a Marcelo (el que aparece en la foto con un ejemplar del libro), que se ofreció desinteresadamente para diseñar la portada y maquetarlo, logrando un resultado espectacular, y ha trabajado como un negro para que, en un tiempo record, el libro esté listo en el Encuentro de Sigüenza.

A Isidre Monés, por el dibujo de la portada.

Y también al Ayuntamiento de la ciudad, en concreto a Sonsoles, su concejala de Cultura, por su apoyo y por cedernos el local y hacernos los carteles que, según mis noticias, ya se pueden ver en las calles y plazas de Sigüenza.

martes, septiembre 13, 2011

«EL CASO CASTILBLANCO »

Su madre se lo había explicado cientos de veces. Ella apoyaba sus afirmaciones mostrándole los periódicos y revistas que celosamente conservaba porque hablaban del caso; pero aunque ella lo hubiese ocultado, Julio lo habría sabido: en todos los lugares a los que había ido buscando trabajo, fuere en Aragón, Valencia, Barcelona o Murcia, cuando le preguntaban de dónde era y él respondía de Castilblanco, la gente le miraba con ojos espantados y exclamaba: « ¡El pueblo de los salvajes asesinos!» Y todos le rehuían. Incluso en la mili solían asignar a los soldados procedentes de Castilblanco los peores trabajos y el mayor número de guardias. Julio aseguraba que era de Hinojosa del Duque, el pueblo de al lado, pero el domicilio que figuraba en sus documentos era de Castilblanco, y sufría el mismo estigma.

Todo comenzó el fatídico día de Nochevieja de 1931. Aquella noche no se cantaron villancicos ni sonó la zambomba ni se repartieron pestiños ni buñuelos ni aguardientes en las casas de Castilblanco.

El sindicato FNTT (UGT) había anunciado una huelga general y en Castilblanco alrededor de 500 trabajadores del pueblo y la comarca, su padre entre ellos, se hallaban reunidos en asamblea frente a la Casa del Pueblo para decidir cómo llevar a cabo sus protestas. La reunión era legal, estaba autorizada por el Gobernador provincial; pero el cacique del pueblo llamó al Alcalde y le ordenó que la disolviera. El Alcalde llevaba ocupando el cargo 19 años, designado por el terrateniente a dedo en tiempos de la Monarquía. Hacía ocho meses de la llegada de la República, y en el pueblo, donde se habían enterado de eso por telefono, no se celebraron elecciones porque no había candidatos. Según estaba estipulado, en tales casos continuaba el anterior Alcalde. Los caciques eran quienes decidían todo, los que daban trabajo o lo quitaban. El Alcalde, Felipe Maganto López, era un hombre osco y débil. Subordinado del cacique local, compatibilizaba su cargo en el Ayuntamiento con los del cortijo, donde se encargaba de las caballerizas, de la vigilancia forestal y de la contratación de los mozos para las tareas de labranza.

Esa noche fue al cuartel de la Guardia Civil y les ordenó disolver la asamblea. El cabo se negó, alegando que tenía órdenes de la Comandancia de respetar la legislación vigente y, puesto que la asamblea era legal, la Guardia Civil no podía intervenir; pero el Alcalde les recordó que en Castilblanco él era la máxima autoridad y debían obedecerle o atenerse a las consecuencias.

Fueron, pues, los cuatro guardias a cumplir la orden. Les sabía mal hacerlo, pues todos eran muy queridos en el pueblo. María Mouto, esposa del cabo José Blanco, le dijo: «Vuelve pronto, la cena está hecha». Uno de ellos, el único soltero, Francisco González, iba a casarse en breve con una de las mozas del pueblo, y esa noche esperaba cantar y bailar, incluso emborracharse con su futuro cuñado. Otro, José Matos estaba casado y tenía hijos, y toda la familia vivía en medio de ellos, pues el cuartel era tan pequeño que no disponía de viviendas para los guardias. Sólo había uno, llamado Agripino, también casado, que se mostraba de acuerdo con el Alcalde y les seguía un poco retrasado.

Cuando los tres guardias llegaron a la Casa del Pueblo, la asamblea había terminado y la gente se iba a sus casas. El cabo saludó a los dirigentes del sindicato y se disponía a tomar una copa con ellos para celebrar la despedida del año cuando sonó un disparo.

Una mujer, conocida como “La Machota”, iba corriendo con su hijita en brazos a la Casa del Pueblo para buscar a su marido, pero se tropezó con Agripino, que le ordenó volverse a casa y, como ella no hiciera caso, le arreó en la cara con la culata del fusil. Entonces un vecino, Hipólito Corral, se encaró con el guardia y le dijo: «No se debe pegar a las mujeres», «Y a ti también, hijoputa», exclamó Agripino, descargándose el fusil del hombro y disparándole un tiro a quemarropa. Hipólito cayó muerto.

La gente comenzó a correr en desbandada, gritando: «¡El Agripino ha matado al Hipólito!» Entonces la locura se apoderó de la gente y todos los que estaban en la calle se abalanzaron sobre los guardias, les golpearon y acuchillaron salvajemente, dejándoles en medio de la calle. Los cuerpos, que habían recibido centenares de navajazos, mostraban las cuencas de los ojos vacías, orejas y caras cortadas y brazos y piernas descoyuntados. Algunas mujeres y hombres bailaron sobre los cadáveres.

Pasado el momento de locura todos se fueron a sus casas, convencidos de que el Destino les había jugado una mala pasada. En el gran teatro del mundo se había escenificado una obra trágica, cuyos actores eran ellos, los jornaleros, que en breve pagarían las consecuencias de aquella terrible acción.

Efectivamente, al cabo de unas horas llegaron varios guardias civiles de pueblos cercanos y detuvieron a más de 60 personas. La mayoría de ellas negaban su implicación en los hechos, pero otros tenían las ropas manchadas de sangre y eso los delataba.

El General Sanjurjo, Director General de la Guardia Civil, se presentó en el pueblo, acompañado de un gran séquito de guardias y periodistas. Espantado ante la masacre, exclamó: « No sabía que en España hubiera pueblos salvajes. Jamás, ni en los más crueles asesinatos cometidos por los moros del Rif contra los cristianos en los enfrentamientos con Marruecos, he visto semejante salvajada». El General, luchando contra sus propios instintos, acalla las voces de sus subordinados, que piden venganza, y ordena cumplir la Ley con firmeza. A continuación ordenó levantar los cadáveres y que se les hiciera la autopsia. El Alcalde negó haber dado ninguna orden, y a pesar de que en el informe se le señaló como el instigador de los sucesos no le pasó nada, solamente fue destituido.

El Ministro de la Gobernación, Santiago Quiroga, acudió al sepelio de los guardias, y Gregorio Marañón escribiría en un importante diario nacional que eran los terratenientes, que mantenían a la población inmersa en la miseria y el hambre, los culpables de que sucedieran tales calamidades.

Los interrogatorios se llevaron a cabo en el salón del Ayuntamiento, ubicado en la primera planta. Los detenidos esperaban su turno en el balcón, que ocupaba toda la fachada, con las manos en alto y pegados a la pared, soportando una temperatura de menos 7 grados durante varias horas. Al finalizar la instrucción, más de la mitad de los detenidos fueron puestos en libertad, los que fueron acusados fueron llevados a la cárcel de Badajoz. La normativa en los procesos penales decía: «Cualquier ataque a un militar sería juzgado por un tribunal militar». Y así se dispuso.

Dos años habían pasado cuando el 17 de julio de 1933, a las diez de la mañana, se celebró el juicio de los acusados de Castilblanco en el cuartel “General Menacho” de Badajoz.

En el salón de la Casa del Soldado, toman posiciones tras una larga mesa, sobre la que ponen sus sables, cinco capitanes y un teniente. Sus rostros se muestran fríos y sombríos durante el juicio que decidirá sobre el futuro de los 25 detenidos. Los acusados no esperan ningún milagro, saben que hicieron mal matando a unos infelices guardias que cumplían órdenes; pero ya es demasiado tarde e intuyen su condena: el pelotón de fusilamiento pondrá fin a sus vidas. Han tenido dos años para madurar la sentencia y la esperan tranquilos y resignados, sabiendo que ya nada tiene remedio.

Sólo el teniente Ricardo Calderón, que pertenece al Cuerpo Jurídico del Ejército, conoce las leyes; los otros lucen en sus solapas las distinciones que han obtenido en las largas y sangrientas batallas contra los moros en el norte de África. Saben guerrear y moverse con firmeza en los campos de batallas; pero no saben juzgar, no conocen más que el reglamento militar. Lo suyo no es juzgar a la gente y lo reconocen, pero son soldados y los han nombrado para formar el Tribunal y no pueden negarse a cumplir órdenes. Llegados desde Madrid, numerosos periodistas, políticos y abogados asisten al juicio, uno de los cuales, el Catedrático de Derecho y miembro del Partido Socialista Obrero Español, don Jiménez de Alsúa, toma a su cargo la defensa de los acusados.

Por otra parte, el Gobierno sabe que se la juega en aquel proceso y debe mostrarse imparcial, a pesar de que los enfrentamientos con la Guardia Civil eran promovidos por los partidos políticos de izquierdas. Por ello ha elegido al teniente letrado del Cuerpo Jurídico del Ejército, conociendo que mostrará una visión más humana de los hechos que los otros militares.

Entre los acusados se halla una mujer con una niña hambrienta en brazos que le pide teta a cada instante, pero sus senos subalimentados no logran satisfacer a la hijita. Tras largas horas de litigio entre la acusación y la defensa se lee la sentencia: Cinco penas de cadena perpetua y seis penas de muerte, el resto fue condenado a un mes de arresto que ya habían largamente cumplido. Pero los abogados defensores presentaron Recurso de Casación ante la sala 6º de lo Militar en el Tribunal Supremo y antes de que llegara el fallo, el Presidente del Gobierno, Lerrux, declaró la amnistía a los delitos cometidos en los conflictos sociales, y ordenó que todos los detenidos de Castilblanco fuesen puestos en libertad. Pero los magistrados del Tribunal Supremo denegaron la libertad y exigieron el cumplimento de la sentencia dictada por el tribunal militar de Badajoz.

Jiménez de Alsúa no cesó de pedir al Gobierno la libertad de los encausados. Lerrux, haciendo caso omiso de los jueces declaró la amnistía y el 1 de febrero de 1935 los periódicos publicaban la puesta en libertad de los detenidos.

Con el levantamiento de los militares en el 36, los sucesos se precipitaron en España. Los abogados defensores de los acusados de Castilblanco tuvieron que huir y lograron refugiarse en México y Argentina. Hicieron bien: el 12 de abril de 1939 varios de los indultados por el asesinato de los guardias fueron sacados de sus casas y fusilados en las cunetas.

Julio sacudió insconscientemente la cabeza, como queriendo espantar sus recuerdos y volver al presente. Observó que la Casa del Pueblo era una casa de una sola planta, cuya fachada presentaba una puerta y una ventana enrejada a cada lado. Un parterre lleno de geranios y rosales la separaba de la acera. El Renault Espace del Secretario Local del sindicato aparecía aparcado junto a la acera. Sobre la pared, un cartel anunciaba la lista de los desempleados que habían sido seleccionados para realizar un curso de formación profesional; en otro, el sindicato ofrecía su ayuda para solicitar el P.E.R. (Plan de Empleo Rural). Todo parecía indicar que nada había sucedido; pero él sabía que no era así: su madre y él habían sufrido muchísimo para salir adelante.

De pronto sintió curiosidad por saber con quién se casó Verónica y qué fue de ella.


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Nota:

Existe abundante información sobre los sucesos de Castilblanco. Incluso he leído un libro autoeditado por un descendiente de uno de los participantes; pero don José Luis Cervero Castillo, subteniente de la Guardia Civil, escritor de varios libros y periodista, antiguo colaborador de Diario 16, de La Revista, y del semanario Interviú es el que a mi entender mejor explica lo que sucedió allí.





domingo, septiembre 11, 2011

EL REGRESO

Castilblanco (Badajoz), monumento al Emigrante. Las dos fotos que acompañan el texto proceden de Internet.

BADAJOZ, 24 de junio de 2000. El Mercedes Benz gris plateado, Clase E, cruzó el puente sobre el río Guadiana y entró en una zona plantada de olivos. Al frente, a unos cinco kilómetros y sobre una colina de quinientos metros de altura, destacaba un pueblo blanco coronado con la torre de una iglesia: Castilblanco. Detrás de él y hacia la izquierda, se dibujaba la imponente mole de los Montes de Toledo. El conductor del automóvil sintió una extraña sensación, mezcla de alegría y ansiedad, al reconocer el lugar que había abandonado cuarenta años antes. Una pregunta se abrió paso entre los entresijos de su mente: ¿A qué había venido, qué buscaba allí?.

Cuando se fue, recien cumplidos sus treinta años de edad, contempló el pueblo desde esa misma orilla del río que acababa de dejar detrás, donde entonces no había puente sino una barcaza que trasladaba constantemente a los pasajeros de un lado al otro, y prometió que jamás volvería a Castilblanco, un lugar en que sólo había sufrido calamidades, que le había negado el trabajo y lo había humillado hasta obligarlo a abandonar su casa, su familia, sus amigos, sus sueños... Todo.

El auto pasó junto al monumento dedicado por el Ayuntamiento a sus emigrantes en agradecimiento a las remesas de divisas que éstos enviaron durante décadas a sus familias, e inició la subida al pueblo por la recien asfaltada calle que lo llevaría hasta la plaza, en la parte más alta. Algunos vecinos, que habían sacado sillas a la puerta de sus casas a media tarde para sentarse y tomar el aire a la sombra, se quedaron mirando cuando pasó delante de ellos el Mercedes, preguntándose qué demonios venía a hacer un coche con matrícula alemana en aquel pueblo perdido de la Siberia Extremeña.

El vehículo se detuvo delante de una casa y su conductor se apeó. Una mujer que estaba sentada pelando patatas en el vano de la puerta se quedó mirándole descaradamente. El hombre que había bajado del coche era alto, de pelo blanco y enjutas y canosas cejas; una arruga vertical en ambos lados de la boca marcaba su rostro. Tenía una nariz pronunciada y la boca grande. El recien llegado la observaba sin pronunciar palabra, intentando asociar los rasgos de la mujer con alguno de los personajes grabados a fuego en su memoria.

— ¿Busca usted a alguien? —le preguntó.

— ¿No vive aquí Verónica la del Peluca?—

— Era mi madre. Murió hace dos años. ¿Quién lo pregunta?

El hombre recibió la noticia como un hachazo. Quedose anonadado, y una sombra de tristeza se plasmó en su semblante. Se pasó la mano por la cabeza, pensativo, antes de responder:

—Me llamo Julio. Hace muchos años, demasiados, su madre y yo éramos amigos. Lo siento, ignoraba que había fallecido. Perdone usted.

Y tras decir eso dio media vuelta y se fue caminando despacio calle abajo. Los recuerdos le asaltaban a cada paso. Reconocía cada calle, cada número de casa, y los rostros que encontraba observándole en silencio le recordaban a otros con quienes había compartido todos su años jóvenes. ¡Cuántas vivencias reflejaban las piedras de las casas!

Su mente retrocedió cuarenta años, cuando le comunicó a su madre que amaba a Verónica y deseaba casarse con ella. Dos días después, su madre y su hermana, fieles a la costumbre, fueron a casa de Pedro el Peluca a pedir la mano de la joven y fijar el día de la primera amonestación. Como marcaba la tradición, los padres de la novia se harían rogar y pondrían impedimentos, y los demandantes se verían obligados a marcharse para regresar insistiendo en la petición al cabo de una semana. Esa segunda vez, siempre según la tradición, se acuerda la fecha, y la noche antes de la segunda amonestación todos los amigos y familiares acuden a casa de la novia, donde ésta ha preparado dulces y vino para convidarles. Todos guardarán silencio mientras el padrino le pide al padre de la novia que dé la conformidad a que la hija se vaya a vivir con el pretendiente. El padre debe decir que sí, y luego se lo pregunta a su hija. Entonces la novia dice: “Sí, acepto casarme con él”, y le ofrece al novio el primer trozo de dulce. Sólo entonces los testigos allí reunidos pueden comenzar a comer y beber.

Después de la petición, el novio se lleva a los bares a todos los invitados, y los va convidando, so pena de acabar arrojado en el pilar de la fuente donde abrevaban las bestias.

Para la boda mataban una vaca o una oveja, según sus medios, y los invitados aportaban cada uno un conejo, pieza de caza o huevos.

La boda se realizaba en tres días: el primero para preparar el banquete, el segundo para la boda y el tercero para limpiar la casa, la vajilla y todos los cacharros utilizados en cocina. Al cuarto día las mujeres que habían trabajado sirviendo en la boda se iban de fiesta ellas solas a celebrarlo.

Pero Julio fue rechazado en la primera visita. Según la tradición de Castilblanco, los novios debían poseer las mismas tierras, los mismos bienes, o las mismas carencias. Ni una sola res ni fanega de tierra más que el otro; esa era la costumbre para que el casamiento fuese por amor y no por intereses.

Verónica no es que fuese rica, no; pero sus padres tenían cinco fanegas de monte y una vieja casona en el campo donde cuidaban un centenar de ovejas.

Julio, era vecino de Herrera del Duque, un pueblo cercano al que todos los jóvenes de Castilblanco tenían inquina porque venían a llevarse a sus mozas. Su madre había heredado una vieja casa en Castilblanco, y la familia se había mudado poco antes de que él se marchara a cumplir el servicio militar.

Julio era un pobre jornalero que apenas trabajaba 8 meses al año, por lo que debía ausentarse y pasar largas temporadas en diferentes provincias de España para trabajar en las campañas de la recogida de la aceituna, la vendimia, la fruta y la naranja. Por eso, el chico no tenía otra cosa que ofrecer a Verónica que sus manos, su cariño y la ilusión de fundar una familia. Y esa tarde sufrió la peor humillación de su vida al ser rechazado por la familia de la novia, quien, enajenada, se enfrentó a gritos a sus padres y hermanos hasta que éstos la sujetaron y encerraron en su habitación.

La noticia se derramó por las calles del pueblo, y se comentaba jocosamente en las esquinas y tabernas, « Estos forasteros creen que basta con echar el anzuelo al río para pescar», decían.

Julio no pudo soportar la afrenta y una mañana cogió su vieja maleta de madera de la mili y se fue andando hasta el embarcadero. Antes de subir a la barca se giró un momento, miró el pueblo en cuya cima destacaba la silueta oscura de la torre recortada en el cielo color naranja del amanecer y masculló: “Juro que nunca más te volveré ver, Castilblanco”.

Ahora, al cabo del tiempo, cabizbajo y atenazado por angustiosa soledad, con su cabeza poblada de rizos blancos bien recortados, similar a la de los dioses griegos que abundaban en los libros que él había estudiado para aprender a leer y escribir durante su larga ausencia en el extranjero, paseaba de nuevo por aquellas calles empedradas que juró jamás volver a pisar.

De pronto le llamó la atención el letrero que había sobre la puerta de una coqueta casa: «CASA DEL PUEBLO», y los recuerdos afloraron violentamente a su memoria. Apenas hacía un mes que había cumplido los siete años cuando una noche entraron en su casa un grupo de falangistas y se llevaron a su padre sin hacer caso a los ruegos de su madre, quien a gritos les juraba que su marido no había hecho nada y que los jueces lo habían declarado inocente. El cuerpo de su padre apareció en una cuneta con dos tiros en la espalda.

(continuará)

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viernes, septiembre 09, 2011

FIESTAS EN HONOR DE LA PATRONA DE ALGAR

Algar celebra en estos días las fiestas de su patrona, Nuestra Señora Santa María de Guadalupe. Según cuenta la leyenda en el Libro de la Fundación de Algar, don Domingo López de Carvajal, un rico comerciante afincado en El Puerto de Santa María, regresaba de un viaje a México y le sorprendió una tormenta que amenazaba con hundir la goleta. Aterrorizado ante la violencia del mar, don Domingo se arrodilló delante de un cuadro que traía desde México con la imagen de la Virgen de Guadalupe y le prometió que si le salvaba le construiría una ermita en el sitio más agreste de la provincia de Cádiz, y que compraría las tierras del entorno y se las entregaría a las 90 familias más pobres de la zona.

D. Domingo se salvó del naufragio y cumplió su promesa. Desde entonces se venera en Algar a la Virgen de Nuestra Señora María de Guadalupe. El día 8 de septiembre la pasean en procesión por sus calles. En el interior de la ermita se conserva un cuadro que tiene una inscripción en la parte posterior que data del finales del siglo XVIII, por lo que se cree que es el mismo que acompañaba a don Domingo en la travesía.

Y desde hace pocos años un monumento marinero recuerda la historia del origen del pueblo.

Cada año los artistas locales concursan en la creación del cartel anunciador de la Fiesta. Este año ha sido elegido el de Ana Rodriguez :

He acudido varias veces a conmemorar en Algar ese día, voy sobre las once, visito a la familia que aún queda y hablo y almuerzo en una terraza con los amigos, aunque luego nunca aguanto hasta la noche para ver la procesión y asistir a los festejos, pues no hay nada interesante durante el día y cuando han pasado cinco o seis horas dando vueltas de bar en bar y bebiendo cerveza sin alcohol o refrescos porque sabes que luego vas a conducir, te hartas y acabas pensando que ya es hora de regresar a casa.

Algo que no dejo de hacer en cada visita es subir la empinada calle que lleva hasta la casa donde pasé varios años de mi niñez y que mi familia abandonó en febrero de 1960 para emigrar a la Comunidad Valenciana, jurando nunca más volver. Está igual que la dejamos, ni un solo arreglo se ha llevado a cabo en los últimos 61 años.

Todo el pueblo se ha reformado con las ayudas de los fondos europeos; las calles se han cubierto de adornos florares, se han construido escaleras de acceso a algunas de ellas que tenían peligrosas pendientes, sus vecinos han arreglados sus casas con sus ahorros y subvenciones; pero esta casa casi centenaria que me vio crecer se ha quedado relegada al olvido. Es una pena porque tiene más de 100 metros construidos y un corral en la parte trasera de 200 metros cuadrados y se podría edificar un bloque de pisos o una hermosa casa de dos plantas con garaje, jardín y piscina. Los dueños también se fueron del pueblo y es difícil entablar negociaciones con ellos. Al parecer, el Ayuntamiento acabará quedándose con la casa.

A no ser que le toque la primitiva a mi esposa, en cuyo caso ella me ha prometido comprarla cueste lo que cueste y edificarme una casa a mi gusto. ¡Y yo me encargo cada semana de recordarle que juegue!

Una de las atracciones en estas fiestas es el concurso de Tiro al Arco en que particiapan equipos de diferentes lugares de Andalucía. Es de señalar que el club de Algar ya ha ganado el Premio Provincial. Desde aquí les deseo suerte a mis paisanos.

lunes, septiembre 05, 2011

MANIFESTACIÓN CONTRA LA REFORMA DE LA CONSTITUCIÓN EN JEREZ.


No podía quedarme impasible ante el atropello de nuestro derecho a ser consultados antes de cambiar una sola coma de nuestra Constitución, ésa que consensuamos todos pasando página y renunciando a buena parte de nuestros sueños en aras de la paz. El Gobierno, antes de irse, aplica la táctica de "Tierra quemada" que usaron los tártaros y rusos en el pasado siglo: no dejar nada donde la gente pueda cobijarse y estar al abrigo. Dejándonos a los pies de los caballos de los Bancos y especuladores mundiales, convirtiéndonos en esclavos del IV Reicht dirigido por la Sra Merkel y cediendo nuestra soberanía a poderes ocultos extraños que nadie conoce ni ha votado.

Ayer, domingo, mi esposa y yo fuimos a apoyar la manifestación de los jóvenes que se han quedado sin presente y sin futuro viviendo en casa de los padres sin poder independizarse y sin derechos a tener trabajo, a tener una vivienda y formar una familia. Viven con la certeza de que se hundirán en la miseria cuando les llegue la edad en que no puedan trabajar porque nunca habrán cotizado lo suficiente para tener derecho a una pensión.
Éramos pocos, no llegamos ni a las mil personas en una ciudad que cobija a 200, 000, el 30% de ellos desempleados. Éstos no aparecen en ninguna de las manifestaciones que se celebran para defender sus derechos: estoy seguro de que muchos de ellos trabajan en la economía sumergida y nos miraban desde las terrazas de los bares. Dios les coja confesados cuando no puedan trabajar y no reciban ninguna ayuda. Los que si que estaban eran muchos jubilados que temen por sus pensiones, y trabajadores metidos en la cuarentena que ven peligrar su trabajo y sus derechos laborales, y muchos jóvenes estudiantes que nunca han trabajado y saben que nunca lo harán porque forman la llamada "Generación perdida".
Espero que la gente despierte y se dé cuenta de que nos han traicionado, nos han engañado: esto no es una Democracia, es una dictadura encubierta o disfrazada. Pronto veremos como a los que salen del Gobierno los colocan de Consejeros en los mejores Bancos en premio al trabajo bien hecho en favor de ellos. Ya tenemos el precedente de los anteriores presidentes de Gobierno. Mientras tanto, nosotros a apretarnos el cinturón aún más y a alimentar a nuestros hijos y nietos como cuando eran niños.





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