sábado, agosto 23, 2014

COSAS DE LA VIDA.



Esta mañana he ido a tomar café y una copa de sol y sombra al bar de mi amigo Carlos. Me gusta ir allí porque es un sitio tranquilo, se puede leer el periódico, ver la tele y escuchar las anécdotas que se cuentan entre ellos los clientes. Yo tomo nota mental y os cuento:

Un vecino de mi barrio, llamémosle  Alberto, vive a dos manzanas de mi casa, y hace años trabajaba de albañil a destajo, está oído atento a lo que yo le digo a Carlos el dueño del bar:
— Cóbrate, Carlos, que ya me he tomado dos copas y creo que no voy a poder coger el coche esta tarde para ir a Jerez. No sé si dará tiempo a diluir el alcohol en cinco horas...
El vecino al oír eso  comenta:
— No pasa nada, joder, que dos copas las digieres en dos horas. Lo mío si que es un problema: me cogieron con 1´84 gramos de alcohol, me quitaron todos los puntos, me pusieron una multa de tres mil euros y me tuvieron seis meses en la cárcel. Sí, seis meses, yo no soy el marido de la Rocío Jurado...
— ¿Y qué haces con tu coche, ese SEAT Toledo que tienes?— le pregunta Carlos.
— El coche se lo llevó la grúa y lo tenían ellos. Hube de pagar un pastón por sacarlo de la cochera, a tanto por día. Casi me  cuesta más que el coche. Lo que pasa es que sin puntos no puedo conducir.
 A esto que me mira y me dice:
— Te compro tres puntos, pídeme precio.
— ¿Y eso se puede hacer?— digo yo.
— ¡Hombre, claro! Mucha gente lo vende por Internet.
— No sé, no me fío de esas cosas, mejor dejarlos como están. Por cierto, Alberto, ¿Estás trabajando?
— Qué va, hago chapuzas como todo el mundo. Si quieres te pinto tu casa.
— ¿ Pero tú no eras empresario?
— ¿Empresario? Qué va, hombre. Yo era autónomo y llevaba conmigo a mis cuñado y dos más. Trabajábamos en la construcción enfoscando las paredes. A tanto el metro cuadrado. Un día hicimos cien metros cuadrados y por la tarde cayó un tormentazo con granizo y nos echó a bajo todo lo que habíamos hecho. El encargado de la empresa constructora no quería pagarlo pero al final se vino a razones. estuve con esa empresa como autónomo catorce años. Ganaba de media unas 180 mil pesetas cada uno de mi cuadrilla; pero en dinero negro sin declarar. En la nómina sólo iban salarios base según convenio, el resto en un sobre. Entonces nos parecía perfecto: ganábamos dinero y no pagábamos a Hacienda ni a la Seguridad Social; pero luego eché en falta esas cotizaciones: llevo en el paro desde que comenzó la crisis, pronto me podré jubilar, pero cobraré una miseria, unos cuatrocientos euros máximo. Si hubiera cotizado los 1,800 euros al mes que ganaba...
 Y así marcha la economía, como Alberto los hay a cientos de miles: fontaneros, albañiles, electricistas, carpinteros... Todas las ramas que se enriquecieron durante la época del ladrillo ahora hace tiempo que agotaron la prestación por desempleo y viven del subsidio(quien lo tenga) y de las chapuzas. Y no es que ellos quisieran defraudar, es que si no era así nadie los contrataba.

Entras en un bar, comentas que no te van bien los frenos del coche y te salen de pronto veinte mecánicos que por un precio "arreglaíto" te lo dejan nuevo. Lo mismo si quieres cambiar la bañera, cerrar un ventanal, hacer reformas en la vivienda... Todo economía sumergida. Así nos va; así les va a ellos a la hora de jubilarse.

2 comentarios:

  1. Mal común también aquí que se practica como algo cotidiano, no se consigue empleo si no se cotiza de esa manera y cuando acuerdas es hora de jubilarte y el jubilo se vuelve necesidad de seguir trabajando.

    Un gusto leerte mario

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  2. Como decimos por acá, amigo Mario: el trabajo clandestino es pan para hoy y hambre para mañana. Gracias por estar siempre. Un abrazo

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