lunes, marzo 06, 2017

CARTA DE AMOR DE UNAS BRAGAS A LOS CALZONCILLOS.









Hoy tocaba clase. Me he ido un poco antes para ver si mi yate "Me verás pero de lejos" aún seguía amarrado al pantalán y las recientes lluvias no le habían ocasionado daños.
También he ido a tomar café al bar Piriñaca y a la vuelta me he detenido unos segundos ante el monumento al gran escritor y poeta portuense Pedro Muñoz Seca y así, recompuestas mis fuerzas y mi ánimo me he enfrentado al exigente público de mi escuela y les he leído el relato que me había tocado en sorteo: "Carta de amor de unas bragas a unos calzoncillos":


CARTA DE AMOR DE UNAS BRAGAS A LOS CALZONCILLOS.

Queridos calzoncillos: aunque nos vemos a menudo yaciendo juntos en la misma cama o colgados en el tendedero y podemos hablar cara a cara, prefiero confesarte por escrito los sentimientos que tú me provocas.

Porque cada vez que tu apasionado amo regresa de un viaje a Francia en su camión me arranca bruscamente del cuerpo de su mujer y me arroja al suelo junto a ti. Entonces, yo tiemblo de pasión y deseo, me siento flotar en una nube, y llego a perder el sentido. 
Y es que el olor que desprendes a orines y amoniaco atonta a cualquiera, joío,

Pero también es verdad que cuando estás sobre mí en el suelo o en la cesta de la ropa sucia tu aroma varonil me embriaga, me excita y hace que me sienta humana, que es el mayor honor que puede alcanzar una prenda íntima. Entonces aspiro y cierro los ojos para sentir, solo sentir... Sin detenerme a mirar esa desagradable mancha oscura, prueba irrefutable de que tu dueño ignora lo que es el papel higiénico.

Lo que más me gusta es estar sobre ti, sentirte debajo preso, y ser yo quien tome la iniciativa y controle la situación... Entonces te pegas a mí, me acaricias y te llenas de vida, tu aroma es mi aroma, tú eres yo, y yo soy tú, los dos somos un mismo ser y ambos perdemos la noción del tiempo y de las cosas hasta que acabamos revolcándonos en un mar de espuma algodonosa, enlazados en todas las posturas posibles en los vericuetos de la lavadora.

¡Ea, ya lo sabes, calzoncillo mío! ¿ O prefieres que te llame mi pequeño slip? Te amo con todos mis encajes, y ansío volver a estar contigo, contemplarte, admirar tu figura elástica, tus dunas y valles alojando y destacando los varoniles atributos del camionero, antes de que éste se desprenda de ti y de mí, y nos envíe de nuevo juntos a nuestro nido de mimbre para amarnos y entregarnos el uno al otro hasta que el tendedero nos separe.

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