martes, octubre 18, 2016

SUEÑOS

 Cuadro de Antonio Quero Matas

No sé si el color  caoba de su pelo era natural o tintado, no me fijé en sus raíces. Yo solo tenía ojos para su rostro ovalado, de boca grande, labios carnosos, sugerentes, y ojos grandes, oscuros, misteriosos.

Había llovido y el invierno atenazaba nuestros cuerpos y atacaba a los árboles despojándolos de sus escasa hojas, que el viento arrastraba por los senderos del parque pintado de verde y de charcos.

Fui a saludarla y besé su mejilla, cálida y delicada como la de un bebé. La miré a los ojos y vi mi reflejo. Fue entonces cuando supe que no se produciría el milagro, que el sueño que me había llevado hasta allí,  se esfumó al despertar.

Tres meses después la vi por la calle. Iba acompañaba por un chaval muy majo. Parecían enamorados, se besaban continuamente  y reían por nada.

Sonreí, apartando mi nostalgia. Al menos ella era feliz

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