domingo, febrero 24, 2013

NO OS PREOCUPÉIS POR EL MAÑANA....

En París  yo tenía una compañera de trabajo francesa que decía: «Les jours se succèdent les uns aux autres, mais  ils ne se  ressemblent pas".  «Los días se suceden unos a otros, pero en nada se parecen». Lo decía porque su marido había días en que le echaba tres polvos y otros en que le daba la espalda.
 Nada nuevo bajo el Sol, eso ya se lo había oído decir al franciscano que nos daba clase de Religión y oficiaba misa en el colegio. Leyendo el Evangelio decía:
"Por tanto, no os preocupéis por el día de mañana; porque el día de mañana se cuidará de sí mismo. Bástele a cada día sus propios problemas".
Y  cada día que pasa compruebo que es verdad.
Ayer, mi mujer estaba triste como el día. Miraba la lluvia con ojos apagados (sin duda pensaba en sus hijos) y permanecía sentada en el sofá sin ganas de nada. En cambio esta mañana, ella se ha  levantado, se ha tomado el desayuno que yo le había preparado, ha  metido en su bolso el disfraz para ir a cantar con el grupo chirigotero de su asociación, "Pintoras con arte" en un festival benéfico, me ha dado un besito y se ha marchado. Yo, que no deseaba quedarme solo,  la he acompañado hasta la puerta del local de la asociación "Los Geranios" y he continuado mi camino hasta el Bar Paternero, uno de cuyos socios es aficionado a la lectura y con el cual  me encanta compartir impresiones  sobre  libros.

De pronto, a medio camino, he visto que llegaban los bomberos y la policía con gran estruendo de sirenas  y me he preguntado, como todo el mundo, qué demonios sucedía en mi barrio.
El camión de los Bomberos se ha detenido frente a un bloque de pisos, a desplegado su escalera y ha penetrado en una vivienda de la 3ª planta ante la mirada de medio centenar de curiosos.
Al cabo de diez minutos el bombero que había entrado en la vivienda volvió a salir y, recogiendo brazo,  la escalera lo puso de nuevo en tierra. La gente, que esperaba asistir a un suceso terrible, se mostraba algo decepcionada de que nada grave hubiera sucedido. Como en la película.



Lo que ha sucedido es que una mujer octogenaria se ha caído de la cama y no podía moverse. Su marido, oficial jubilado de la Guardia Civil y  enfermo de Alzheimer, que  vive en silla de ruedas, no podía ayudarla. Los vecinos escucharon los gritos de auxilio de los  ancianos, pero no podían entrar en la vivienda porque estaba cerrada, y no podían llamar a los familiares del matrimonio enfermo porque desconocían el número de teléfono. Finalmente  optaron por llamar a los bomberos. Ante esta desgraciada anécdota uno se  hace varias preguntas:
 ¿No sería mejor que el matrimonio emplease  su pensión en pasar sus últimos años bien atendido en una residencia?
 O si no quiere abandonar su casa, ¿no sería bueno dedicar parte de la pensión en contratar una asistenta interna que los cuide día y noche?
 Todo mejor que encontrarse solo en un caso de emergencia, por que ¿qué hubiera sucedido si en vez de caerse de la cama se hubiera producido un  incendio?
El dato contrastado de que ningún vecino guardaba llave de la vivienda demuestra la desconfianza o el individualismo existente hoy en día en los bloques de viviendas.
Antiguamente los vecinos vivían de otra manera.
 Recuerdo que yo me paseaba por las calles de Jerez en verano y veía las puertas de las viviendas abiertas, incluso algún miembro de la familia durmiendo en un colchón en el suelo. Había mucha familiaridad y una comunicación constante entre los vecinos, cosa que ha desaparecido en los últimos cuarenta años. Yo mismo desconozco el nombre de 16 de las 20 familias que habitan mi  edificio.

También he observado esta mañana que una caída de la cama no provoca la misma  reacción entre la gente; depende de las circunstancias: no es lo mismo errar el salto del tigre desde el armario y romperse una pierna contra el suelo, que ser ya  viejo y caerse por accidente al girarse en el lecho. En el primer caso, la víctima se convierte en héroe y es bien acogida entre sus iguales; en el segundo, provoca lástima.

Terminada su labor, los bomberos recogieron sus enseres y se marcharon. La vida sigue.

 Y hete aquí que me voy al Bar El Paternero a tomarme el aperitivo, me tomo tres riojas con tapa mientras comento con Manolo,  el dueño, sobre  los últimos  libros que hemos leído, y al salir del bar después de una hora de charla me encuentro otro grupo de conocidos admirando la moto que se ha comprado un vecino. Una Harley Davison, que según dice, le ha salido por los 12,000 euros.



Como pueden ver ustedes, la vida es diferente para cada individuo. Mientras unos sufren la crisis y otros son desahuciados, los hay con suerte y pueden permitirse un capricho. Dice que su sueño es acudir a la Motorada de los Pingüinos en Valladolid.  Se lo merece, para eso se lo ha currado. Es gracias a eso que el sistema  sigue adelante, aunque dando coletazos y permite augurar que algún día podremos salir del pozo en el que unos cuantos políticos y banqueros sinvergüenzas nos han metido.

 Nada que ver con la facilidad de ganar dinero a espuertas de la señora  Cospedal, Rajoy,Urdagarín o Bárcenas.
Y bueno, ya os dejo porque acaba de llegar mi esposa y supongo que tiene muchas cosas que contarme. Adeu, Wai wai, adiós,



14 comentarios:

  1. Hoy te veo con un toque de esperanza, me alegro, me viene bien a ver si se me contagia. Adeu, hasta luego Juan.

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  2. Me gusto mucho este escrito. Es cierto la vida no es igual para todos.

    un abraxo!

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  3. Mercedes, muchas gracias por comentar. La esperanza es lo único que nos queda, amiga mía.No te desanimes que tras la tempestad llega la calma. Siempre ha sido así. Un beso

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  4. ¡Hola, Marilyn!, bienvenida a este blog.
    Muchas gracias por tu visita, y me alegro que te haya gustado lo que has leído.Espero que vuelvas. Un abrazo

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  5. Ojalá pudiéramos preocuparnos por el manñana, Juan. Eso sería señal de que no tenemos que preocuparnos por el hoy.
    Saludos

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  6. A ti Juan me parece que nunca podria verte triste o gris, siempre derrochas entusiasmo, ocurrencias y sentido del humor. Mejor asi, es bueno ser misionero de la sencillez, paz y alegria.

    Te deseo una semana con salud y buen humor,
    abrazos.

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  7. Pues también es verdad, Mamen. Muchas familias piensan cada día qué y dónde comer.Los he visto rebuscando en los contenedores. Un beso

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  8. Genessis,¿y qué vamos hacer,amiga mía? Si pensamos sólo en la realidad nos deprimimos aún más. Mejor no perder la ilusión y esperanza en que esa racha acabe. También deseo para ti una feliz semana: alegría, salud sobre todo.Besos

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  9. Me he quedado pensando en se matrimonio que ha llamado a los bomberos.
    No me gustaría acabar mi vida así.
    Prefiero irme antes.

    Saludos.

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  10. Es cierto la vida sigue y ese mismo día es alegre y triste de acuerdo a casa persona y sus circunstancias.

    Juan como siempre es un gusto leerte

    mario

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  11. Juan, cuantas cosas pueden pasar en una mañana eh!!
    Un abrazo

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  12. Ni a mí tampoco me gustaría acabar así, Toro salvaje.Saludos.

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  13. Gracias, amigo Mario, el placer es mío de saber que siempre estás ahí. Un abrazo

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  14. Tienes razón, Marián, sabemos cómo empieza el día, pero no lo que nos tiene reservado. Un beso,

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