lunes, abril 28, 2014

TORMENTAS



Los negros nubarrones que aparecieron al amanecer en el horizonte han cruzado raudos el cielo dejando caer una fuerte granizada. El sol brilla de pronto en el hueco azul que se abre ante él, y sus rayos acuden en ayuda  del rosal de mi terraza, abrazando sus hojas y descubriendo las heridas del cruel  maltrato  sufrido.
He cometido el error de dejarlo solo a merced del viento y la tormenta, y todo el trabajo realizado para mantenerlo sano y vistoso, para alegría de mis ojos, de mis amigos y  la familia, se han visto anulados.
 La única rosa, color  rojo sangre, que se mecía dulcemente con el viento entre los tallos me muestra sus pétalos agredidos, y al acariciarla siento congoja en mi corazón  partido...  
¡No volverá a suceder, te lo juro!,  le digo con el alma dolorida, mientras voy secando las lágrimas de sus  hojas perforadas y quito las ramas rotas de su tallo herido...

Lo he metido en el interior y lo he colocado en el salón,  junto a los cristales, para recibir las caricias del sol al abrigo cálido de mi hogar. Todo pasará, rosa mía, recobrarás el esplendor que maravilla, porque yo te cuidaré y mimaré mientras viva.

2 comentarios:

  1. Es un monólogo con mucha ternura.
    Me ha gustado y la foto es hermosa.
    Un abrazo Juan.

    ResponderEliminar
  2. Mi querido Juan ese cariño por tu rosal me demuestra la belleza de tu alma. Cuida de el amigo mío, cuida de todas las cosas que te hagan feliz, porque lo mereces . Un abrazo inmenso!

    ResponderEliminar