domingo, septiembre 11, 2016

LAS REBAJAS





 LAS REBAJAS
El otro día entré en Zara para comprarme ropa pero fue imposible: todas las tallas eran pequeñas, para gente delgada.
Los zapatos rebajados de precio tampoco son para mí: solo quedan de las talla 44 para arriba. Yo calzo el 41.
Mis hijos calzan el 44. ¡Hay que ver cómo crecen hoy los niños! El que menos, alcanza 1´70. Los míos miden 1´90.
La mayoría de las personas de mi generación nos quedamos en torno a 1´60.

Y es que nos tocó padecer los años del hambre, las cartillas de racionamiento, el bloqueo mundial al dictador y la escasez de trabajo. La leche no la probaban muchos niños, ni el queso ni la carne ni los dulces. Sólo teníamos pan, aceite, garbanzos y tocino. Y eso era porque, en vez de con dinero, muchos agricultores pagaban en especie a sus jornaleros.
 Cuando Franco firmó el acuerdo de las Bases con los americanos, se hizo popular la leche en polvo y el queso de bola. Entonces pudimos probarla en las escuelas.

Era lógico que no creciéramos: nos faltaban vitaminas y proteínas. ¡Solo nos crecían los pelos y  las uñas!  
Las uñas de los pies se alargaban e inclinaban las puntas como picos de águilas. Entonces no había dinero para practicar alpinismo, no hacía falta: los tíos trepaban por las paredes rocosas y acantilados clavando las uñas. Trepaban por el acantilado de La Mesa (Algar) cargados de miel y meloja sin cuerdas ni nada.  Y ni telefónica ni Hidroeléctrica gastaban dinero en equipos para subir a los postes a colocar los cables. Elegían entre los demandantes de empleo a los que tuviesen uñas como garfios. Luego, al bajar éstos, dejaban los postes con más agujeros que un queso de gruyere. Y el viento los partía. Por eso hubo que cambiarlos en los años sesenta y poner torretas de acero.
Era normal ver las uñas saliendo de la punta de las alpargatas como antenas parabólicas. Iban tanteando el camino para no tropezar, como el bastón de un ciego

Ahora da gusto ver cómo son los jóvenes: piernas largas, vientres planos, rostros alegres, delicados, luminosos; culos ( ay , perdón, en que estaba pensando) cuerpos  moldeados como los de Miguel Ángel, el cabello bien cortado y pintado de diversos colores y las uñas bien recortadas y tratadas por la manicura. Y esa felicidad reflejada en el semblante del que tiene de todo y no se preocupa de lo que pasa en España y se va a la playa el día de las elecciones.

Qué pena que en un futuro cercano tengan que pasar por lo que nosotros pasamos.


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