martes, julio 29, 2014

EL PAÍS DE LAS HADAS



La pasada noche,  el calor estival, y  la ansiedad que me domina desde hace tiempo, me llevaron a  viajar en sueños hasta la mítica  isla de Avalón, dominada por la sacerdotisa Morgana, hermana del Rey Arturo...

La canoa avanzaba por el canal  con dificultad debido a la espesa niebla que cubría la Isla de las Manzanas. Mientras que el barquero remaba yo, mensajero del  Rey Arturo, perforaba con mis ojos la niebla, escrutando las orillas con una mezcla de curiosidad y temor ante lo desconocido, esperando llevar a cabo con éxito mi misión: entregar una carta en propia mano a la pupila de Morgana,  la joven princesa Nimue.

 De pronto, al salir de un bosquecillo, desapareció la niebla y un sol radiante iluminó el paisaje. Y entonces las vi.
Morgana, la hermana del Rey y la más cruel hechicera conocida, se hallaba columpiándose en una silla atada a  la rama de un árbol,  empujada por su discípulas Amara y Nimue.
Al  verme  se detuvieron y se acercaron. Nada más poner el pie en tierra  Morgana inquirió sobre mi presencia en aquel sagrado lugar. Yo le respondí:

— Majestad, es a la sacerdotisa Nimue, Princesa de Avalón, a quien debo entregar  el mensaje del Rey, el cual, enfrentado a sus enemigos, enfermo y triste por la distancia que  ha interpuesto la Princesa, espera que  ella regrese  a su lado y recomience una nueva etapa de paz, alegría, respeto y solidaridad.

— Habla pues — concedió Morgana

Entonces yo, poniendo mi rodilla en tierra, entregué el pergamino lacrado a la Princesa. Ésta lo abrió y, ante mi asombro, leyó en voz alta el mensaje  a fin de que Morgana, su maestra en las artes de las pócimas y ritos de encantamientos, escuchara el contenido y la aconsejara:

"A la Sacerdotisa Nimue, Princesa de Avalón,  por tantas cosa sucedidas en otro tiempo y en otro lugar, esperando su regreso    a un nuevo y eterno  periodo de paz, alegría, respeto y amor incondicional.

 Nimue, Princesa de Avalón y de mi corazón; No sé por qué  escribo versos  que te hacen sufrir, con tan mala suerte que provocando mi muerte te alejas de mí.
Ignoro qué me hace escribir lo contrario de lo que siente  mi corazón, para luego, sufrir gran desazón al herirte a ti.
Tampoco tú pones de tu parte, encerrándote en un baluarte de rencores no justificados:
 Ambos nos hemos hecho daño, ambos hemos fracasado en comprendernos, nuestros malentendidos y omisiones han corroído la amistad que nos unía... 
No atiendes mis razones y te niegas a escuchar la voz del Ser interior que  pide que seamos generosos y perdonemos los unos a los otros.
Sería hermoso  olvidar el pasado, respetarnos y vivir en paz y felicidad...
 En cambio, yo me  hallo sufriendo el castigo  de odiar amando, de vivir muriendo, condenado a  sufrir tu indiferencia y a no contemplar tu belleza.

El tiempo, dicen, lo arregla todo, pero también es cierto que la prolongada ausencia con el tiempo  obliga a olvidar rostros y sentimientos, y que el que de verdad quiere una cosa debe de luchar por  ella aun a riesgo de resultar herido. Por eso yo insisto en ello: Vuelve a mí, Princesa.
Porque en medio de tanta lucha y sin ninguna esperanza, al final uno no sabe qué es mejor para encontrar  la paz, ni cómo actuar sabiamente si tu luz no me ilumina.
 Espero que lo pienses y actués con la sabiduría y ternura que te caracterizan"

De pronto, Nimue, Amara y Morgana soltaron una carcajada. Yo me  asusté, preguntándome qué había dicho mi Rey  para provocar tal hilaridad. 

Finalizada la lectura, Nimue enrolló de nuevo el pergamino y miró a la Reina. Luego se volvió a mí y me dijo:

—Vuelve a tu país y le dices a tu Señor  que reflexionaré sobre lo que me pide. Conocerá mi decisión por medio de un gesto, una nota enviada con paloma mensajera o por mi postura cuando nos volvamos a encontrar si los dioses lo permiten. Puedes marcharte.

¡Caray con la Princesa! ¡Qué carácter! Ni siquiera me permitió descansar del viaje en su isla. Me hubiese gustado tanto hablar con Amara y pedirle su número de teléfono...
 Bueno, espero que Arturo no se ofenda y la pague conmigo...¡Aynssss Señor, Señor... lo que hay que sufrir!















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