viernes, agosto 01, 2014

EL NIÑO

                                                


Andrés era un hombre abierto, sociable y comunicativo, aunque en verdad estas cualidades ocultaban a un ser amargado, acomplejado y en constante lucha  consigo mismo. Desde pequeño  había notado diferencias físicas entre su cuerpo y el de sus compañeros de escuela, por lo cual sufría continuas vejaciones y burlas en la clase.
Más adelante, en el instituto,  evitaba desnudarse en las duchas delante de los compañeros, quienes le observaban descaradamente cuando se ocultaba tras la cortina para no ser visto. Al principio respetaban su intimidad, pero un día uno de ellos, el matón  de siempre, descorrió la cortina y se le quedó mirando: Andrés, vuelto de espaldas, presentaba un cuerpo de piel fina y blanca, de redondeadas formas y sin un solo vello. A su catorce años aún  no se había desarrollado y sus atributos sexuales presentaban un tamaño infantil. Parecía el cuerpo de una chica. Pronto se corrió la voz y el chico hubo de soportar las burlas y acoso de sus compañeros y de algún monitor deportivo. Dejaron de llamarle Andrés y pasaron a conocerle por "La niña".
Andrés se sentía morir de vergüenza cada vez que sus compañeros se situaban delante de su ducha y se masturbaban mirándole. Alguna vez entraban  y le manoseaban el trasero. Un día Andrés  se enfureció y, saliendo de la ducha, le arreó un puñetazo a uno que  le ofrecía su verga empalmada y lo hizo dar varios pasos atrás, cayendo al suelo desequilibrado; pero éste era dos años mayor que Andrés y más fuerte, y le pegó una paliza. Luego le agarró por la cintura e intentó violarle. Como Andrés gritara y se moviera para impedirlo, unos cuantos amigos del acosador le sujetaron y le propinaban golpes mientras el otro consumaba su acto. Al finalizar, le dijo:

— Eres tonto. Tú nunca podrás satisfacer a una mujer, ni creo que llegues a conquistarla con "eso", y en vez de disfrutar y saber lo que sienten ellas, te pones violento...

 Andrés no quería denunciar los hechos  a la dirección del Instituto porque le daba vergüenza; pero fue el médico el que dio parte y el violador fue expulsado. Pero en los dos años siguiente Andrés hubo de sufrir el escarnio y las burlas de los amigos de aquél.

Esa amarga y dolorosa experiencia le marcó durante toda su vida. Fue el secreto mejor guardado del mundo, nunca  le dijo a nadie lo que había pasado. Cuando finalizó los estudios regresó a su pueblo y jamás volvió  a pisar aquella ciudad.
Pasaron los años y un día, en la Biblioteca Municipal, Andrés conoció a una mujer muy atractiva y simpática. Era más joven que él. Andrés hizo amistad con ella, se sentía bien conversando a su lado. Todas las tardes iba a la Biblioteca y se sentaba a su lado a leer. Con el tiempo se enamoró y ardía en deseos por ella. En la cama se masturbaba cada noche antes de dormirse mirando su rostro sonriente en  una foto que le había hecho.  Comenzaron a escribirse, a chatear y quedaban para salir juntos a tomar copas. Hablaban por teléfono de cosas picantes y de proposiciones indecentes que sólo hacían excitar aún más al pobre muchacho.
Un día ella le invitó a entrar en un hotel para pasar la tarde juntos. Andrés  cambió de color, se puso lívido al pensar lo que se le venía encima. Recordó las palabras del joven del colegio: "Nunca podrás satisfacer a una mujer con eso". La chica se dio cuenta del azoramiento de Andrés y le preguntó qué le sucedía, si es que ella no le gustaba o no le atraía el pasar la tarde haciendo el amor. Andrés, completamente hundido, intuyendo que de todas formas le abandonaría, le contó cual había sido desde siempre su problema. Al escuchar la historia ella se quedó cortada, pero al ver el semblante consternado de Andrés,  quiso ayudarle a comprobar que lo que le habían dicho era falso, que el tamaño no importaba y que él iba a hacerla gozar tanto o más que otro.

— Tú déjame hacer  a mí; verás como todo va bien  le dijo.

 Pero no pudo ser, y a pesar de la dulzura de las caricias de su amiga, Andrés, agarrotado por sus miedos y complejos, no logró la erección. Solo haciendo sexo oral lograron alcanzar el orgasmo.

 A partir de ahí, Andrés quiso repetir la experiencia, suplicando otra oportunidad; pero vio cómo ella se iba distanciando cada vez más, poniendo excusas para no volver a verle. Ella alegaba que lo que había hecho por él era una excepción, una prueba de amistad que jamás repetiría con él ni con nadie.


Andrés cayó en profunda depresión y volvió a sentirse vacío y sin ganas de vivir. Intentó por dos veces suicidarse, primero pensó tragarse una caja de pastillas, pero luego tuvo miedo y no lo hizo. A los tres meses vio que su amiga estaba con otro en el café donde antes iba con él, y sintió una opresión en el pecho que le impedía respirar. Decidió ir a un parque y lanzarse desde el muro que lo separaba del río. No tenía valor, se quedó llorando de pie en el muro  hasta que un hombre le agarró y le obligó a bajar.

Como no podía quitarse de la mente la imagen de su amiga con otro hombre, fue a ver un psicólogo.  

Es tu espejo. Te ves reflejado en ella como un espejo — afirmó el especialista.
— ¿Qué significa eso, qué me quiere usted decir?

Significa que lo que tú deseas hacer con tu amiga es lo que crees ver que ella hace con el otro. Todo está en tu mente. Ella tal vez había encontrado a ese amigo y simplemente conversaba tomando una copa con él. Tal vez es un compañero de trabajo y quedan para una copa al salir. Tal vez el amigo  está casado y es fiel a su esposa y no pensaba en otra cosa que en charlar un rato amistosamente. ..
Los celos son tremendos, hacen ver cosas donde no las hay.  Pero aun siendo verdad que ella estaba ligando con otro, tú no debes entrometerte: ella no te pertenece y es libre de elegir a sus amistades. No puedes exigirle que no salga con nadie si no lo hace contigo alegando que ella había afirmado que era fiel a sus principios. Tú no tienes derecho a coartar su libertad poniendo límites a sus actos, no puedes convertirla en una copia de ti mismo haciendo lo que a ti te gusta que haga en vez de lo que a ella le gusta hacer.

  Andrés no aceptó las reflexiones del psicólogo y dejó de ir a verle. Tardó en asimilar esa filosofía varios meses. Ahora  comienza a recuperar la paz, y cuando ve a su antigua amiga  hablando o tomando una copa con alguien siente un ramalazo de ternura y piensa: "Ella es feliz; se lo merece porque es buena gente. Ella sólo quiso ayudarme."


4 comentarios:

  1. muy especial relato querido Juan. Problemas que quizás se deberían haber tratado de chico ppara que el joven no pasara por tanto dolor. Bien escrito, crudo pero muy bueno. Mi beso!!

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  2. Gracias, María Susana. El problema creo que es de educación general, el saber respetar al otro con sus virtudes y sus defectos; pero en general se tiende a herir al más débil mofándose de él en vez de ayudarle.
    Te agradezco tu visita y comentario. Besos

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  3. Anónimo8:22 a. m.

    Juan he venido a leer esta triste historia de Andres..y que crueles pueden ser los chicos, si, el problema es no saber respetar y eso suele pasar a cualquier edad..Muy buena historia, algo cruda, pero desgracidamente esas cosas pasaron y siguen pasando..Como siempre, te felicito amigo querido y es un gusto pasar y leer....por hoy solo leere este, es muy noche y es hora de ir a dormir..un beso con cariño

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  4. Gracias, querida anónima. Me hubiera gustado saber quién eres, sólo poner tu nombre.

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