jueves, diciembre 04, 2014

EXCURSIÓN A ANTEQUERA





 Ayer fui a Antequera. Se me hizo largo el viaje en autocar, pues hace años que no uso este medio de transporte; pero valió la pena.
Primero fuimos a ver los dólmenes, construcciones de granito con una antigüedad de más de cinco mil años. 
Habían pronosticado lluvia, pero esta vez se equivocaron: estuvo nublado y fresco, pero hizo buen día.

 Al parecer, las planchas de granito, de entre tres y cinco toneladas de peso, fueron arrastradas desde la cantera ubicada a unos quinientos metros; cortadas y ajustadas casi milimétricamente para que encajaran perfectamente unas con otras sin dejar ni una ranura, como puede comprobar  el visitante. Previamente vimos un video sobre cómo vivían los primeros habitantes del paraje y cómo usaron su inteligencia para construir estos enormes recintos funerarios y religiosos. 

En las visitas a los monumentos que he hecho a lo largo de mi vida he comprobado que es indispensable la información que proporciona un guía: Me hacen observar  detalles  que de otra forma pasarían inadvertidos. Por ejemplo: las entradas de los dos dólmenes de Antequera están orientadas en dirección a la montaña en forma de cara de mujer que preside la ciudad. Figura que para los primeros moradores de la zona representaban una diosa. Así mismo, a cierta hora y día el sol entra hasta el fondo del dolmen, iluminando el lugar donde se hallaban las tumbas.

La segunda parte del viaje ha sido admirar una maravilla de la Naturaleza, como es el Torcal. Se llama así a  una amplia zona de rocas que emergió del mar, como prueban los fósiles de moluscos que se encuentran incrustados en las rocas. Las figuras que forman la masa rocosa tienen una belleza extraordinaria.
Al llegar al Centro de Visitas nos proyectaron una película sobre la zona y su historia. El Torcal ha servido de refugio a bandoleros;  de  fortaleza inexpugnable contra soldados franceses y entre españoles. Es un verdadero y duro ejercicio de senderismo, a través de estrechos, escarpados  y resbaladizos senderos en medio de un paisaje imponente, que de estar solo incluso causa respeto y temor: parecen que las figuras de pierda son seres que   observan lo que haces.

 Serían las tres de la tarde cuando volvimos al autocar, y sentimos  un pellizco en el estómago viendo la escarpada y estrecha carretera por donde el conductor, haciendo malabarismos, lograba conducir el vehículo con gran seguridad.

Llegados a Antequera, entramos en el Meson  Emilio para devorar el riquísimo menú que nos ofrecieron.
Después de comer, y para bajar la copiosa comida, fuimos subiendo las calles hasta llegar a la Alcazaba y la Iglesia Monumental.
Subimos hasta la torre. Menos mal que la campana del reloj no tocó la hora mientras estuvimos bajo ella, que si no, nos hubiera lastimado los tímpanos.

Al bajar de la Alcazaba dimos un pequeño paseo para comprar regalos y recuerdos, y  a las 18 horas treinta el autocar se puso en marcha para regresar a casa. Llegué a  El Puerto a las diez

1 comentario:

  1. Anónimo7:07 p. m.

    Me ha parecido un pueblo grande, con hermosos monumentos y que merece la pena visitarse.

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