domingo, noviembre 28, 2010

ROBUR EL CONQUISTADOR

Durante este lluvioso fin de semana que acaba, me he dedicado a releer una novela de uno de los autores que me cautivaron durante mi adolescencia: Julio Verne.

Este libro se lo regalé a mi hijo cuando él tenía doce años y estudiaba en el colegio de EGB con la idea de inculcarle mi afición a la lectura; pero qué va, sólo leía los que el maestro le obligaba a leer y comentar para puntuar en los exámenes.

El libro, dirigido a un público juvenil, es una gozada. En él, Julio Verne le da vida a uno de los inventos que revolucionarían muchos años más tarde al mundo y aportarían muchísimas ventajas a la humanidad.

Adelantándose a la ciencia de su tiempo el famoso autor crea el «Albatros», una nave que vuela a gran velocidad y puede subir y descender verticalmente. ¿Les recuerda a ustedes algo? A medida que iba leyendo me venía a la mente el helicóptero y los cazas “Harriers”.

Si tenemos en cuenta que la obra fue escrita durante los últimos años del siglo XlX, la novela es un derroche de imaginación y demuestra también que el autor poseía grandes dotes como vidente.

En una reunión de empresarios de Nueva York, en que debaten sobre la construcción de un globo capaz de viajar con personas a bordo, se presenta un desconocido que les dice a la cara que están perdiendo el tiempo, que los globos no son controlables, son lentos y se caen. Los llama ineptos y estúpidos, y los asistentes se ven obligados a echarle.

Horas después, el presidente de los empresarios, su criado y su secretario son misteriosamente secuestrados, maniatados y arrojados a una especie de calabozo.

Cuando éstos, al cabo de varias horas, notan en el suelo extrañas vibraciones deducen que se hallan en un aparato en movimiento. Efectivamente, se encuentran a bordo del «Albatros», un enorme buque que navega por… ¡el aire!

Las razones matemáticas que según el autor hace que ello sea posible han debido ser tenidas en cuenta, sin duda alguna, por los científicos que años más tarde desarrollaron la aviación, de otro modo no se explica tanta coincidencia con el Albatros.

El capitán de la nave quiere demostrar al presidente de la unión de empresarios que su aparato es capaz de dar la vuelta al mundo, y conduce a su secuestrados (y a nosotros, los lectores) a través de diferentes países y ciudades, atravesando los mares, los montes más altos del planeta, los desiertos saharianos y los polos; sufren experiencias como el pasar por encima de volcanes en erupción, y por en medio de tornados, de tormentas y rayos.

Pero el presidente de la unión de empresarios y su secretario no están dispuestos a ser prisioneros indefinidamente, ni desean que su proyecto de globo sea descartado a favor de esta máquina voladora, y aunque reconocen que ésta es infinitamente superior, juran destruirla. Para lograrlo colocan una bomba en un baúl y lo esconden en un camarote.

¿Qué pasará?, ¿se saldrán estos con la suya o el capitán logrará impedirlo?

Ésa es la trama que con un lenguaje cultivado y ameno mantiene al lector inmerso en la lectura a lo largo de sus 168 páginas. Contiene unas veinte ilustraciones en blanco y negro a toda página.

Un buen regalo para nuestros hijos y nietos, ahora que se acerca la fecha de los regalos y tantas dudas tenemos a la hora de escogerlos.

Fijense en el precio y recuerden el sueldo que tenían en aquellos años y comparen si su poder adquisitivo ha aumentado o se ha visto reducido con el euro.

viernes, noviembre 26, 2010

TRANQUILOS, AMIG@S, NO ME PASA NADA


Publico esta entrada para tranquilizar a mis amig@s catalanes y de ultramar (hay que ver cómo corren las noticias con el facebok), de que estoy en perfecto estado de salud y que sigo siendo pobre.

Lo que me sucedió ayer cuando abrí el correo y me encontré con un sobre de Endesa Sevillana, la compañía de la luz, es la prueba de que urge vivir el presente, porque el futuro nadie lo sabe y el pasado está en la gloria. Les explico:

Cuando abrí el sobre y vi el recibo de…¡ 230 euros!, di un quejido y caí en redondo. Mi mujer, al verme en el suelo, dio un grito, se abalanzó al teléfono tal como le habían enseñado mi hija y mi nuera que debía hacer en tales casos, y hundió el dedo en la tecla roja del 212 tan fuertemente, que se partió la uña postiza, regalo de su último cumpleaños.

Tres minutos y cuarenta y dos segundos tardaron en llegar los enfermeros. Entraron en tromba, me cogieron entre dos, me pusieron en una silla de ruedas y me bajaron en el ascensor. Mi Carmen bajó corriendo dando gritos por las escaleras y el perro ladrando detrás de ella. Así alcanzaron la planta baja, salieron a la calle y ella se puso a dar gritos en la acera y mi perro continuaba ladrando detrás de ella. «¡Ay mi huanillo qué doló», decía, y toda la gente se arremolinaba en torno al grupo tratando de descubrír lo que había pasado.

foto de internet

Yo, todo agitado y sudoroso, agitaba el recibo sobre mi cara para tomar aire, y un vecino, creyendo que era un billete de lotería exclamó: ¡La tocao la lotería!, y todos aplaudieron y comenzaron a abrazarme y a felicitarme, sin hacer caso a los enfermeros que intentaban llevarme a la ambulancia.

Mi perro ladraba como un loco descosío, dando saltos alrededor mío para espantar a los que intentaban tocarme. En esto (no se cómo se habían enterado), llegaron los directores de los cuatros bancos que hay en mi barrio y los enfermeros, al ver tan importantes personajes, se pararon y olvidándose de la gravedad de mi estado, dejaron que estos hombres me saludaran y estrecharan mi mano.

—¿Cuánto te ha tocao, amigo?

— 230

La cifra restalló en el barrio: «¡ 230 kilos le han tocao al juanillo, el del 4º , el marío de la Carmen, la que escribe cosas de comidas en el bló!»

foto de internet .Llegada de un grupo de banqueros

Y entonces, el director de La Caixa me preguntó si tenía algún problema en casa, y yo le dije que tenía humedades en el techo y pensaba pintarla cuando pudiera, pero que ahora con esos 230… Y enseguida sacó el móvil y envió a una empresa de esas de trabajos urgentes que están activas las 24 horas del día, a pintar y decorar mi apartamento. «Cambiarle todos los muebles por otros de Art y Decó», gritó para que todo el mundo se enterase, el muy cabrón.

Mientras tanto, su secretario intentaba quitarse el perro de encima, pues éste se le había colgado a sus pantalones y le había hecho ya un siete más grande que el que tenía Raúl en la camiseta. El director del BBV aprovechó que el de La Caixa hablaba por el móvil y me entregó su tarjeta, diciendo: «Elija el coche que quiera, no repare en el precio

foto de internet

Y mi mujer, que estaba al lado y lo oyó le dijo: «¡Ay que doló, zeñó directó, mire usté zi larregla el azunto del carné, porque, ¿zabe usté?, el mé de julio veníamo de una boda y lo detuvieron lo guardias conduciendo el viejo Ford Fiesta con 1 grado de alcohol, y le han quitao el permizo de conducí.»

Total, que la ambulancia consiguió arrancar y salió hacia el hospital con todos los coches de los banqueros y de los vecinos detrás. ¡ 230 kilos!, escuchaba yo decir a la gente que había parada en la puerta y en los pasillos del hospital, mientras los enfermeros me conducían empujando la silla de ruedas al cuarto del electro.

— ¿Y qué van a hacer con tanto dinero?—, preguntaron a mi mujer,

—Pue no zé ni de dónde voy a zacar para llegá a fin de mé—, respondía ella, que creía, la pobrecita, que se refería a cómo iba a pagar el dinero del recibo. Y fue entonces que el director de Cajasol me dijo:

— No se preocupe, déme el documento y nosotros nos encargamos de ingresarlo sin cobrarle comisión. No se preocupen por nada, que para nosotros un cliente es un amigo.

Y yo le di el recibo

—¡¡¿Pero esto que es?!!— gritó el señor banquero echándose las manos a la cabeza.

—Mi recibo, don Luis, los 230 euros que me quieren cobrar por la luz los ladrones de Endesa.

Y al hombre se le aflojaron las piernas y se fue para abajo como el telón de un teatro cuando acaba la función. Yo me levanté de la silla y fui a echarle una mano, pero los enfermeros me empujaron sin miramientos, atendieron al banquero y lo sentaron en la silla que antes me recogía.

El pobre hombre lo tiene más difícil, pues un infarto de miocardio fue lo que sufrió y ahora, que está recuperado gracias a los exquisitos cuidados del hospital, me ha puesto una demanda por “actuar de mala fe”.

Cuando regresamos a casa nos encontramos con un carrito lleno de víveres que nos había regalado el dueño del supermercado, el mismo que nunca me vendía fiado cuando no tenía para finalizar el mes.

Y es que la vida es una ruleta, nadie sabe lo que va a suceder, lo mismo te toca la lotería que te da un patatús y ves al mundo al revés.

miércoles, noviembre 24, 2010

MÁS NEGRO QUE ROJO


Acabo de leer el libro de El Gastor que compré en Cádiz el día de su presentación en la Diputación Provincial a primeros de mes y no puedo dejar de compartir mis impresiones con ustedes.
Las historias que aparecen en el libro, bien documentadas con abundantes datos bibliográficos y notas a pie de página, demuestran que el comportamiento de los partidos y sindicatos de izquierda durante los años previos a la sublevación militar no fueron ejemplares y provocaron muchos altercados que inculcaron el odio que posteriormente se traduciría en el conflicto y sus atroces secuelas en ese bonito pueblo de la sierra de Cádiz: El apedreamiento de las imágenes y los fieles durante las procesiones en 1935, los piquetes durante la huelga de empleadas domésticas, el saqueo de la iglesia y posterior quema de imágenes en la plaza el 23 de abril de 1936, antes de la sublevación militar, y los intentos realizados desde los primeros años de la República para convertir la iglesia en un edificio público que albergase un mercado, cine y alojamiento para maestros, ahorrándose así una importante cantidad de alquileres y al mismo tiempo cobrando por el uso del cine, el mercado y otros eventos, hasta conseguir convertirla luego en almacén y granero, demuestra la objetividad de los autores, quienes pudieron haber evitado escribir sobre esos abusos vergonzosos de los republicanos, y sin embargo no lo han hecho.
En el libro he leído también sobre el hambre que sufría la población y las diferentes gestiones que hacían sus diferentes Alcaldes para paliar la gravísima situación de desempleo que se vivía en el pueblo al comienzo de la República, y de cómo ellos solicitaban del Gobierno fondos y obras para dar trabajo comunitario. Fruto de esas gestiones fue la construcción del carril que lleva a Setenil, el muro de contención en la parte baja del pueblo y los asentamientos de varios gastoreños en las colonias fundadas en El Tormo y Torrecera.
No es por hacerle publicidad ni nada; no la necesita: del libro se hizo una tirada limitada de 1700 ejemplares. Tampoco soy gastoreño, ni socialista, ni conocía a los autores hasta el día en que lo presentaron en Cádiz; pero creo que éste es un libro que no debería faltar en ninguna casa del pueblo, sean afiliados a partidos de izquierda o de derechas, ya que es historia pura de El Gastor.
En las primeras cien páginas, sólo he encontrado la muerte de un miliciano en un enfrentamiento a tiros con guardias llegados de Algodonales. En cambio, aparecen algunos vecinos de derechas asesinados a sangre fría, además de los saqueos de fincas y casas realizados por los izquierdistas. Casos como el de José Alcázar, a quien sacaron de su casa y asesinaron en medio del campo. O la matanza efectuada en la carretera de Algodonales donde un grupo de milicianos detuvo un camión de soldados, mataron a tiros a sus trece ocupantes y luego los quemaron. Esa acción se ilustra con la foto de una cruz que aún permanece clavada en el lugar de los hechos.
El libro es honesto, imparcial, y demuestra que se cometieron atrocidades en ambos bandos.
Lo que pasa es que en este país la gente coge el periódico y busca la página de deportes y la quiniela, olvidándose de las noticias importantes. Y de la misma manera los gastoreños, entre los cuales se hallan unos pocos supervivientes del conflicto y muchos descendientes de las víctimas, han comprado el libro y, sin leer las más de cien páginas de historia de las condiciones de vida y los hechos que sirvieron luego a los sublevados para justificar esa terrible represión fascista, se han apresurado a buscar las fotos y fichas de los desaparecidos, juzgando las atrocidades y lamentándose de la actitud de quienes prefieren olvidar el tema y dejar la Historia como está.
Quizás tengan algo de culpa los presentadores del libro, quienes, en el discurso de presentación, pasaron de puntillas sobre las circunstancias que se vivían en el pueblo e hicieron hincapié en la parte del libro que trata sobre las desapariciones y asesinatos de muchos gastoreños, lo que ha motivado que ahora, tras la presentación del libro en el pueblo el pasado día 20, el vecindario esté de nuevo exaltado y dividido.
El libro, de 265 páginas, consta de cinco grandes capítulos cuyos contenidos se pueden resumir en estos: El Gastor antes de la guerra, durante la guerra, después de la guerra; investigación del paradero de los desaparecidos y, por último, los Consejos de Guerra y condenas aplicadas a los prisioneros, acompañadas por una serie de pequeñas biografías de los condenados por los tribunales militares.
En el primer capítulo se narra cómo transcurría la vida durante la República, los problemas laborales, la actividad sindical de los jornaleros y anarquistas, los asentamientos en colonias y las luchas por el poder en los Ayuntamientos.
En el segundo, y a raíz de la sublevación, la izquierda radical se hace con el poder y ocupa el Ayuntamiento y la iglesia, obligando a exiliarse a los ricos y derechistas y saqueando sus casas y cortijos para apoderarse de sus bienes. Comienzan a saquear la iglesia y queman en la plaza las imágenes y los archivos municipales y judiciales. Organizan emboscadas y asesinan a soldados y guardias, y también van en busca de los opositores a sus casas y haciendas para matarlos fríamente en el campo.
En el tercero llegan las fuerzas sublevadas y comienza la venganza con una represión salvaje, dando carta blanca a los falangistas para cometer los más crueles asesinatos. Como dato más llamativo y atroz de lo que significó esta represión, el libro cuenta cómo éstos en El Gastor, un pueblo de menos de tres mil habitantes, sacan de sus casas y asesinan a 120 personas adultas, en su mayoría padres y madres de familias que dejan huérfanos, de las cuales sólo han sido encontradas ochenta. Unos asesinatos terribles e innecesarios realizados cuando el pueblo ya estaba tomado por las tropas franquistas.
En el siguiente apartado, los autores explican el arduo trabajo que supuso para ellos descubrir el paradero de los desaparecidos y los asesinados dado que en los archivos de los registros civiles no había inscripciones.
A destacar que el Gobierno franquista ordenó en varias ocasiones se inscribieran todas las bajas que habían producido a causa de la guerra y se las comunicaran al Ministerio de Justicia; pero eran las autoridades locales las que no facilitaban la información para ocultar la causa de las muertes y dejaron pasar el periodo de inscripciones. Es decir: fueron los dirigentes del Ayuntamiento del bando vencedor los que no permitieron que sus vecinos conocieran el paradero de sus familiares al no anotar ni el motivo de su arresto y posterior fusilamiento, ni el lugar donde fueron enterrados.
Le sigue un extenso relato en que se da cuenta de la parodia de los juicios celebrados tras la contienda con la idea de legalizar las ejecuciones programadas de antemano, aportando como testigos a los enemigos de los presos y no investigando las acusaciones.
Se calcula en 270 mil españoles los prisioneros que cumplieron condena durante varios años en cárceles y campos de trabajo, construyendo obras estatales o en empresas privadas amigas del Régimen, que se beneficiaron así de mano de obra barata para lucrarse.
En suma me parece un libro muy importante para El Gastor en particular y muy interesante en general, ya que nos muestra con datos fiables cómo los hombres, movidos por la envidia y por las ansias de poder, pueden llegar a comportarse como fieras.
Con este libro quedan escritas para la posteridad las páginas más negras de la historia de El Gastor, que no es más que un capítulo de la locura que arrolló a toda España y la mantuvo durante cuatro décadas en los vagones de cola del tren llamado Europa.
Resumo el libro con el poema que me inspiró su lectura:

PENA NEGRA
Un hombre subiendo la cuesta,
fija en mí su mirada siniestra
lleva al hombro su escopeta
Mi mujer me abraza y llora;
mi hija tira de mi chaqueta:
¡No te vayas padre, no nos dejes solas!
El grito infantil cruza el aire,
estalla contra puertas y ventanas.
Nadie responde tras los visillos
Ojos cobardes, bajan la mirada:
la vergüenza se pinta en sus caras.
Un trueno rompe el silencio
y un rayo alumbra la tarde.
Un barranco, una zanja, una tapia…
Dónde, cuándo, quién lo sabe…
Dos hombres bajaron la cuesta,
y sólo uno vuelve a remontarla.
Sucede en ambos bandos de España
que la avaricia o el poder de las ideas,
transforma los hombres en alimañas
Ambos bandos son criminales,
injustamente la vida arrebatan
Lo único que los diferencia,
lo único que los separa…
que los unos tienen lápidas
y de los otros no se sabe nada
Unos cubiertos de rosas
y otros de jaramagos,
En panteones de mármol,
y en cunetas y prados
¡Pena negra, pena negra!
Hasta en la muerte
Ser discriminado
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lunes, noviembre 22, 2010

LA SOPA DE PUCHERO DE CARMEN

Es bonito sentarse a las cinco de la tarde a escuchar música y tomar el sol hasta ver anochecer en mi balcón; pero al irse el sol llega el frío, y con la llegada del frío de la noche apetece cenar una sopa calentita y olvidarse de los entremeses veraniegos, y como el buen marido debe compartir las tareas de la casa con su esposa, me he decidido a colaborar: ella hace la cena y yo ceno con ella .

Y como le salen tan buenas las comidas y ni ella y yo somos egoístas, hemos decidido que mientras ella las hace yo las escriba para compartirlas con el mundo entero. ¡Ole, el salero de estos dos viejos!

Ustedes pensarán que algo machista yo parezco;

pero en mi disculpa tengo el haberme criado

en una época en que nos educaban para esto:

el marido, a buscar el alimento; la mujer en casa,

amando, criando a los hijos, y guisando para ellos.

Y ahora, la verdad, a mis años, para cambiar

hábitos contraídos durante tanto tiempo,

me encuentro ya demasiado viejo.

¡Pero juro que lo intento!

Tengo que decir que para la mayoría de ellas no suponía un trauma el abandonar sus empleos al casarse, sino más bien se interpretaba como una liberación, el cumplimiento del sueño que desde su más tierna edad le habían plasmado en sus cerebros: la llegada del príncipe que les daría amor, un hogar, hijos, protección y sustento.

También hay que decir que las circunstancias eran distintas, no hacía falta que trabajaran los dos para conseguir comer y pagar el apartamento. Pongamos un ejemplo para demostrarlo:

En el año 1971, trabajando en los astilleros de Unión Naval de Levante, en Valencia, ganaba 12 000pesetas = 72 euros al mes; y un piso de 100 metros cuadrados a dos kms del centro de Valencia me costaba 350 mil pesetas=2100 euros.

Es decir, un piso costaba el salario de 29 mensualidades, que se pagaban en veinte años a razón de 18 euros mensuales de hipoteca. Aún sobraban 54 euros para cubrir los gastos de la familia.

Actualmente, un trabajador que gane 2000 euros mensuales no encuentra un piso en las mismas condiciones por menos de 125,000 euros, o sea: 62 mensualidades. ¿Ven la diferencia? El doble. Eso explica que los jóvenes de hoy día tengan que trabajar los dos para poder tener una vivienda, sea en propiedad o en alquiler: un sueldo para pagar la casa y otro para comer.

Por eso es bueno conocer recetas de comidas económicas, sanas y con suficientes calorías para mantenerse en forma y llegar a fin de mes.

Como el menú que les presento a continuación:

1º plato: sopa de fideos.2º plato: pechuga de pollo rellena: 3º Fruta del tiempo.

La sopa de fideos se puede hacer usando esos sobrecitos de caldo preparados que venden de marca; pero no tiene el mismo sabor que el que hace Carmen, ¡ni mucho menos!

1º La sopa de puchero Carmen:

Ingredientes: 200 gramos de garbanzos remojados, 1 patatas, 1zanahoria, un trozo de nabo y de apio; un muslo o ala de pavo, un muslo y contra muslo de pollo, un trocito de tocino, un hueso salado de costilla y otro del espinazo y un hueso blanco.

Si no tienen los ingredientes, los pueden comprar preparados en bolsitas en cualquier carnecería o en los grandes supermercados, pidan un preparado de puchero.

La noche anterior se dejan los garbanzos en remojo

Los huesos se limpian bien, se pelan las patatas y las verduras y se enjuagan bien, y luego se echa todo en la olla Express. Se enciende el fuego y se deja calentar con la olla abierta. No hay que echarle sal, los huesos ya están salados.

Cuando empieza a hervir suelta una espuma que hay que quitar con una espumadera, y cuando se vea que ya no suelta tanta espuma se coloca la tapadera de la olla y se cierra a presión. A partir de que empiece a girar, se cuentan veinte minutos y luego se abre la olla.

Entonces se saca un poco de caldo y se echa en una cacerola pequeña, y se le echa fideos finos “Cabello de ángel” y cuando están blandos se echan en el plato.

Una vez servido en el plato se trocea el huevo duro y se le añade unas hojas de hierba buena.

El puchero que queda en la olla: los garbanzos, las verduras y la "pringá", se puede guardar para el almuerzo del día siguiente.

2ª Pechuga rellena de pollo o pavo:

Se corta en filetes la pechuga (se los pueden cortar en la misma carnecería que se los vende o hacerlo uno mismo)

En cada filete se pone medio tranchete de queso y media loncha de jamón de York, se enrollan y se pincha con un palillo de dientes para que no se deshaga el rollito.

En una sartén se sofríen las pechugas ya preparadas, y cuando está por todas partes sofrita, no mucho, sino para sellar, se sacan de la sartén y se sofríen dos o tres ajos cortaditos en laminas y una cebolla. A continuación se echan los rollitos de pechuguitas en ese mismo sofrito y se le agregan champiñones en láminas. Si los champiñones son de bote se echan tal como vienen; si son comprados enteros y naturales se deben lavar bien previamente a cortarlos en rodajas para eliminar la tierra.

Si son de bote, echar también el líquido que contiene, y si no, se le echa un vaso de agua. A todo esto se le pone por encima perejil, sal y pimienta y se remueve para que todo el conjunto coja el gustito. Se le va dando vuelta y removiendo y cuando quede muy poco caldo es que está listo para comer
3º Postre: cualquier fruta del tiempo es buena. El otoño nos ofrece mucha variedad donde elegir: Chirimoya, granada, uva, naranja o mondarina, kiwi y los siempre presentes plátanos.
¡Buen provecho!

domingo, noviembre 21, 2010

LA MADRE, por MÁXIMO GORKI

Durante el gobierno de los zares, en Rusia los hombres parecían mendigos desarrapados que trabajaban de sol a sol por un mísero salario, sin otra ilusión que gastarse el dinero en vodka para olvidar las vejaciones que sufrían. La mayoría se desahogaban al llegar a casa con sus esposas y los hijos, culpándoles de sus desgracias y azotándoles sin motivo alguno para demostrarse así mismo la hombría que huía de ellos ante los encargados y gendarmes de las fábricas.

Las mujeres no eran personas sino esclavas, y se las usaba como bestias de carga y como recipientes de semen.

«La Madre» es la máxima exposición del ansia emancipadora de la clase trabajadora, ambientada en una Rusia burguesa que acapara todas las riquezas y controla la vida de sus siervos. El nacimiento de la Internacional socialista, que promete que “el pueblo unido jamás será vencido”.

El autor describe crudamente la situación que se vive en la Rusia de los zares. He elegido como ejemplo este fragmento en el que aparece una siniestra figura humana en el claro del bosque y se dirige a una choza donde traman repartir octavillas revolucionarias. El hombre camina mal, se tambalea de un lado a otro, apenas puede respirar y se duele del pecho; tose mucho y escupe sangre. Se ofrece a repartir él las octavillas, y la Madre, que es quien las ha traído caminando varios días por los bosques arriesgando su propia vida, se niega aludiendo a su estado grave y enfermo: «¡Pero si no se tiene usted en pie!», exclama. El hombre insiste:

«Aún puedo hacerlo. Mírenme, tengo 28 años y me estoy muriendo. Hace diez años me cargaba hasta doce puds de peso (El pudd equivale a 16 kg.) y como si nada. Con esta salud, pensaba yo, llegaré hasta los setenta sin un traspié. He vivido diez y ya no puedo más. Los patronos me han robado cuarenta años de mi vida, ¡cuarenta años!»

Un grupo de jóvenes intelectuales comprende que el pueblo es mayoritario y las fuerzas opresoras escasas. Piensan que las riquezas que produce el pueblo deben ser para el pueblo, en vez de estar siendo acumuladas y despilfarradas por unos pocos mientras ellos, los productores, se mueren de hambre sin llegar a los cuarenta años.

Pavel, personaje central que representa en la vida real al héroe ruso Zalomov, un joven revolucionario que dirige un grupo clandestino, entiende que lo primero que necesitan los obreros es aprender a leer para conocer la historia e informarse de lo que los mantiene en la esclavitud. Su madre teme por su vida.

La descripción de la escena en que por primera vez en la Rusia zarista un grupo de trabajadores abandona la fábrica y se junta en manifestación, enarbolando la bandera roja y marchando hacia el pelotón de soldados armados con sables y a caballo, eriza la piel y justifica por sí sola la lectura del libro. La represión es terrible, pero algunos soldados se niegan a obedecer, lo que prueba que la semilla de la revolución ha calado hasta en el Ejército.

Natasha, una joven estudiante, hija de una familia burguesa, y desahuciada por unirse a la causa, será una de las principales activistas.

La parte romántica la pone Sershenska, la temeraria activista, maestra de profesión que, enamorada de Pavel, lo sigue silenciando el amor que invade su alma para no comprometerle, sabiendo que él no tiene otra meta en la vida que la Revolución.

Nacen las imprentas clandestinas y los repartos de octavillas y libros se multiplican, aun a riesgo de acabar todos condenados a muerte, a campos de trabajos forzados o desterrados a Siberia.

Los registros por la policía secreta en las viviendas y la saca de sus inquilinos se suceden. Pavel es detenido y encarcelado y su madre, orgullosa de su hijo, decide continuar su lucha, aunque para ello deba aprender a leer y escribir, y dedica su vida a repartir por las aldeas y ciudades los periódicos que cambiarían la mentalidad de la gente. Espías y agentes secretos la seguirán. Será conocida en todas partes por "La Madre" (de Pavel)

El libro, escrito en 1906 durante su destierro en Estados Unidos, es una cronología novelada del movimiento obrero en sus inicios.

Lo he encontrado en la sección de Ofertas de Carrefour, al precio de 5`90 euros. Tiene tapa dura, buena presencia y contiene dos novelas: La Madre, y Los vagabundos. Un total de 503 páginas, de las que 345 pertenecen a La Madre.

Como lector, agradezco la exquisita prosa, que contiene numerosas frases memorables, y la detallada información histórica de aquella desgraciada época.

Como dato negativo, encuentro un exagerado y bondadoso maternalismo por parte de la protagonista, que por momentos cansa.

Gorki, seudónimo del escritor Alexei Maximovich, ha sido siempre denostado por unos y ensalzado por otros. A sus treinta años había publicado varias obras, que fueron traducidas a varios idiomas, su prestigio fue tan grande, que en 1901 ya se le comparaba con Tolstoi.

Perseguido por su gobierno, Gorki huye a Estados Unidos, donde logra impedir que se le concedan al Zar préstamos para la continuar guerra. Gorki era amigo de Lenin y, a la muerte de éste, fue utilizado por Stalin para expandir sus ideas; pero luego fue perseguido por éste al no aprobar el escritor ciertos comportamientos del Partido Comunista, como el limitar la libertad de expresión de los escritores.

Gorki, tras exiliarse en varios países y vivir plenamente, escribiendo numerosas obras reconocidas mundialmente, murió en Moscú en 1936 en extrañas circunstancias, dando pie a diferentes versiones sobre el suicidio o el asesinato.

viernes, noviembre 19, 2010

CUENTO INFANTIL

Érase una vez un señor muy rico que, como todo rico, sentiría estrecheces hasta en el Paraíso, y no contento con lo que tenía envió a sus siervos a explorar el mundo.
Navegaron éstos por los mares durante varios días y se detuvieron en un lugar desértico, situado muy lejos de la patria. Encontraron allí muchas riquezas y en nombre de su señor se apoderaron del territorio. El amo se reunió con los nativos y les ofreció la paz, les procuró trabajo en las tierras y les prometió protección contra los bandidos del desierto. También les construyó viviendas, escuelas e iglesias y les enseñó su idioma y creencias, mientras él se enriquecía con sus fábricas y con la pesca de sus mares.
Con el paso de los años, la gente comprendió que aquella tierra era la suya y que el amo, un extranjero, se la había arrebatado. El pueblo se revolucionó y organizaba escaramuzas y atentados, exigiendo sus tierras; pero el amo se mostraba enérgico y castigaba duramente a sus siervos. Así pasaron varios años y el señor se hizo viejo, cayó enfermo y murió, dejando sus tierras a sus descendientes.
El heredero tuvo miedo y abandonó el país que durante tantos años y con tanto esfuerzo habían construido sus antecesores. Se llevó a sus guardias y sus armas, dejando el territorio sin defensas. Enseguida llegó otro señor con su ejército a ocupar su lugar y se apropió de las tierras que aquél había abandonado.
Ambos señores eran amigos. Decían en broma que eran casi parientes porque tenían el mismo grupo de sangre. Se invitaban uno al otro a comer en sus palacios, iban a cazar juntos y tenían negocios juntos. El uno se llamaba Juan; el otro Hassan.
Juan tenía tiendas, plantaciones y cortijos en las tierras de Hassan y éste en las tierras de Juan. Ambos se respetaban y se ayudaban mutuamente a protegerse contra los seres hambrientos que intentaban invadir sus tierras.
Juan sabía que su amigo avasallaba a los nativos del país que él había abandonado, que encarcelaba a los alborotadores, los torturaba y los ejecutaba, y que bombardeaba sus aldeas para escarmentarlos, incendiaba sus casas y tiendas de campaña. Ignoraba a cuántos hombres, mujeres y niños había matado, porque su amigo no dejaba entrar ni a periodistas ni a nadie en su territorio; pero Juan no decía nada y miraba hacia otro lado porque Hassan le permitía mantener sus tiendas abiertas en su ciudad y estaba seguro de que a él nunca le haría daño. ¡Ande yo caliente…y ríase la gente!
Los amigos son un tesoro y hay que cuidarlos
Foto de El País. Dos niños saharauis heridos son atendidos en un centro hospitalario de El Aaiún

AULLIDOS
Se escuchan aullidos en el desierto y no es el viento.
Son los gritos de la gente que está sufriendo
El viento arrastra cenizas y despojos,
Y deja atrás un cementerio.
No claves en mí tus tristes ojos, niño,
Que ayudarte yo no puedo,
aunque te tengo cariño
Un hedor insoportable
emana del Parlamento
Temen que el moro se enfade
y se quede con el dinero
Maldito Gobierno,
algún día el rey moro
invadirá Ceuta y Melilla
y el mundo te dejará solo

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domingo, noviembre 14, 2010

LAS RUINAS DE BOLONIA


Me gusta el otoño, no hace ni frío ni calor, los campos lucen verdes y no socarrados como en el verano; y cuando amanece un día soleado como el de ayer, sábado 13, se agradece salir a tomar el aire y disfrutar de la naturaleza. Y de nuestra Historia.

Ayer sentí una extraña sensación, mezcla de respeto y admiración, paseando por la calle principal de una ciudad romana fundada casi doscientos años antes de Cristo: las ruinas de Bolonia (Baelo Claudia).

Construido junto al mar, en la falda de una colina poblada en las alturas por un bosque de pinos y a unos trescientos metros de una maravillosa playa de arena fina y blanca, el gran teatro romano se alzaba dominando la ciudad y el Estrecho de Gibraltar.

En la otra orilla, a escasos cincuenta km, se perfila la cordillera del Rif difuminada en la niebla, atenta a las enormes naves que cruzan el paso en ambos sentidos en su incesante tráfico de mercancías.

Tras la destrucción por un terremoto en el siglo III y posterior decadencia industrial, la ciudad fue perdiendo terreno en su lucha contra la erosión del tiempo y de los vientos, que la fueron enterrando poco a poco con dunas de arena, matojos y arbustos. No fue hasta la segunda década del siglo XX que un investigador francés, Pierre Martín, y su amigo Jorge Bonsor, inician las excavaciones y sacan a la luz la ciudad de Baelo. Los descubrimientos fueron tan importantes que en 1925 fue declarado Monumento Histórico Nacional.

Una vez sacados sus tesoros arqueológicos, el lugar se deja abandonado y la ciudad es devorada de nuevo por las tempestades de arena y viento propias del Estrecho. Entre 1969 y 1974, con motivo de un Congreso Arqueológico Nacional, la ciudad se limpia y sale a la luz otra vez; pero después es avasallada por los vientos y cubierta otra vez por la maleza y la arena. No ha sido hasta 2005 que la Junta de Andalucía se ha tomado el asunto con interés y desde entonces el lugar cuenta con un mantenimiento constante, se ha construido un museo y sus trabajos son expuestos al numeroso público que acude a diario a disfrutar del paisaje y de la playa, adquiriendo al mismo tiempo conocimientos sobre nuestra Historia.

Baelo contiene un templo a la diosa Isis, un teatro (donde ahora se celebran actos culturales en ciertas ocasiones), y numerosas viviendas y factorías de salazones. Queda en pie un fragmento de acueducto. En la parte más cercana a la playa se halla la zona funeraria, donde se han encontrado, entre otras cosas, urnas para depositar los restos crematorios.

El Estrecho es una zona de paso de atunes, y dicen los historiadores que los romanos se instalaron en Baelo con el fin de montar una industria de salazones y unas cremas que sacaban del pescado, cuyos almacenes aparecen hoy destapados, para abastecer a Roma (Yo, en mi ignorancia, creía más bien que los tripulantes romanos de las embarcaciones vieron con el catalejo a unas guapas íberas jugando desnudas y bañándose en la playa y ellos, que llevaban meses sin comerse una rosca, desembarcaron y se lo pasaron tan bien que se quedaron para siempre. Ahora entiendo el origen de la expresión «La puta mare», tan popular en esta zona: ellos llamaban al mar Mediterráneo «Mare Nostrum»).

La táctica que empleaban para pescar los atunes era la almadraba, que usan aún a pocos kilómetros de allí, en Barbate. Consiste en cercar a las manadas de atunes con redes y luego ir estrechando el cerco hasta que se amontonan unos sobre otros; entonces les clavan un gancho y los sacan a la cubierta del barco, y allí los matan.

Entre las curiosidades que he visto en el museo figuran unas urnas para restos incinerados, de granito,

unos tubos de plomo soldados para canalización de agua,

un pico idéntico a los que se usan hoy para hacer zanjas


un reloj de sol y las diferentes monedas que la propia ciudad acuñaba.

La entrada es gratis. El museo tiene una tienda de recuerdos y libros. Yo compré uno de Jorge Bonsor, que da cuenta de todos sus trabajos arqueológicos en Andalucía

viernes, noviembre 12, 2010

VOLVER A EMPEZAR

pintura de Julien Dupré

Aún no había amanecido cuando cantaba el gallo en el corral. Bajo el porche emparrado escuché al perro arrastrar la cadena, intuyendo la aparición de mi padre, que en esos momentos tomaba malta migada en un cazo de lata revestido de porcelana. Al este, la oscuridad recogía sus bártulos y retrocedía poco a poco, perfilando las aristas de la sierra de Ubrique, que sobresalía por encima de las nubes agazapadas en sus laderas.
Mi madre se había levantado la primera y, después de encender la anafe y hacer la malta, introducía en un capazo un trozo de pan y el tocino que se llevaba mi padre para comer al medio día. En la habitación de al lado, separada por una cortina, dormían dos de mis hermanas; la tercera, de 12 años de edad, trabajaba de niñera en el molino y allí dormía. Mis dos hermanos, de 13 y 15 años respectivamente, eran pastores y vivían en el campo con el ganado.
pintura de Julien Dupré
Al terminar el desayuno, mi padre se echó el capazo al hombro, se puso la gorra y salió al campo, desapareciendo por la vereda del cortijo, de donde no regresaría hasta la noche. Mi madre lo despedía en la puerta conmigo en sus brazos. Era una escena tan repetida, que aún se mantiene incrustada en mi retina. El terror a caer en desgracia ante los señoritos, que vigilaban montados a caballo por las tierras de la hacienda; y el temor a quedarse sin trabajo y sin la casa que le habían prestado mientras fuera siervo del cortijo, fue la causa de que mi padre cayera enfermo del estómago y los nervios. La tristeza campaba a sus anchas en la casa, yo no recuerdo a ver visto reír a mi padre nunca en mis años jóvenes.
No fue hasta que emigramos en 1959 a Valencia, donde todos encontramos trabajo, que su rostro se dulcificó y abandonó la crispación con que había permanecido acosado por el hambre y la responsabilidad de proveer alimentos. De no tener ni seguro ni sueldo determinado, sino el que le quisieran dar los señores, comenzó a tener un horario y un salario establecido por ley; dos pagas extras anuales, derecho a asistencia médica, algunos días de vacaciones, derechos a tener créditos, y a poder disponer por primera vez, a sus 55 años, de una cartilla en el banco.
Luego llegaron los llamados años del Milagro Español, época de compras de viviendas protegidas, electrodomésticos y el SEAT seiscientos; otra época de reducciones de jornadas, de 48 a 40 horas semanales, que luego fueron reduciéndose poco a poco en busca de las 35 horas. Los obreros comenzaron a invertir los ahorros en la segunda vivienda, para disfrutar de los descansos domingueros, alejándose del mundanal ruido de las ciudades, y para dejarles a sus descendientes un valor seguro. La Universidad se puso al alcance de todos y no solo de los ricos. De mis cuatro hijos, dos tienen títulos universitarios: Licenciada en Químicas e Ingeniero Técnico Industrial.
Mi familia y mi seiscientos, Benissa, 1979
Tal como reconoce el Poeta del Pueblo, todo fue posible gracias al esfuerzo, al sudor y la sangre de nuestros viejos.
ACEITUNEROS
Andaluces de Jaén,
aceituneros altivos,
decidme en el alma: ¿quién,
quién levantó los olivos?
No los levantó la nada,
ni el dinero, ni el señor,
sino la tierra callada,
el trabajo y el sudor.
Unidos al agua pura
y a los planetas unidos,
los tres dieron la hermosura
de los troncos retorcidos.
Levántate, olivo cano,
dijeron al pie del viento.
Y el olivo alzó una mano
poderosa de cimiento.
Andaluces de Jaén,
aceituneros altivos,
decidme en el alma: ¿quién
amamantó los olivos?
Vuestra sangre, vuestra vida,
no la del explotador
que se enriqueció en la herida
generosa del sudor.
No la del terrateniente
que os sepultó en la pobreza,
que os pisoteó la frente,
que os redujo la cabeza.
Árboles que vuestro afán
consagró al centro del día
eran principio de un pan
que sólo el otro comía.
¡Cuántos siglos de aceituna,
los pies y las manos presos,
sol a sol y luna a luna,
pesan sobre vuestros huesos!
Andaluces de Jaén,
aceituneros altivos,
pregunta mi alma: ¿de quién,
de quién son estos olivos?
Jaén, levántate brava
sobre tus piedras lunares,
no vayas a ser esclava
con todos tus olivares.
Dentro de la claridad
del aceite y sus aromas,
indican tu libertad
la libertad de tus lomas.
Miguel Hernández, 1937
Hoy me pregunto, al ver la situación de pobreza que está viviendo tanta gente, de las reformas laborales y la avaricia de los empresarios y banqueros, si mis hijos y nietos llegarán a conocer las condiciones de vida que soportaron mis padres.