domingo, noviembre 15, 2015

YO ME ACUSO



CADA CUAL LLEVA SU CRUZ.

Me encuentro triste, muy triste.
Esta mañana temprano me levanté de la cama un poco sobresaltado: había tenido una pesadilla. Me fui al ordenador, eran las cinco de la mañana, y me puse a buscar un documento de más de cien páginas, una parte de lo que será mi siguiente obra tras "El amargo sabor de la miel".
No lo encontraba y me temo que lo he guardado en algún CD de los muchos que tengo.

Pero he aquí que me encontré con una carpeta que contenía varios correos y mensajes de una antigua amiga  a la que llegué a querer muchísimo. Correos de 2007 y 2008.
Habíamos pasado juntos tres años en distintos foros literarios, compartíamos  relatos, sugerencias  y criticas, y chateábamos por el Messenger. Ella me comunicaba cosas intimas  de su vida que no conocía nadie más. Su sueño era ser escritora y lo ha conseguido: es la única persona de las que conozco en las redes que vive de la escritura. Tiene una decena de novelas en Amazon y una de ellas ha sido publicada por Roca, importante editorial perteneciente al grupo Planeta, y traducida a varios idiomas.

Leyendo los correos pasaba ante mis ojos la historia de nuestra amistad desde el inicio hasta el brusco final. Un final causado por mí, por mi desconfianza, por mi falta de madurez, por mi carácter posesivo que me impedía compartir su amistad con otro amigo. Mi mente desarrollaba maquinaciones y películas de su sintonía con él. Al final me abandonó. Su amigo, fui yo quien se lo presenté, se sintió obligado a salir del armario para tranquilizarme: "Soy homosexual, Juan, y mi relación con nuestra amiga es sólo literaria, como corrector profesional", me dijo.
 Yo no me lo creía e inventaba historias sobre ellos. Pero era verdad,  es homosexual, y  sigue siendo mi amigo.

Pero leyendo su carta de despedida se me han saltado las lágrimas por el daño que le causaron mis acciones y palabras. Se me partía el corazón leyendo su dolor. Por mi culpa y la del común amigo se encerró en ella misma y abandonó los foros literarios para dedicarse a escribir, sólo a escribir para alcanzar la meta que se había puesto: ser escritora. Lo ha conseguido y ahora, en la cresta de la ola, (ha llegado a ser durante varias semanas la autora  de novelas de misterio más vendida de Amazon y ha sido invitada a entrevistas televisivas en algunos países de habla hispana) enseña y aconseja a muchos de sus fans, conocidos míos la mayor parte por ser antiguos compañeros de foros.

Lo que  me hace sentir triste es darme cuenta de  que en todos estos años no he cambiado, he sido igual de posesivo, de celoso, desconfiado y guionista de películas mentales. Sigo perdiendo amistades por ello.
¿No tengo arreglo? ¿Es genético? ¿No puede cambiar una persona por mucho que lo intente?

Creo que es en la infancia donde creamos nuestra personalidad según las vivencias nuestras y las del entorno.

 Por ejemplo:  No es lo mismo crecer en un hogar donde conviven el amor y la abundancia que en otro donde rugen las tripas por el hambre y los padres discuten cada día sobre cómo alimentarse al día siguiente.
No es lo mismo estar bien sano y bien constituido que arrastrar una deficiencia física y sufrir la mofa de los demás. Vivir seguro de sí mismo o acosado por complejos. No es lo mismo crecer en el hogar que en un orfanato. No es lo mismo  salir con las chicas del instituto que ser objeto de abusos sexuales en el instituto. El comportamiento de uno es diferente al del otro, las oportunidades del uno son mejores que las del otro, puesto que si las tiene se esfuman enseguida al descubrirse sus deficiencias.

Yo creo, sin tratar de eludir la responsabilidad de mi mal comportamiento, que cuando un chico  maltratado por la vida  encuentra comprensión y cariño en una persona se aferra a ella y no desea perderla. Se humillará y se arrastrará si es necesario, tragándose su orgullo, para intentar retenerla, ignorando que la insistencia y el mendigar amistad o cariño lo que hace es aumentar la distancia que los separa.

Y sufrirá enormemente cuando sabe que su causa está perdida, que una nueva relación durará muy poco una vez desvelados sus secretos.

Desde aquí pido perdón a toda persona que haya sido objeto de mi falta de respeto y consideración, de mis abusos de confianza y molestias, y de mis películas mentales.

6 comentarios:

  1. Muy buen relato Juan. Hay que tener mucho cuidado con la
    obsesión compulsiva. Ese sentimiento mata la amistad y también el amor.

    Besitos Juan!

    Flor

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  2. Lo sé, Isabel, Lo he comprobado en mis carnes. Lo malo es que no hay segundas oportunidades, lo cual me hace pensar que de nada sirvieron los esfuerzos por cambiar de actitud.
    Un beso, Isabel, muchas gracias por tu visita y comentario

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  3. Juan reconocerlo es el principio de la cura dicen los que saben
    no olvidarlo es parte del tratamiento.

    animo Juan que quizá gracias a su salida de los foros ella escribió las novelas que ahora tiene publicadas ,
    las amistades siguen casi siempre aunque no nos demos cuenta.

    Un gusto leerte Mario

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  4. Estoy seguro de ello, Mario. Si se hubiese quedado no hubiera avanzado en la escritura.
    No creo, amigo: cuando una amistad se pierde, cuanto más tiempo pase sin volver más se olvida. Además, los que están arriba no quieren que se les relacionen con los que se quedaron atrás, ni quiere que se sepa que éstos le ayudaron a despegar.Ni siquiera quieren que uno dé muestras de que las conoce. Sólo buscan relacionarse con gente importante que las ayude a subir. Un abrazo,amigo

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  5. Estoy seguro de ello, Mario. Si se hubiese quedado no hubiera avanzado en la escritura.
    No creo, amigo: cuando una amistad se pierde, cuanto más tiempo pase sin volver más se olvida. Además, los que están arriba no quieren que se les relacionen con los que se quedaron atrás, ni quiere que se sepa que éstos le ayudaron a despegar.Ni siquiera quieren que uno dé muestras de que las conoce. Sólo buscan relacionarse con gente importante que las ayude a subir. Un abrazo,amigo

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